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La falta de apoyo, y el no tener ni un mendrugo para calmar el hambre de ella y de su hijo de dos años, llevó a una joven de 18 años a terminar con su embarazo y lanzar el hijo a una letrina.

Tras el acto penalizado por la ley, quedó sangrando abundantemente, y casi desmayada fue llevada al Hospital “Luis Felipe Moncada”, donde se encuentra en estado delicado.

Así, la vecindad donde habita en las inmediaciones del Estadio “Gabriel Aguirre Marín”, del barrio Bello Amanecer, de San Carlos, fue sorprendida la mañana del pasado viernes, cuando se aparcó una cisterna del cuerpo de bomberos, junto a agentes policiales y al médico forense, doctor Henry Miranda. De la letrina sustrajeron el feto (una niña) de cuatro meses de gestación, que estaba envuelto en una toalla, pero la muchacha había sido trasladada al centro asistencial.

Ruth Mayorga Izaguirre, con el rostro pálido por tanta sangre perdida, trató de esconder su delgada figura entre las blancas sábanas en su lecho de convalecencia. Posó su lánguida y entristecida mirada y trató de esquivar nuestras preguntas: ¿Por qué lo hiciste? ¿Sabés lo que te espera?, interrogamos.

“Yo lo quería tener, pero una amiga insistió tanto que me pusiera dos pastillas por mi situación en que me encontraba. La Policía me dijo que es un delito, me van a procesar y ahora… ¡qué voy a hacer!”, exclamó.

Luego guardó silencio y rompió en llanto. “No tenía ni qué comer, mi papá está en Managua al borde de la muerte y él es el que me ayudaba, yo trabajo lavando. Ni él ni mi mamá sabían del embarazo. Cuando tenía 16 años fue cuando tuve un hijo que ahora tiene dos años, por quien siempre he trabajado para mantenerlo”, afirma la desventurada muchacha, que apenas cursa el tercer año de secundaria.

Enfrenta el peor calvario
Ruth reconoce que estaba desesperada, y lo que para sus amigas era un acto entre ellas, del que nadie se daría cuenta, ahora se ha convertido en el peor calvario a enfrentar.

“Ma… no tengo qué comer”, fue una de las llamadas telefónicas que Ruth hizo a su madre, antes de tomar la decisión de abortar al hijo que tenía cuatro meses de gestación, fruto de la aventura con un irresponsable.

“Me conmovió, pero nunca pensé que estaba embarazada e hiciera esa locura, pues ella ha luchado y trabajando en lo que puede para el sustento de su hijo pequeño. ¡Mire!, discapacitado de un pie”, dice su progenitora María Izaguirre, quien refiere que ante el problema se vio obligada a abandonar en un hospital capitalino a su esposo Henry Salomón Mayorga, conocido como “Chuleta”, quien quedó en estado de coma por una negligente sobredosis de anestesia que le aplicaron cuando fue intervenido por vesícula el pasado 27 de marzo en el Hospital de San Carlos.

Buscan a quien aplicó sonda
El comisionado Jardiel Arteaga, segundo jefe de la delegación policial de Río San Juan, informó que la joven será remitida al Ministerio Público para ser acusada por el delito de aborto. De acuerdo con la declaración de la muchacha, la amiga que supuestamente le dio las dos pastillas abortivas fue detenida, y tratarán de identificar a quien utilizó sonda para extraer el feto del útero.

El jefe policial explicó que además de las dos pastillas para dilatar el útero, y ante los fallidos intentos por expulsar el feto, según el forense, una persona entendida en la materia --ya fuese partera, enfermera o médico-- debió intervenir en el delito, dado que se observó en el feto lesiones que pudieron ser causadas por  el uso de sonda.