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Junto a su bebé de un año encontraron sin vida  a José Antonio Ordóñez, de 28 años, en el cuarto que alquilaba junto a su compañera de vida.

El hallazgo ocurrió ayer, en el barrio Laureles Norte, de la terminal de la ruta 111, una cuadra arriba, una al lago y una arriba.
María José Hernández Velásquez, de 19 años, fue quien encontró el cuerpo sin vida de su cónyuge, porque escuchó el llanto de su hijito que se encontraba en el cuarto con su padre.

Según las declaraciones de María Auxiliadora Velásquez, de 46 años, suegra de Ordóñez, este tenía tres días de andar con fiebre, pero no quiso ir al Centro de Salud, y decidió automedicarse tomándose unas pastillas. Como estas no le hicieron efecto, decidió inyectarse.

Nadie sabe qué medicamento compró ni dónde, tampoco se conoce si el fármaco le provocó la muerte, por lo que la Policía decidió remitir el cadáver al Instituto de Medicina Legal para que determinen la causa del deceso.

Ordóñez se ganaba la vida destazando reses en el Mercado Oriental, y deja en orfandad a dos niños, uno  de un año,  y el otro de cinco meses de gestación.