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Hay innumerables estudios e información relacionada con los efectos que producen las drogas y el alcohol en las mujeres embarazadas y en sus bebés que aún no han nacido. Lo que aún no ha sido fehacientemente comprobado y publicado es el efecto que dichas substancias pueden tener sobre los hombres y su fertilidad. El hecho de consumir alcohol y de usar drogas recreacionales son factores propios de diferentes estilos de vida que afectan la fertilidad masculina.

Los hombres que consumen regularmente grandes cantidades de alcohol —una gran cantidad es considerada cuatro o más tragos en una noche o en una misma tarde— son más propensos a padecer problemas de fertilidad. Los alcohólicos y aquellos que beben licor excesivamente han incrementado los factores de desarrollar espermatozoides anormales y de presentar un bajo conteo espermático, además de ser un factor que eventualmente llegará a provocar disfunción eréctil.

Estos hombres experimentan dificultades para alcanzar y para mantener una erección. Por otra parte, dado que el alcohol causa daños en el hígado, los bebedores compulsivos son más propensos a presentar elevados niveles de estrógeno en sus organismos. Estos elevados niveles podrían llegar a causar efectos adversos en el desarrollo de espermatozoides o directamente suprimir la producción de esperma. Al igual que sucede con las toxinas, el alcohol podría aniquilar las células generadoras de esperma y ejercer efectos adversos sobre los niveles hormonales masculinos.

Frente a los supuestos efectos afrodisíacos de las drogas, los estudios científicos confirman que su uso o abuso produce un rápido e intenso deterioro de la actividad sexual. El consumo de alcohol u otras drogas tiene a largo plazo un efecto negativo en la actividad sexual, afectando el ciclo deseo-excitación-orgasmo.

Efectos

No es solo el alcohol consumido por los hombres el único factor que puede afectar su fertilidad; el uso de drogas recreacionales también cumple un importante papel. Los narcóticos pesados, tales como la heroína, la cocaína, el PCP y las anfetaminas, han sido asociados con una disminución del deseo sexual, con disfunciones eréctiles y con problemas eyaculatorios. La heroína, al igual que sucede con otras drogas, ha probado desbalancear la normal producción de hormonas, lo cual con el correr del tiempo provoca disminución en los niveles de hormona luteinizante, HL, y de testosterona. Estas dos hormonas son necesarias para que el esperma se desarrolle adecuadamente.

La fertilidad de los consumidores de cocaína en particular se ve significativamente afectada, y los efectos pueden llegar a causar defectos de nacimiento en los bebés. Un bajo conteo espermático, una disminución de la motilidad espermática y un incremento en la cantidad de espermatozoides anormales son algunos de los resultados más notorios y serios. Por otra parte, se ha demostrado que los esteroides anabólicos también afectan la producción de espermatozoides y traen como consecuencia un bajo conteo espermático.

La marihuana —la droga recreacional más utilizada— ha sido asociada con bajo conteo espermático y con disminución de líquido seminal. Los fumadores de marihuana poseen espermatozoides más débiles y anormales y sus niveles de testosterona, los cuales son necesarios para una adecuada producción de esperma, se ven significativamente afectados al consumirla.

 

Tabaco

Hay una clara relación entre el tabaquismo y la disfunción eréctil. Uno de los efectos locales del tabaco por disfunción endotelial es alterar la síntesis del óxido nítrico, principal sustancia para relajar el músculo liso cavernoso del pene y favorecer la erección. Además las modificaciones en las arterias y las consecuentes asociaciones complican el estado de salud general.

Otros productos tóxicos como el cadmio, disulfuro de carbono y cianuro hidrogenado disminuyen la entrega de oxígeno y el aumento del trabajo cardíaco, con ascenso del colesterol total, LDL y triglicéridos y descenso de la HDL. Por tanto, el tabaco empeora de forma directa la erección, así como de forma indirecta, por el deterioro general de la salud, la respuesta sexual general. En cuanto a la capacidad reproductiva, produce deterioro en el esperma.

