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La menor de dos años pregunta por su mamá Karen Joseling Flores Garay, de 18 años,  pero nadie le responde. Su hermana de tres años también interroga buscando una verdad que nadie se atreve a decir.

“Las dos niñas preguntan por su madre, pero la pequeñita es la que más la ha sentido, el día de la vela la pobrecita se tocaba el pecho, como si presintiera algo, y lloraba y lloraba preguntando por su “Yaya”,  y al vernos a todos llorar, volvía a  sollozar, aunque nosotros no dejamos que ninguna de ellas observara  a su mamá dentro del ataúd, para que  no tengan pesadillas”, dijo Lesbia Gaitán, de 33 años, tía política de Flores Garay.

Todo en la casa de los Flores es tristeza, y aumenta al recordar la saña con que José Daniel Orozco Gutiérrez, de 19 años, actuó contra su expareja, con quien convivió año y medio, tiempo durante el cual  la maltrataba frente a  las niñas.

Los más perjudicados son los niños
Las dos hijas de  Flores Garay quedaron prácticamente solas en este mundo, porque  fueron engendradas por diferentes padres y los dos “se olvidaron de ellas”, ni siquiera inscribieron a sus hijas en el Registro Civil de las Personas, por lo que las pequeñas no tienen una partida de nacimiento. Tampoco su progenitora tenía.

“Este 30 de mayo, Día de las Madres, Karen cumpliría 19 años, ya andaba haciendo las gestiones para obtener su cédula de identidad, porque hasta hace poco tiempo su papá la reconoció. Ella andaba feliz porque ahora sí iba a poder ir a inscribir al registro de las personas a sus niñas, aunque llevarían su apellido, porque de sus padres no volvimos a saber nada”, comenta Lesbia Gaitán.

Por el momento sobran los brazos para arrullar a las huérfanas, pero todos saben que no será así toda la vida,  porque en la casa donde habitan hay siete familias más. Cada una con sus hijos en edades contemporáneas a las de las pequeñas de Flores Garay.

Como bien dicen, el que no tiene a su madre con la tía se conforma, y las dos niñas se han refugiado  en el calor de su abuelita Modesta del Carmen Rivas, de 85 años, madre de crianza de Flores Garay.

“El día que esta viejita llegue a faltar, pues aquí  entre todos nos haremos cargos de ellas, por la comida no hay problema, porque si uno no tiene,  el otro sí. Con la ropita va  a ser igual,  porque gracias a Dios todos los niños son casi de la misma edad y talla. Hay una vecina que desde el día del asesinato  les manda el desayuno a la abuelita y las dos niñas, porque sabe cuál es la situación de todos nosotros”, revela cabizbaja la tía política.

El crimen

El sábado 21 de mayo, Flores Garay se levantó,  como todos los días, a las cuatro de la mañana para ir en busca del pan y de las reposterías que ofrecería en las afueras de la Zona Franca Las Mercedes a los obreros y a comerciantes del mercadito ubicado contiguo al centro industrial.

Después de vender el pan, Flores Garay  retomaba  el canasto en el cual  ofrecía pastillas para todos los males y diversas bisuterías. Al caer la tarde,  guardó su “caramanchel”  para irse a su casa en el barrio “Alexis Argüello”, que está a  pocos metros de su centro de trabajo.

Al caer la noche llegaron sus amigas para invitarla  a ir a bailar a un bar ubicado en la misma zona. Como era noche de fin de semana, decidió  divertirse, pero no sabía  que todos sus movimientos eran vigilados por Orozco Gutiérrez, a quien había “despachado” cuatro días atrás porque la  maltrataba.

A eso de las ocho de la noche una de las amigas le dijo a Flores Garay que ya quería irse para su casa en el barrio “Santa Elena”,  por lo que la víctima  la acompañó a bordo de una caponera, pero luego se  regresó a pie.

Al salir del barrio “Santa Elena”, Flores Garay fue emboscada por su excompañero de vida, quien empieza a reclamarle porque supuestamente  andaba tomando licor “sin su permiso”,  además se había ido a bailar.

Nadie se imaginó que el hombre  tenía entre su ropa un desarmador y cuando Flores Garay intentó dejarlo hablando solo, Orozco Gutiérrez le clavó el arma blanca por la espalda,  la  joven trató de defenderse, pero su excónyuge le dio otra estocada en la garganta y para rematarla le hizo una herida  en el pecho.

¿Quién va a velar por estas niñas?
Los vecinos del lugar trataron de auxiliarla, pero según los testigos, Orozco Gutiérrez estaba endemoniado.

