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“Nunca sentí nada como lo que ella me hizo sentir. Fue una experiencia bonita, ella me dio lo que siempre busqué: tranquilidad, amor y armonía, es la mejor mujer, la más tierna y  me hace sentir bien”, asegura Luis Mejía González, de 23 años, quien está casado con  María Elena Suárez, de 49.

Ella, quien es madre de once hijos,  cuenta que fue  víctima de violencia intrafamiliar, por lo que pensó que no tendría una última oportunidad de ser feliz o de encontrar el verdadero amor en un hombre, pero la halló en un varón  mucho más joven que ella.

Mejía González y Suárez fueron por mucho tiempo amigos.  De hecho,  cuando comenzaron a salir él tenía novia. María Elena la conoció,  pero luego surgió el amor y ahora los dos le  agradecen a Dios lo que están viviendo.

“Éramos muy buenos amigos, él conocía mis sufrimiento, siempre me apoyó, salíamos a bailar con otros amigos, yo le presentaba a las mujeres y le decía que estaba chavalo, que disfrutara de la vida, pero de repente comencé a notar que había despertado curiosidad en él, me miraba diferente, me coqueteaba”, recuerda María Elena.

Después que comenzaron su relación amorosa, Mejía González le dijo a Suárez que ella ya no tendría  que seguir lavando  o planchando ajeno, porque  él trabajaría para que nada le faltara a ella ni a su hija de seis meses de nacida,  a quien reconoció como suya.

La dama  explica que en ese momento ella le aclaró a Mejía González que no lo iba a mantener,  porque los golpes que recibió en la vida la hicieron desconfiar.  “Yo tenía la idea de que él quería que yo lo mantuviera, pero no fue así”, recordó.

Fue pasando el tiempo y el amor comenzó a  hacerse más fuerte con cada detalle, con cada gesto y  con cada palabra.

Al inicio todos sus amigos pensaban que se trataba de una aventura consensuada, pero no, era amor y del verdadero.
 
Primeras citas
Las primeras veces que salieron como “pareja oficial” lo hicieron a escondidas, porque la mamá de Mejía González se oponía a la relación y cuando los encontraba juntos  “les armaba un show”.

“Al principio mi mamá se opuso, pero querer es poder y al ver que lo mío no era capricho, sino amor, yo adopté una posición firme y  me hice cargo de ella y de su hija que ahora es mía y desde entonces mi madre las aceptó, no fue fácil, pero no nos dimos por vencidos”, recuerda  Mejía González.

Ahora suegra y nuera hasta platican.  La dama le pidió disculpas a doña María Elena  y le agradeció el haber sacado a su hijo de sus vagancias.

“Lo que nunca tuve en mi juventud lo llegué a tener con él: buen trato y  estima, porque cuando tengo algún dolor,  está pendiente, no me quejó de él,  y le doy gracias a Dios por el esposo que me dio”, explicó muy animada María Elena.

Casarse para servir a Dios
Esta pareja recuerda que una vez que vencieron los obstáculos, Mejía le propuso matrimonio a María Elena, y se convirtieron en evangélicos.

“Tenemos siete años de estar juntos, pero dos de casados, cuando me lo propuso yo comencé a pensar,   no puedo, él es un chavalo, tiene más oportunidades y le dije que no iba a casarme, pero él me convenció,  porque quería que juntos participáramos en las cosas del Señor”, recuerda María Elena.

Para las religiones no hay ningún problema en este tipo de unión,  porque lo importante es  el amor, vivir  una vida plena y alabar a Dios.

Ahora María Elena no recibe maltrato,  ni golpes, ni gritos como en el pasado. Por eso aconseja a las muchachas  a darse su lugar, porque si una mujer mayor con muchos hijos puede encontrar el amor, ellas también.

“Antes yo me discriminaba, pero me dije: no,  me voy a dar una oportunidad, el éxito está en darse su lugar, en valorarse, uno debe poner un stop, ahora hay ayuda y no debemos permitir que nos maltraten”, dijo María Elena.

Como bien dice la sabiduría popular, la experiencia hace al maestro, y aunque en cosas del amor no hay nada escrito, saber tratar al marido evita la mayoría de los problemas.

