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El tres de septiembre de 2010 la vida cambió para el matrimonio conformado por Manuel Bismarck Cajina Miranda, de 26 años, y Ana Lorena Araica, de 25, porque él fue detenido por la supuesta autoría de violación agravada en perjuicio de una quinceañera, hecho ocurrido dos años atrás.

Cuatro días más tarde, el siete de septiembre de 2010, la Corte Suprema de Justicia destituyó a Cajina del cargo de auxiliar de bodega del TAM por medio de un memorando firmado por la directora de Recursos Humanos, Clara Eugenia Estrada.

Según la esposa del acusado, en el juicio de primera instancia hubo anomalías que atribuye a la influencia de la tía de la quinceañera, una magistrada de la Corte Suprema de Justicia cuyo nombre no revelamos para no descubrir la identidad de la joven que aún figura como víctima de violación.

Según la acusación, a las tres de la tarde el 11 de julio de 2008 la quinceañera salió del Colegio Villa Austria para encontrarse con Cajina, quien antes la llamó por teléfono para advertirle que si no salía le diría a su padre “algunas cosas”.  

El imputado se llevó a la quinceañera al automotel La Unión, ubicado en el barrio Primero de Mayo, donde a punta de cuchillo la obligó a entrar a la habitación número 14, donde supuestamente la violó. Después la fue a dejar al colegio y la amenazó: “si decís algo, diré que el acosado soy yo y que lo que pasó fue por tu gusto y placer”.

Qué pasó en los años subsiguientes, no se sabe, porque la Fiscalía no lo explica en la acusación que presentó en los tribunales. Ana Lorena Araica dice que en los años previos a la detención, su marido siguió trabajando normalmente en el TAM, aunque la Policía le informó de la denuncia.

Pruebas de cargo y de descargo
 El Ministerio Público ofreció como prueba del delito el dictamen médico legal suscrito por la doctora Cándida Chévez, quien estableció que al momento de la valoración la quinceañera no era virgen y tenía el himen con desgarro de reciente data.

La psicóloga forense Leana Martínez también confirmó el delito denunciado, porque estableció que la menor tenía depresión leve derivada de una vivencia de abuso sexual.  

Los testigos, --el papá, una vecina y la hija de ésta--, también confirmaron lo dicho por la quinceañera. El primero dijo que el acusado se aprovechó de la amistad que tenían y que se enteró de la violación dos días después de ocurrida, cuando vio triste a su hija. Las otras testigos dijeron que Cajina acosaba a la muchacha.

Extrañamente el Ministerio Público no ofreció el registro de las llamadas entrantes y salientes de los teléfonos celulares de la víctima y victimario para corroborar si en realidad había habido contacto entre ellos el día del hecho, tampoco ofrecieron los testimonios de los empleados del motel adonde la jovencita supuestamente fue llevada a la fuerza.

Sin embargo, el abogado Roberto Mendieta ofreció testigos que señalan que el día y hora en que supuestamente ocurrió la violación, Cajina estaba trabajando en el TAM, y que acusadora y victimario eran novios, además había mensajes de texto aparentemente enviados por la víctima al victimario.

Para desgracia de Cajina, sus testigos claves no declararon en el Juzgado Segundo Penal de Juicio, porque la Fiscalía “se los excluyó a la brava”, porque el Código Procesal Penal establece que las audiencias preparatorias de juicio se deben celebrar cinco días antes, pero en este caso, se hizo cuando ya la vista oral llevaba dos días de iniciada.

Una escandalosa confesión
Pese a la protesta del abogado titular, Carlos Hernández, y de su asistente, Roberto Mendieta, el juicio continuó y Cajina Miranda fue declarado culpable y sentenciado a 15 largos años de encierro.

El abogado Mendieta recurrió de apelación ante los magistrados del TAM, donde la verdad salió a relucir, porque la víctima confesó a viva voz lo siguiente: “Manuel y yo tenemos una relación todavía y quiero que le den su libertad, ya que todo sobre la denuncia pasada es mentira”.   

Días antes de la audiencia oral, la joven presentó un escrito diciendo lo mismo que les dijo a los magistrados del Tribunal de Alzada: “él nunca me ha violado, si en alguna ocasión sostuvimos relación sexual fue con mi consentimiento, nunca existió engaño, ni intimidación ni amenazas”.