“Ese hombre me dejó desgraciada, sin mi muchachita que me cuidaba y sin una madre para estas criaturitas, yo ya soy una anciana de 85 años, ¿quién velará por estas niñas?. Ese hombre andaba drogado y borracho, por lo que pido que no lo dejen libre”, decía entre lágrimas doña Modesta del Carmen Rivas, madre de crianza de la joven asesinada.

La anciana mantenía en brazos a la niña de dos años, quien también lloraba al ver las lágrimas de su abuela,  mientras otro de sus familiares decía: “Andá busca el agua florida y agarrá a la niña, andá paseala”.

Controlándose un poco,  doña Modesta dijo que ese hombre (el femenicida)  es tan desgraciado que todo el tiempo que vivió con su nieta nunca le ayudó a pagar el alquiler del cuarto en el que vivían, el cual costaba 400 córdobas.

“Yo le ayudaba a pagar con lo que recogía con las limosnas que me dan los trabajadores de la Zona (Franca). Ella era una muchacha trabajadora, si talvez le hubiese sido infiel,  aceptaría (lo que hizo), pero no,  mi hija no andaba con nadie, ese hombre tenía unos celos enfermizos”, apuntó  la  anciana mientras se tocaba el pecho como queriendo ahogar  el dolor que siente por la muerte de su nieta.

Los familiares de la joven asesinada manifestaron que  Orozco Gutiérrez siempre le dio mala vida a Flores Garay  y a las niñas, quienes fueron testigos oculares de las veces que el sujeto “barrió” la casa con su madre.

“En dos ocasiones ese  hombre agarró a patadas la casita de zinc donde alquilaban, porque Karen lo había corrido, diciéndole que ya no quería nada con él, y en más de una ocasión lo dejó,  pero él siempre la seguía, hasta que la mató”, manifestó otro de los familiares.

El agresor fue capturado y entregado a las autoridades que lo presentaron  ante la jueza Segundo Distrito Penal de Audiencia de Managua, María Concepción Ugarte, quien le decretó la prisión preventiva. La audiencia inicial  será  el 31 de mayo, cuando se decidirá si lo remiten o no a juicio por el parricidio que cometió.

Orozco Gutiérrez también está acusado por lesiones leves en perjuicio de Jaime Antonio Martínez y por las amenazas de muerte que profirió contra Víctor Manuel Ramírez, quien trató de defender a Flores Garay.

Los huérfanos que dejan los feminicidas
Según el monitoreo que realiza la Red de Mujeres contra la Violencia, en lo que va del año más de cuarenta mujeres han sido asesinadas por sus exparejas o bien han sido víctimas de sicarios o delincuentes, quienes además de violarlas, mutilarlas y hasta quemarlas, han dejado una estela de huérfanos.

Desde el 30 de abril hasta hoy han ocurrido 10 crímenes contra mujeres, en Managua, Estelí, Jinotega y Río San Juan. Como secuela de esos delitos, ocho niños quedaron en la orfandad.

María Concepción Estrada Rosales, quien fue asfixiada por su novio el 30 de abril en un cuartucho en un barrio de Managua, dejó tres hijos, de once, nueve y siete años; Yerling Denisse López Mora, quien fue estrangulada con una cadena por desconocidos en su casa en Estelí,  dejó  a una pequeña de 15 meses de nacida.

Karla Patricia Alfaro, estrangulada  en un motel capitalino, dejó una niña de 8 años huérfana, pero lo bueno es que ésta sí tiene un padre que desde hace tiempo se hizo cargo de ella y se la llevó a Europa.

María Andrea Navarro, asesinada a tiros por su celoso marido el fin de semana pasado en Río San Juan, dejó una bebé de año y medio en la orfandad, pero sus abuelos, don Francisco Navarro y Gladis Lira se hicieron cargo de la pequeña.

Los organismos que defienden los derechos de las mujeres y trabajan contra la violencia de género señalaron que no existen datos precisos sobre la cantidad de hijos que se quedan sin su madre por los femenicidios, pero se estima que por cada mujer ultimada, un promedio de dos pequeños quedan en la orfandad.

Ninguno de los organismos que velan por los derechos de las mujeres posee un programa de apoyo para los huérfanos que la ola femenicida ha dejado. Lo único que tienen es un plan de acompañamiento legal para los familiares de las víctimas. También brindan asistencia psicológica, pero sólo si se los solicitan.

Tampoco el gobierno tiene un plan específico para los hijos de las víctimas de la violencia de género.

Delito en cifras

Los homicidios contra mujeres o feminicidios se han incrementado en los últimos días en diferentes partes de los departamentos del país. Muchos de los criminales continúan prófugos.

Según el monitoreo que realiza la Red de Mujeres Contra la Violencia, hasta el momento 22  asesinos huyeron de la justicia.

Este año sólo dos  personas han sido condenadas por haber matado a mujeres,  mientras que otros once sujetos están a la espera de pena.