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Siempre fue un padre bueno, responsable equilibrado y diáfano, sin problemas ni vicios ni malas compañías, pero, aparentemente, una deuda que no pudo pagar lo llevó al suicidio.  

Antes de eso, lo despidieron de la empresa donde trabajaba sin que le pagaran liquidación. Este hecho y la deuda provocaron la desgracia que hundió en el sufrimiento a la esposa, “Paula”, y a sus tres hijos.

“Josefa” vive otra  historia peor, porque en menos de tres años ha perdido a dos de sus cuatro hijos por la vía del ahorcamiento. El trauma es terrible.

A sus hijos siempre les dio lo mejor, y su trato fue excelente, pero por desgracia, estos tomaron el camino del licor. Eso, aparentemente, los llevó a quitarse la vida en momentos de depresión.

En una comunidad, una persona del sexo masculino intentó quitarse la vida porque su esposa se negaba a regresar a  su finca, porque ella prefería estar en la zona urbana.

Aunque algunos han señalado que en este caso el suicidio era un chantaje,  otros indican que es comprensible que una persona que ha vivido siempre en la ciudad no quiera ir a la zona rural, aunque parezca egoísta.

Este suicidio no se concretó porque uno de los  vástagos del suicida llegó de forma accidental a la casa de su padre, y observó “que su vida estaba en un pelito”, entonces tomó un machete y cortó el mecate con que su papá se iba a ahorcar.

Ya pasado el susto, señaló en forma de broma “que su padre había sido salvado por la campana”,  en referencia a la señal que da el réferi en las peleas de boxeo cuando es tiempo de un descanso o cuando finaliza un round.

Estas historias ocurrieron en Estelí, donde antes era extraño que alguien se quitara la vida, pero donde desde hace cuatro años, el número de suicidios es alarmante.

Suicidios en ascenso
En 2008, la Policía registró tres suicidios; en 2009, la cifra incrementó  a seis, es decir, un ciento por ciento; mientras que en 2010 la cifra rebasó los límites con 13 casos, y en lo que va del presente año, van nueve, por lo que las autoridades policiales temen cerrar el año con una cifra alarmante.

Pero todas estas cifras solo representan una parte del problema, porque según el portavoz oficial de la Policía esteliana, teniente David Lazo Valle, hay un subregistro, pues no todos los suicidios son reportados por los familiares a las autoridades, por vergüenza o por las afectaciones psicológicas que el hecho produce en el seno familiar.

En Estelí, los métodos utilizados por los suicidas son diversos: usan productos tóxicos o se ahorcan. El uso de este  último método se ha incrementado en las últimas semanas.

Tradicionalmente, un arma de fuego de un calibre determinado ha sido el método que más han usado los suicidas, sin embargo, algunos se han arrojado al vacío desde una altura determinada; otros se han ahorcado con una soga o con un cordón; hay quienes se han cortado las venas, y hay casos en que los suicidas se internan en un ámbito peligroso como la profundidad del mar.

Según investigaciones de la Policía,  los suicidas antes de quitarse la vida han manifestado que lo hacen por deudas enormes, por decepciones amorosas y hasta por groserías que les expresan  personas que dicen ser sus amigos.

Policía dará charlas para elevar autoestima
Uno de los  últimos individuos que se quitó la vida en Estelí dejó una nota donde señalaba que se suicidaba,  porque un hijo no lo fue a visitar el Día del Padre.

Para el teniente Lazo, es evidente que la familia juega un rol determinante en las relaciones afectivas,  pero cuando hay un problema,  lo mejor es buscar apoyo.

Recomendó a las familias que cuando alguno de sus miembros manifieste una conducta extraña y con tendencias suicidas, se le debe dar seguimiento.

De igual forma, indicó que la pérdida de valores, principios cristianos y la desintegración familiar han influido grandemente para que el fenómeno crezca, y por eso hay que estar alerta e inculcar estos valores a nuestros hijos.

Aunque no es una responsabilidad de la Policía, a través de la Dirección de  Asuntos Juveniles, Niñez y Adolescencia, la institución está  impartiendo en Estelí una serie de charlas sobre valores y principios éticos, autoestima y relaciones humanas, en aras de prevenir los suicidios.

Según la definición que nos ofrece internet, el suicidio es el acto por el cual un ser humano decide ponerle punto final a su vida. Por lo general, esta “decisión límite” llega como consecuencia de la vivencia de algún episodio traumático, como la muerte inesperada de un ser querido, un accidente, una violación o un asalto, entre otros hechos que el individuo no haya logrado superar, pese a la  terapia.

