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A las seis de la tarde empieza su faena. Su lugar de trabajo es la Carretera Panamericana Sur en Rivas.  El  día no fue muy bueno, por lo que se traslada al parqueo de furgones  “El Chagüite”, donde siempre hay clientes que atender. Esta es la rutina de “La China”, una mujer de 45 años que lleva 20 años vendiendo su cuerpo.

“La China” procreó siete hijos, entre ellos un par de gemelitas. Uno de sus clientes más asiduos se convirtió en su cónyuge desde hace quince años. Desde que se juntó con ella,  dejó de trabajar como bombero de una gasolinera para dedicarse a llevarla y traerla a su puesto de trabajo, pero no hace eso porque es una buena persona, sino para despojarla del dinero que se gana con el sudor de su cuerpo, por si fuera poco, asalta a los clientes,  según denunció una colega de la trabajadora del sexo.

Además,  “La China” sufre maltrato verbal y físico de parte de su compañero de vida, de apellido Pérez, de 42 años, quien se molesta cuando  la dama no ha sido “productiva”.

Cuando la Policía supo todo esto, hizo un operativo y determinó que en cinco casos, incluyendo el de “La China”, hubo trata de personas y proxenetismo.

“En este departamento priorizamos el combate al delito de trata de personas, porque es una zona fronteriza donde transitan muchos turistas extranjeros y nacionales. Los que cometen este  tipo de delito aprovechan la vulnerabilidad económica de las jovencitas, quienes son engañadas con regalías y sienten la necesidad de dependencia del tratante”, dijo la comisionada mayor Dora Isabel Galeano, jefa de la Policía en Rivas.

Chantajeada y amenazada
De los cinco casos que la Policía investigó, en dos no hubo acusados, porque la Fiscalía no encontró pruebas suficientes. En los otros tres  únicamente  encontraron mérito para imputar la autoría del delito de proxenetismo en bares y discotecas de Rivas y San Juan del Sur.

Entre los casos que quedaron sin castigo, porque el victimario salió libre por falta de acusación,  se cuenta el de “La China”, quien según las investigaciones  era chantajeada por Pérez.

“En el período de investigación, la afectada manifestó que en más de una ocasión ha intentado dejar a su compañero de vida, porque la maltrata verbal y físicamente, cuando no es bien remunerada. Pérez la amenaza con decirle a su hijo pequeño que ella es prostituta”, manifestó la subinspectora de la comisaría de la Policía,   Marlene Paizano.

En los días buenos,  “La China” logra reunir unos 300 córdobas. Esta cifra  comparada con los 30 córdobas que su compañero de vida logra obtener, cuando está de suerte en las mesas de billar, es enorme, y por eso  le quita el dinero a su mujer.

“A pesar que la señora es la que lleva el alimento al hogar producto de ese trabajo tan duro (la prostitución), ella paga los 50 córdobas diario del cuarto donde vive con Pérez. Pero en el sitio no hay nada, ni cama, ni cocina, ni muebles,  son solo las cuatro paredes. “La China” manifiesta que duermen en el suelo y compran la comida, su situación es tan vulnerable,  que el dinero que les sobra lo utilizan para ingerir licor y consumir droga”, reveló la trabajadora social de la Comisaría, Esperanza Quijano.

 No hay delito
Sin embargo, la fiscal auxiliar de Rivas, Yajaira Largaespada Carballo, dijo que en el expediente policial número 1255, donde  Pérez figuraba como denunciado y “La China” como víctima, no se lograron comprobar los hechos.

“Tomando en cuenta el análisis de las entrevistas realizadas,  no se desprende el elemento de amenaza o coacción que supuestamente ejercía  Pérez  sobre “La China”. La víctima es clara en decir que (producto del trabajo de prostitución) da el aporte económico al hogar,  pero no es obligada a hacerlo. La víctima también señaló que el denunciado le ha ayudado a la crianza de los últimos hijos, por lo tanto siendo que la amenaza o coacción debe estar sustentada para llegar a los juzgados, y para estar ante un hecho típico, antijurídico y culpable deben cumplirse estas características,  este hecho se vuelve atípico y por ende procedo a desestimar la denuncia de conformidad al artículo 224 del Código Procesal Penal”, indica la resolución  fiscal.

El Código Penal establece que comete proxenetismo la persona que induce,  promueve, facilita o favorece la explotación sexual remunerada de una persona de cualquier sexo.