END se hizo presente a la casa de los acusadores para saber si mantenían su posición sobre la acusación. Ni la supuesta víctima ni su padre se encontraban, pero su abuela materna, de iniciales J.J. nos atendió. Su primera reacción fue preguntar si estaba probado que la firma que tiene el escrito es la de su nieta.

Tres preguntas
Pero no hay duda, porque la supuesta víctima se reunió con Ana Lorena Araica en un centro comercial capitalino para grabar un video en el cual contestó tres preguntas exculpando al imputado del cargo de violación.

En el video la acusadora confiesa que nadie la obligaba a estar ahí, después, cuando la esposa del acusado le pregunta si Cajina la violó, sonríe nerviosamente y dice que él le prometió casarse con ella, luego responde que no, y por último, cuando le preguntan qué siente por Manuel, --el reo--, dice “lo amo”.

En el encuentro la supuesta violada y la esposa engañada conversaron, y la primera le aclaró a la otra que ella no interpuso la denuncia, sino que fue su padre, quien la habría obligado a mentir.

“Yo misma llevé a mi nieta al Instituto de Medicina Legal y se confirma que ella fue violada, además nosotros no hemos utilizado a nadie en la Corte (Suprema de Justicia), los papeles hablan por sí solos”, insistió esta semana la abuela de la joven, saliendo al paso a las afirmaciones de la esposa del acusado que denunció la influencia de una magistrada en el proceso.

“La niña le dijo en el juicio a él: “vos me engañaste, como vos sos amigo de mi papá, y pasaste de viaje, hasta me obligaste a que me bebiera una pastilla”, recalcó la abuela.

“Cachos”
Araica precisó que se está divorciando de Cajina, por su infidelidad, pero lo está ayudando, porque es el padre de su hija de tres años, quien a diario pregunta por él.

Para probar que la acusación fue el mecanismo que su vecina usó para separarla de su marido, Araica tiene dos cartas de amor que presuntamente “la víctima” le envío al reo al penal donde reconoce que le falló, pero le pide paciencia, porque está segura que en todo este año él saldrá en libertad.
“No te preocupes mi amor, yo tendré mucha paciencia con lo de tu divorcio, porque yo sé que tú cumplirás tu palabra y

juramento. Mi amor, te amo, algún día nos casaremos y todo este infierno terminará mi osito”, concluye la carta.

“Si se da el caso que tiene comunicación con el reo, yo me aparto de su vida, para que haga la suya y dejo de pagarle la universidad y todos los gastos que tiene, porque yo estoy a cargo de ella, ya que su mamá trabaja en España desde hace cinco años”, apuntó la abuela incrédula.

 

Le rebajan la condena, pero…

Ante la evidencia exculpatoria, los magistrados de la Sala Penal Dos del TAM “modificaron parcialmente”  la sentencia de primera instancia recalificando los hechos como estupro, porque la joven no tenía la edad establecida (16 años) para consentir la relación sexual, y le rebajaron la pena a Cajina a tres años de cárcel.

El abogado Roberto Mendieta explicó que lo correcto hubiese sido que anularan todo el juicio de primera instancia, que ordenasen que se repita con la nueva tipificación legal en un Juzgado Local Penal  que Ordice designe, y que liberen a su cliente, que reiteró es inocente.

Además Mendieta dijo que es “horroroso” que el TAM ahora salga condenando a su cliente por estupro, cuando lo que conocieron y debatieron fue una apelación por la presunta autoría de violación.

Recurre contra sentencia
Por considerar que los magistrados del TAM no tenían competencia funcional para  condenar a Cajina por el delito de estupro, cuya pena es menos que correccional (de dos a cuatro años de cárcel), su abogado interpuso este viernes 5 de agosto un recurso de exhibición personal pidiendo la libertad del reo, quien a su juicio se encuentra ilegalmente detenido. El artículo 385 del Código Procesal Penal dice que una resolución judicial no podrá condenar por hechos distintos a los planteados en el auto de remisión a juicio. “Es tan clara la incompetencia que ni siquiera puedo recurrir de casación, porque sólo se recurre por delitos graves”, explicó el litigante Mendieta, quien espera que Cajina sea liberado,  porque existe jurisprudencia de casos en los que personas que han sido condenadas por un juez que no tenía competencia para hacerlo, han sido puestas en libertad.