También el suicidio es un acto de violencia extrema: la persona que se suicida ejerce sobre sí misma una violencia que destruye su cuerpo, maltratando su imagen, su identidad.  Inconscientemente, ejerce también violencia en las personas que ama, infligiéndoles una herida profunda e imborrable.

Cómo enfrentar la partida de un ser querido
Un documento elaborado por la Asociación Francesa de Ayuda en el duelo, explica cómo enfrentar la partida de un ser querido que se ha suicidado.

El documento explica que cuando se trata de un suicidio, se ponen en juego determinadas circunstancias que pueden llevar a la persona en duelo hacia dificultades particulares: pareciera que la muerte ha hecho trampa llevándose consigo  a alguien a quien todavía no le había llegado la hora.

Se trata de una muerte para la cual uno, generalmente, no se ha podido preparar, y en la que el propio fallecido es el autor. El suicidio se vive como una trasgresión de las leyes naturales, una trasgresión estigmatizada por la sociedad, las leyes y la religión.

La persona en duelo se va a ver inmersa en una situación especialmente agotadora, porque no comprende; porque duda, incluso, de que haya podido ser así; porque se rebela contra Dios o contra el destino, contra el hecho mismo del suicidio. Además, se siente culpable por no haberse dado cuenta a tiempo de lo que iba a suceder.

Aplastados por el dolor
El suicidio de un ser querido provoca un estado de shock emocional, especialmente, si no existía ningún indicio de que pudiera ocurrir. Este estado puede durar horas, días, incluso más tiempo. Pero pasados esos primeros momentos, estas reacciones perfectamente naturales y compresibles, darán paso al trabajo de duelo, un tiempo largo y doloroso, pero también necesario.

“Todo suicidio tiene su parte de misterio. Para comprender a la persona que se ha suicidado tendríamos que ser ella” --agrega el documento--, pero ni siquiera en ese caso lo entenderíamos, ya que ni el suicida estaba consciente de la causa profunda de su sufrimiento.

Todo lo que se puede decir en estos casos es que la persona se ha suicidado. Querer comprender más allá, solo sirve para torturarse.

En algunas personas, el rechazo de la realidad del suicidio no cede con el tiempo, sino que se agrava y puede llegar a convertirse en un estado de negación permanente. El trabajo de duelo se bloquea y puede aparecer una depresión prolongada y otras complicaciones.

El rechazo y la negación hay que respetarlos, entendiéndolos como signos de un gran sufrimiento, pero por lo general van cediendo con el paso del tiempo.

Religión reprueba, pero perdona
Aunque casi todas las religiones reprueban el suicidio, ya no condenan como antes a quien lo comete. En otro tiempo, quitarse la vida era considerado una trasgresión de las leyes sociales y religiosas.

Desde los orígenes de la humanidad, el suicidio ha sido considerado como una mala muerte, creándose distintos rituales de purificación para el grupo social.

En la Iglesia Católica, los funerales para personas que se habían suicidado están admitidos desde 1963. La justicia tampoco fue mucho más indulgente, y aunque hoy estas costumbres han cambiado, las actitudes que había detrás han dejado su huella.
Todo esto muestra que existe un halo de vergüenza que rodea el hecho del suicidio. Esto puede contribuir a que la familia, en un entorno muy conmocionado por esta muerte, no encuentre todo el apoyo que hubiera podido necesitar. Esto solo puede hacer el duelo más difícil, pero por fortuna la manera de pensar ha evolucionando, y hoy la sociedad ve el suicidio dejando de lado los lastres del pasado.


Cómo liberarnos del trauma

En este tipo de muertes, el juez suele ordenar una investigación. Esto podemos vivirlo como un dolor añadido, sin embargo, las pesquisas y la autopsia permiten saber con certeza las causas del deceso, precisar las circunstancias que lo rodearon y eliminar otras posibles hipótesis.

Aunque frecuentemente el suicidio está rodeado de un halo de silencio,  hablar sirve para desahogarse.

La actitud más natural sería hablar primero con la familia, con los más cercanos.  A veces esto no es posible, bien porque existen tensiones o conflictos anteriores, o bien porque cada uno busca de alguna manera, con su silencio, proteger a los demás.

Pero se puede  hablar con un amigo de confianza, alguien que pueda escuchar con interés y delicadeza, sin juzgar, asimismo, se puede hablar con un médico de confianza. Él escuchará y podrá orientarnos, si es necesario, hacia algún especialista. También podemos hablar con un sacerdote o con un acompañante espiritual.