En nuestro país este delito  se castiga con pena de cuatro a seis años de prisión, pero si el rufián es el cónyuge de la víctima, el castigo  aumenta  de cinco a siete años.

Pero como la Fiscalía no quería que Pérez se quedara sin castigo, analizó los hechos para ver si podían acusarlo por trata de personas, pero tampoco pudieron, por  la atipicidad.

Empujada a la prostitución
Largaespada Carballo señaló que al investigar la vida de  “La China” descubrieron que fue dura,  porque desde niña no contó con el apoyo de su familia,  lo que la empujó dedicarse a la prostitución.

“Esto ubica a la víctima en una situación de vulnerabilidad, se puede deducir que ella es un sujeto pasivo del delito investigado:  la trata de personas”, dice la resolución fiscal, pero para determinar si existe o no este ilícito, es  fundamentalmente la intención de explotar sexualmente a la persona a la cual desplazan dentro o fuera del país.

“Pero en la misma declaración la  víctima ha señalado que ella se dedica a la prostitución desde hace 20 años y que su cónyuge (Pérez) hasta le ha ayudado a criar a sus hijos, con lo que se corrobora que dicha señora no se encuentra sometida a amenaza,  poder o engaño. Lo único que se desprende de la investigación es que “La China” mantiene al investigado de lo que ella gana producto de la prostitución, no se puede decir que Pérez haya reclutado a la señora para explotarla sexualmente,  ya que son compañeros de vida desde hace 15 años, y durante este tiempo ella ha asumido el rol de familia”, señaló la fiscal.

 

Cuando la víctima se retracta, no hay delito

Según el director de la Unidad Anticorrupción y Crimen Organizado del Ministerio Público, Javier Morazán, el delito de trata de personas es difícil de probar, principalmente porque las víctimas no se sienten agredidas y ven como benefactor al tratante,  quien se aprovecha de su situación de pobreza.

“Si la única prueba que tenés es el testimonio de la víctima y luego ésta se retracta ante el juez, --como sucede en este tipo de ilícito--, te quedas sin pruebas, y sin pruebas no hay delito. Por eso se buscan pruebas alternativas que respalden el testimonio de la víctima. Las jóvenes se retractan,  porque no se sienten como víctimas, debido al ciclo de violencia y vulnerabilidad económica en el que han vivido,  y  eso hace que se vuelvan dependientes del tratante,  lo ven como un protector,  porque reciben regalías,  o también puede ser que ellas hayan sido intimidadas o chantajeadas para que no vayan a declarar al juicio”, explicó Morazán.

Agregó que cuando la víctima se retracta,  la prueba se revierte y queda a favor del acusado.

En estos casos, el que acusa queda  con  las “manos atadas”,  sin teoría probatoria  “y esto es difícil, porque estamos ante un delito de crimen organizado en el que muchas veces se puede filtrar la información,  y a la hora de allanar un sitio, las pruebas fueron borradas o por alguna otra razón no se tuvo el éxito esperado en el actuar”, manifestó el fiscal.

Pese a todo, hay más acusados
El experto señaló que  dos casos que se investigaron en la capital como trata de personas,  al final quedaron como proxenetismo.

“La Policía Nacional tuvo conocimiento que en dos karaokes administrados por coreanos, varias adolescentes eran explotadas sexualmente, pero al allanar el negocio,  no se encontró a ninguna de las jovencitas, entonces no teníamos pruebas para acusar por trata de personas, pero sí para incriminarlos por proxenetismo y así va el juicio hasta el momento”, ejemplificó Morazán.

Pese a lo que se pudiera interpretar como vacíos en la ley, según las estadísticas del Ministerio Público en 2011 los juicios impulsados contra los  tratantes de personas han aumentado, porque en el primer semestre de este año, se han interpuesto once acusaciones en los juzgados a nivel nacional.

Managua va a la cabeza con siete juicios impulsados,  Chinandega lleva tres y hay uno en Bluefields. En todo 2010 sólo hubo cuatro juicios  y en 2009 uno.

Ajena a los procedimientos jurídicos para tipificar un hecho como trata de persona o proxenetismo,  la vida de “La China” continúa con un “matrimonio” bajo violencia doméstica en el que ella es la que mantiene el hogar ejerciendo el oficio más antiguo del mundo: la prostitución.