•  |
  •  |

Hoy abordaremos una Enfermedad de Transmisión Sexual (ETS), muy común en el mundo entero y que sigue siendo la causa más frecuente de cáncer cérvico uterino en los países en vías de desarrollo. Más de 40 subtipos son capaces de infectar el tracto genital de los más de 100 subtipos conocidos.

Al Virus del Papiloma Humano (VPH) se le conoce en el lenguaje popular como cresta de gallo, condiloma, papiloma, verrugas venéreas, etc.

Se les clasifica como de alto riesgo y de bajo riesgo, esto en base a su capacidad de inducir en el tiempo a un cáncer de cérvix. Los de bajo riesgo son el 6 y 11 y los de alto riesgo, 16, 18, 31, 33, 45, y 58.

Requiere del contacto sexual con piel genital, mucosas o líquidos corporales; o sea que eso de que me sequé con una toalla ajena, me senté en un inodoro sucio, me bañé en una piscina o ideas absurdas similares, son una excusa, mito o la mezcla de ambas para justificar la infección por VPH.

La infección ocurre por el roce y fricción de los genitales sanos con los infectados y en un 2.4% personas vírgenes pueden contaminarse por la mera fricción sin penetración. O sea, que el contacto digital puede ser peligroso.

La transmisión por tanto, puede ser oro-genital, manual-genital, anal y genito-genital. Más común por penetración vaginal.

La infección por este virus ocurre por lo general después del inicio de la vida sexual y no solo en pacientes con múltiples parejas, aunque por supuesto este es un factor de mayor riesgo.

Hasta un 90% de las lesiones por VPH sufren regresión (curación) espontánea, gracias a nuestro sistema inmune. Y es mayor en los subtipos de bajo grado. En el caso de infecciones subclínicas no hay hasta ahora un tratamiento eficaz.

Hay dos vacunas para prevenir los tipos de virus del papiloma humano (VPH) que causan la mayoría de los cánceres de cuello uterino. Estas son la vacuna bivalente (Cervarix) y la cuadrivalente (Gardasil). Esta última también protege contra los tipos de VPH que causan la mayoría de las verrugas genitales. Además, se ha demostrado que dicha vacuna protege contra algunos cánceres, como los de ano, vulva (área alrededor de la abertura de la vagina) y vagina. Ambas vacunas se aplican en 3 inyecciones durante un período de 6 meses.

Se recomienda administrar cualquiera de las dos vacunas contra el VPH a los niños y niñas de 11 y 12 años de edad. También para las niñas y mujeres entre 13 y 26 años que todavía no hayan recibido la vacuna o completado todas las dosis; la vacuna contra el VPH también se puede administrar a niñas y niños de 9 años de edad en adelante. Haciendo énfasis en que sean vírgenes o nunca hayan tenido contacto genital o sexual. La vacuna en personas que ya han iniciado la vida sexual no ha demostrado tenga valor preventivo, mucho menos curativo.

El diagnóstico es clínico en primera instancia, por la presencia de lesiones planas o verrugosas (coliflor) de nueva aparición y que pueden ser confundidas con los famosos lunares de piel, verrugas vulgares y otras lesiones benignas y no asociadas a transmisión sexual. Por ello, ante la aparición de lesiones nuevas y antecedentes de sexo sin protección y aun con protección, ya que solo cubre el cuerpo del pene y no zonas aledañas (escroto, pubis, periné, ano, labios mayores y menores, vagina, boca y orofaringe); hay que acudir de inmediato al médico. Ya sea dermatólogo, ginecólogo o urólogo.

Se le harán las pruebas necesarias para el adecuado diagnóstico y tratamiento, entre ellas la colposcopia con ácido acético y/o yodo en la mujer; la penoscopia con lente de aumento y ácido acético en el hombre. Así como la detección directa del ADN de la lesión por raspado de la misma y envío de la muestra al laboratorio. También ante la duda clínica se puede hacer biopsia y enviar a patología para su adecuado diagnóstico y subtipo clínico.

El tratamiento de estas lesiones es variado, puede ser por resección quirúrgica (destrucción mecánica); por el uso de cremas y líquidos de aplicación local y bajo estricta supervisión médica o por el uso de coagulación con nitrógeno líquido o térmica (electricidad).

La intención de este artículo es educar y llevar a nuestra comunidad información veraz y ética de cómo evitar enfermedades de transmisión sexual, de hacer conciencia en nuestros jóvenes sobre todo, de los efectos nocivos de las relaciones sexuales múltiples y sin protección; de hacerles saber que hay medidas preventivas (vacunas, condón, educación sexual adecuada, etc.) y de que contamos en el medio con profesionales de la salud y los medios necesarios (no todos) para el adecuado diagnóstico y tratamiento de dichas enfermedades.