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Al igual que “Karla”, otras meretrices capitalinas han tomado medidas de seguridad, porque no quieren que les pase lo mismo que a Ivania Guadalupe Flores, “La Flaca”, quien pereció estrangulada en el cuarto número 11 del motel “Caminos de Emaús” a manos del salvadoreño Jairo Hernán Guevara Álvarez, de 20 años, quien al parecer era un “cliente eventual”.

Tampoco quieren que les pase igual que a Karla Patricia Alfaro Zelaya, quien fue encontrada muerta en la habitación número 13 del hospedaje capitalino “Los Amantes”. Ella también fue estrangulada. El hechor, Jorge Antonio Rivas Sandoval, era uno de los clientes de la mujer.

Para Fanny Tórrez Rodríguez, representante del Grupo de Mujeres Trabajadoras Sexuales “Las Golondrinas”, estos hechos demuestran que las trabajadoras sexuales no son las causantes de la violencia, sino víctimas.

“Se dice que la violencia la generan las trabajadoras sexuales, pero se olvidan de que estamos en un marco social donde predomina el machismo, que es realmente la causa de la violencia contra las mujeres”, recalcó Tórrez.
Según algunos estudiosos, un hombre “enfermo” ve el estrangulamiento como una forma de someter aún más a la mujer.

Las meretrices de Managua dijeron que a raíz de los últimos crímenes, si una de ellas se va con un cliente en un vehículo, sus compañeras anotan la placa y características del vehículo y toda la información que puedan del que compra sus caricias.

Miedo al estrangulamiento
“Los mejores clientes son los de carros particulares, con ellos es seguro. En los días que nos va bien ganamos de 400 córdobas en adelante, aunque en algunas ocasiones nos toca pagar el cuarto”, comentó “Carol”, una mujer de 30 años que tiene tres hijos, a quienes mantiene desde hace diez años con el sudor de su cuerpo.

Explicó que después de enterarse de la muerte por estrangulamiento de dos prostitutas en moteles, comenzó a tener miedo.

“Cuando salgo con un cliente nuevo, no le doy mucha confianza ni le acepto bebidas abiertas, sólo selladas, porque nos pueden agregar algún somnífero. Me limito a hacer mi trabajo, también me da miedo entrar al baño, porque me parece que ahí me va a ahorcar, como les ha sucedido a las muchachas que han asesinado, a mí me parece que las durmieron, porque si han estado buenas y sanas hubiesen pedido ayuda o hubieran hecho bulla”, comentó “Carol”.
Otras compañeras de trabajo de “Carol” revelaron que en más de una ocasión han sido golpeadas por sus clientes, lo que usualmente ocurre cuando estos quieren “una extra” aparte del “menú” por el cual han pagado.

Medidas
Pero no solo las damas de la noche han implementado medidas de seguridad, sino también los propietarios de los 86 moteles que existen en Managua, según datos oficiales del Instituto Nicaragüense de Turismo, Intur.
El Intur no regula o establece las medidas de seguridad que los dueños de moteles aplican, explicó el divulgador, José David Barrera.

“El Intur lo que hace es, previa inspección, extender una carta autorizando la apertura de este tipo de negocio (el motel). Ese documento es uno de los requisitos que solicita la Policía, pero son ellos los que velan por la seguridad en los mismos”, agregó Barrera.

Doña Maritza Mendieta, administradora propietaria del “Hospedaje Leo”, ubicado cerca del Hospital “Fernández Vélez Paiz”, explicó que ellos le piden la identificación al que renta una habitación.

“Las parejas se oponen a dar sus identificaciones, pero se les explica que son medidas que ha orientado la Policía por cualquier eventualidad. Cuando la pareja renta la habitación por un rato, es decir por dos o tres horas, omitimos el requisito, pero cuando es para pasar la noche entera, es obligatorio. También anotamos la placa del vehículo que viene, y revisamos las maletas para descartar cualquier vinculación con el narcotráfico o posesión de armas”, explica Mendieta.

Como parte de las medidas de seguridad, los vigilantes del “Hospedaje Leo” no permiten el ingreso de menores de edad, también es prohibida la entrada de personas en total estado de ebriedad.

Exigen identificación
“Ya he tenido casos de clientes que entran con vehículos y no dejan ver a la muchacha (que llevan), pero aquí estamos pendientes, y si la vemos demasiado joven, les pedimos sus identificaciones, si se rehúsan a darlas, no se les alquila el cuarto, porque preferimos perder unos “realitos” que acarrearnos problemas”, agregó la empresaria.

En los moteles tampoco se permite la entrada de personas que vayan dormidas. “Uno de los requisitos es que la persona pueda entrar por propio pie y voluntad”, recalcó Mendieta.