“Nuestra comunicación es fluida, le digo lo que siento, no hay que guardarse  ni esconder nada, porque eso es lo que hace fracasar a las parejas,  no tener respeto y comunicación.

El amor y la comprensión son los baluartes fundamentales para que todo funcione bien”, comentó.

“Comentarios siempre hay, es lógico, pero uno está donde quiere estar, nadie va a ir en contra de su corazón, y el mío me dice qué hacer, lo que yo siento por ella.  La mujer es como una piedra preciosa y uno tiene que valorar lo que tiene y darle gracias a Dios por ello”, comentó por su lado Luis Mejía González.

Manifiesta que no necesita estar con “una Barbie” para sentirse bien,  sino con  una mujer que lo valore y le brinde  cariño y comprensión para ser feliz.

Nueva estructura demográfica
No hay datos oficiales sobre la cantidad de parejas conformadas por un hombre joven y una mujer mayor, pero estimaciones conservadoras señalan que es una de cada tres parejas.

El patrón socialmente aceptado es hombre mayor y mujer joven, pero ahora los papeles han cambiado,  porque la Estructura Demográfica no es la que teníamos cuando había guerra.

Ahora, según datos oficiales,  el 45 % población es menor de 15 años; el  52 % es adulta (de 25 a 52 años); y  el 3 % de la población es mayor de 65 años. A esto hay que sumarle el hecho de que las mujeres tienen más esperanza de vida (68 años) que el varón (63).  

Según la psicóloga Josefina Murillo Vargas,  para  la sociedad es normal  ver una pareja donde el hombre es mayor que su cónyuge.  No hay comentarios y si los hay,  son a favor del varón.

Pero cuando la situación es al revés,  los comentarios son despectivos, pero hombres y mujeres tienen los mismos derechos a amar y ser amados.

No buscan hijos, sino fidelidad y experiencia
La consejera matrimonial señala que los hombres jóvenes buscan en las  mujeres mayores: fidelidad, respeto, experiencia, madurez, positivismo, comunicación y que los hagan sentir bien.

“No es un relación fácil, se piensa en los pro y contras. Las mujeres tienen miedo y mucha precaución, por eso  buscan en la pareja virtudes y  valores, no sólo el aspecto sexual”, apuntó la especialista.

“La mujer madura piensa dos veces antes de iniciar una pelea y  los problemas no son por la diferencia de edad, sino por los celos por parte del hombre, que tiene miedo de que la mujer lo deje”, comentó.

Agregó que la belleza física se termina, pero lo que es la persona por dentro no, por eso los hombres buscan mujeres mayores para una relación estable.

La especialista recomendó a estas parejas respeto mutuo, comunicación, buena relación sexual, seguridad en sí mismos y que tomen las decisiones juntos.

Cabe señalar que hay casos donde el  joven lo que  busca en una mujer mayor es el beneficio que puede obtener de ella, porque por lo general esta ahorra, es exitosa y emprendedora.  Estas relaciones son negativas e incluso puede derivar en violencia intrafamiliar.

 

Otra historia

La vida le enseñó que entre más grande el golpe,  mayor es la recompensa. De adolescente (tenía 16 años)  se enamoró de una muchacha de su edad, sin embargo, lo único que recibió fueron mentiras y traición.

No conoció el verdadero amor hasta que una mujer madura llegó a su vida y le cambió el rumbo. “Yo era un tipo flaco sin aspiraciones, sin deseos de seguir después de un cruel engaño de mi primer amor. Yo pensé que el amor era sólo fantasía, hasta que encontré a mi “Sol” e iluminó mi vida”, recuerda sonriente “Santiago”, quien tiene 27 años y se juntó con una de 37.

“Yo le dije a un  amigo que me gustaba Rebeca, lo que yo no sabía era que  a él también le gustaba.  Él aprovechó para declarársele,  después se pusieron de acuerdo para que ella me aceptara, pero realmente era la novia de él”, explicó Santiago.

Con el tiempo perdonó la ofensa y su nueva mujer, --Soledad--, le enseñó que el amor va más allá de lo físico y  de lo que está a simple vista.