 

Alcohol

Como depresor del sistema nervioso central, en su fase inicial adormece las capas superficiales del neocórtex. Por ello es frecuente en hombres jóvenes un fallo en la erección asociado al consumo que produce inseguridad, ansiedad ante nuevos contactos y posterior disfunción eréctil de origen psicológico. Además, según algunos estudios, cantidades no muy elevadas de alcohol, pero con un consumo estable, producen que la hormona masculina testosterona se elimine más rápidamente y se produzca en menor cantidad, por lo que disminuye el impulso sexual así como la producción de esperma y la eficacia reproductiva.

 

Opio, heroína y opiáceos

Son también depresores, por tanto producen desinhibición y sensación de bienestar. Tras este efecto inicial se producen en el hombre alteraciones del interés sexual, el retraso en la eyaculación (a veces vivida como dificultad para alcanzar el orgasmo/eyaculación o eyaculación retardada) y el fracaso en la erección (desconexión entre la excitación sexual y la respuesta erectiva). Las alteraciones hormonales también podrían actuar como un factor importante, dado que el consumo prolongado de opiáceos puede producir dichas alteraciones.

 

Marihuana

Es un depresor de efectos parecidos al alcohol, ayuda en la desinhibición, relaja y produce sensación de bienestar. Su consumo frecuente reduce los niveles de testosterona y puede causar disminución en la producción de espermatozoides, disminuye el deseo sexual y puede provocar disfunción eréctil. Con relación a la eficacia reproductiva, como inhibidor de la producción de hormonas masculinas, como el alcohol o los opiáceos, implica una reducción en la producción de esperma, a la vez que un mayor número de espermatozoides anómalos.

 

Cocaína

Es un alcaloide natural. Existen dos formatos de consumo: el clorhidrato de cocaína y el crack, una sustancia que tiene más fama de ser capaz de aumentar la excitación y la respuesta sexual, sin embargo, sus efectos presentan también consecuencias no deseadas.

 

Esteroides anabólicos

Son usados para mejorar el rendimiento deportivo, especialmente en el desarrollo de la musculatura. A nivel hormonal el abuso de esteroides altera la producción normal de hormonas causando cambios reversibles e irreversibles. Entre los cambios reversibles están la disminución en la producción de esperma y la reducción testicular (hipogonadismo); entre los cambios irreversibles están la calvicie y el desarrollo de pseudopechos (ginecomastia).

 

Anfetaminas y drogas de diseño

Las anfetaminas (elevadoras o de velocidad) son estimulantes que en un consumo moderado pueden producir exaltación y sensación de mayor deseo sexual; en dosis mayores o en un consumo frecuente, reducen la excitación y disminuyen la respuesta sexual. Su consumo suele acarrear la disminución del deseo sexual, y en los hombres, provoca trastornos eyaculatorios, se dificulta el orgasmo y se disminuye la capacidad de erección.

 

Nitrito de amilo

Denominado “poppers”, cuenta con fama de potente facilitador del placer sexual, especialmente en los hombres homosexuales. Es un vasodilatador, por ende sirve como relajante muscular, lo que propicia algunas prácticas sexuales. Además puede retardar la eyaculación e intensificar el orgasmo. El uso prolongado puede hacer perder la erección, son comunes los vahídos, los ataques de migrañas, las náuseas y la debilidad muscular.

 

El consumo de substancias asociado a la sexualidad

Además de afectar el desempeño y vivencia del encuentro sexual, tiene otras dimensiones no menos importantes. La desinhibición, la exaltación o incluso los efectos de distorsión y alucinación marcan inevitablemente el grado de consciencia, responsabilidad y presencia en la vivencia sexual, lo que implica varias consecuencias: a nivel sanitario, la conducta sexual responsable se ve amenazada (prevención de ITS, VIH y embarazos no deseados). La alteración de la consciencia propicia la transgresión de los límites propios y de otras personas. Además dificulta profundamente la vivencia consciente y responsable de los afectos, las emociones y la intimidad propios de la sexualidad. La idea de este artículo es crear conciencia a jóvenes y adultos en edad sexual reproductiva, a los padres de familia, a consejeros escolares y a la sociedad en general del grave peligro que implica el uso constante y el abuso de drogas legales (tabaco y alcohol) e ilegales en la vida sexual, en la fertilidad, en la capacidad reproductiva y en la calidad de vida en general.

Estamos o debemos estar en constante estado de alerta para detectar tempranamente los signos y síntomas del uso y abuso de estas drogas y el daño irreversible en las nuevas generaciones.