Y como en materia de seguridad, ninguna medida sobra, tampoco se permite la entrada “en pelota”, es decir grupos de tres o más personas, de tal forma que si la fantasía sexual de una persona es visitar un motel para hacer un trío o una orgía, olvídelo.

“Aquí no permitimos la entrada en grupos, ni tres, ni cuatro ni cinco personas, solamente dos, y no importa de que sexo sean”, apuntó doña Maritza Mendieta.
A pesar de todas estas medidas, los 18 años de funcionamiento del “Hospedaje Leo” no han estado exentos de escándalo.

Uno más uno
“Una vez tuve un caso de una supuesta violación, pero no se cometió en el local, sino en otro, pero la pareja había venido aquí primero, solo que no les dimos el cuarto porque miramos que la muchacha era niña”, recordó.

Como todo comerciante, los dueños y administradores de moteles dijeron que cuando su personal observa que las damas de compañía son prostitutas que utilizan somníferos para dormir a sus clientes y despojarlos de sus bienes, ellos los alertan.

La idea es evitar lo que le sucedió a Gerald Ernesto Téllez Olivares, de 31 años, quien falleció a consecuencia de una sobredosis de pastillas “Lorazepán”, la que presuntamente le administraron dos prostitutas que ingresaron con él al cuarto número 13 del auto-hotel “La Passione”, hecho ocurrido el 12 de noviembre de 2010.

Otra de las medidas de seguridad adoptada por los dueños de los moteles, es no dejar salir sola a la persona que llegó con otra para ocupar un cuarto, porque si uno sale y el otro no, algo malo pasó ahí.

“Hay veces que sale una de las dos personas y le dice a los de seguridad que la otra se quedó dormida o que se está bañando, en ese momento nosotros vamos y verificamos. Si la persona insiste en salir y hasta ofrece dinero “para no incomodar a la otra que quedó adentro”, también verificamos para evitar la sorpresa de encontrar a alguien muerto en la habitación, como ha ocurrido en los homicidios recientes”, explica Neptalia Mendieta, propietaria y administradora del hospedaje “Impacto”, ubicado en las cercanías del Gancho de Caminos en Managua.

Además, en “Impacto” no venden licor en recipientes plásticos o enlatados, porque hace varios años tuvieron un incidente en el que uno de estos objetos se convirtió en un arma.

“En una ocasión una joven trató de suicidarse con un pico de botella después de discutir con su pareja, el muchacho salió alarmado y avisamos a la Policía para lograr controlar la situación”, recordó Neptalia Mendieta.

Pese a las restricciones, el amor furtivo “vende”
La entrada a los moteles de parejas que llevan a un bebé en brazos también está vedada, porque una familia que busca alojamiento, nunca rentaría un cuarto por hora, por el contrario, buscaría alguna posada.

Con toda está lista de medidas de seguridad, uno supondría que los moteles u hospedajes de paso están en su peor momento económico, pero no es así, porque a diario cada establecimiento recibe “la visita furtiva” de unas 25 o 30 parejas en busca de privacidad y de “amor prohibido”.

Las trabajadoras sexuales y los propietarios de moteles coincidieron en decir que los mejores días para el negocio son los días de pago, los fines de semana, los días feriados y el clásico Día del Amor y la Amistad.

Visitas sorpresas
Las autoridades policiales y los inspectores del Intur realizan visitas sorpresas a los moteles, aunque no tienen el mismo objetivo.

El Intur hace visitas dos veces al año, y su objetivo es evaluar la calidad del local, para garantizar que los cuartos se mantengan aseados, y que el techo y las paredes estén en buen estado al igual que los baños.

Mientras que las autoridades policiales visitan los moteles dos veces a la semana o tres veces al mes, para que no permitan la entrada a menores de edad, también buscan detectar a los narcotraficantes que utilizan estos sitios como escondite.

“Con el último caso que tuvimos en el Distrito III de Policía --el homicidio en el hospedaje “Los Amantes”--, se ha reforzado el patrullaje en los lugares donde existen moteles, también se ha intensificado el trabajo con los jefes de sector para que realicen las visitas sorpresas más seguidas. A los propietarios de estos negocios les recalcamos que no dejen entrar a menores de edad y que tengan más control con la gente que entra y sale”, manifestó el comisionado mayor Emilio Rodríguez, jefe del Distrito III de Policía.

“Aunque no he tenido casos de homicidios en moteles dentro de nuestra jurisdicción, sí se han tomado medidas de seguridad dentro del Plan de Fortalecimiento y Seguridad Ciudadana, como son las visitas de control, verificar que no se violente la Ley de Armas y el Código de la Niñez y la Adolescencia, entre otras prioridades”, señaló el comisionado mayor Martín Solórzano, jefe del Distrito VII de Policía.