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El Arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo José Brenes, y el Obispo Auxiliar y Vicario General, monseñor Silvio Báez,  lamentaron y condenaron a través de una nota de prensa, los hechos que consideran “deplorables y sacrílegos” en contra del Santísimo Sacramento.

En el comunicado piden a las autoridades policiales poner todos sus bueno oficios de investigación, para capturar a quienes  perturban la seguridad ciudadana, en particular en este caso.

En este sentido, un vigilante de la Iglesia San Agustín, ubicada en Altamira D’Este, narró los minutos de angustia que vivió junto a tres feligreses, cuando cinco jóvenes vestidos como “Emos” asaltaron la Casa del Señor, el pasado 13 de junio.

“Primero entró una muchacha como de 19 años,  buscando al padre para que le diera la extremaunción a su tía que supuestamente estaba desahuciada. Le dije que el párroco estaba dormido y que no podía despertarlo, pero ante la insistencia de la mujer decidí ir a avisarle al padre, cuando de pronto me salieron (al paso) cuatro sujetos armados y con los rostros  tapados con pasamontañas, después no supe que se hizo la mujer”, relató el vigilante, que solicitó el anonimato por seguridad.

“Los hombres me arrinconaron dentro del Santuario, sacaron un mecate de una mochila que andaban, nos colocaron las manos hacia atrás y nos amarraron también de los pies. En la boca nos pusieron type para que no pidiéramos ayuda, mientras uno de ellos me gritaba: “¿Dónde está la llave del Santuario? Hablá, hablá” y yo de los nervios le dije: “No sé, no sé, creo que está dentro de la habitación del padre”. “¡Qué llave y qué nada, rompé esa m… y vámonos!” —dijo otro— cuando decidieron romper la cerradura y llevarse el Santísimo”, relató el testigo.

En la puerta de la iglesia se quedó uno de los asaltantes,  quien recibió una orden: “Si alguien intenta desatarse o levanta la cabeza, ¡matalo!”

No hay detenidos
Además de romper el Santísimo,  los delincuentes también rompieron las puertas de la casa cural y la de  tres cuartos para buscar la habitación del párroco de la iglesia,  Benito Pitito Labella.

“Los asaltantes entraron con lujo de violencia al cuarto del padre de la iglesia, y sustrajeron el anillo de oro de  18 kilates que se lo habían dado en el Vaticano, así como mil 500 córdobas en efectivo de la billetera y el celular del sacerdote, además se llevaron el  Santísimo --que era  bañado en oro y plata, valorado en unos 2,800 dólares--, pero el valor espiritual es incalculable”, dijo el comisionado Pablo Mendoza Rugama, jefe de Auxilio Judicial del Distrito Uno de Policía.

El comisionado Mendoza Rugama reveló que los sujetos andaban a bordo de una camioneta blanca doble cabina Toyota Hilux,  armados con dos fusiles AK y con una  Uzi.
A raíz de este hecho,  se  redobló la vigilancia en los templos, pero los que robaron en San Agustín, aún no han sido arrestados.

Temen ser despedidos
Los cinco vigilantes que laboran en la iglesia San Agustín temen pasar a engrosar  la lista de desempleados del país, porque no pudieron hacer nada a la hora del atraco, pero explicaron que fue porque ninguno portaba un arma.

“Ahora parece que van a contratar seguridad privada, porque nosotros no tenemos armas, aunque algunos sí tenemos la licencia de portación, pero creo que nos vamos a la calle”, dijo afligido uno de los vigilantes.

Para cuidar el  área del Santísimo hay dos celadores, y para el parqueo tres,  cada uno hace un turno de 24 horas. Se presume que el vigilante de 20 años que estaba de turno al momento del atraco en el estacionamiento,  se durmió.

El comité de feligreses que apoya a la iglesia de San Agustín está pensando colocar cámaras de seguridad en zonas específicas del templo.

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