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Quién iba a imaginar  que aquel niño que repitió tres veces el primer grado, pero no por deficiencia, sino porque tenía que ayudarle a su papá a pastorear y a cuidar el ganado y las cabras, es uno de los dos únicos dibujantes  que tiene la Policía  Nacional para hacer los retratos hablados de los sospechosos.

Hablamos del subinspector Carlos Manuel Sánchez Sandino, a quien todos los uniformados conocen como “Sandino”.

Con muchos sacrificios logró bachillerarse a los 34 años en cursos dominicales, porque por participar en los cortes de café, la alfabetización, el Servicio Militar Patriótico, SMP, los problemas económicos y  otros factores, no pudo estudiar cuando  estaba más joven.

Sánchez Sandino es el segundo hijo, de los cuatro que procrearon don Manuel Sánchez Quintero, --un campesino dedicado a la jardinería originario de Carazo, que falleció sin saber leer---,  y doña Ramona Paublina Sandino, originaria de Niquinohomo, quien fue trabajadora doméstica y  también falleció de leucemia.

Un don especial
Sánchez Sandino dice que su padre  le enseñó a trabajar en el campo para ganarse “el pan de cada día”, pero desde temprana edad empezó a mostrar un don especial para el dibujo que no pasó desapercibido.

“Siempre estaba haciendo dibujos en la pizarra o en los cuadernos, me distraía un poco y la maestra me llamaba la atención.  Cuando estaba en la casa dibujaba paisajes en tucos de madera, tabla, playwood, o algo plano que me sirviera”, recordó Sandino, quien entró a las filas de la Policía  Nacional en 1994, gracias a la ayuda de una amiga.

“En los corte de café me ponían a dibujar los emblemas, pancartas y  murales  alusivos a la Brigada Estudiantil de Producción, BEP, también dibujaba el Guerrillero de la Alfabetización, o el logo de la Federación de Estudiantes de Secundaria, FES”, dijo Sandino, quien antes de entrar a la Policía laboraba como vigilante en un centro de estudios.

“Me encontré a una amiga --Grethel-- en Plaza el Sol, cuando andaba visitando a mi hermano que era policía  antinarcóticos.  Me sorprendí al verla vestida de policía,  porque cuando la conocí era secretaria de Gustavo Porras y me preguntó: “¿Qué te has hecho, dónde estas trabajando? ¿Y por qué no entras a la Policía?,  vos podrías aplicar a lo que es el retrato hablado, me dijo y  me ayudó a hacer las gestiones para ingresar a la Policía, ahora tengo 18 años de estar aquí”, comentó contento.

Agregó que cuando salió de la Academia de Policía “Walter Mendoza”, lo trasladaron al Laboratorio Central de Criminalística. “Ahí me prepararon en lo que es la realización del retrato hablado o identikit, así como también en dactiloscopia, que es la ciencia  que tiene que ver con las huellas dactilares; también aprendí revelado e impresión de fotografías en cuarto oscuro, entre otras especialidades que tengo”, manifestó con orgullo el dibujante.
Actualmente está casado y tiene cuatro hijos que heredaron su don para el dibujo; incluso, su hijo mayor,  de 20 años, pronto se graduará en la Academia de Policía para seguir sus pasos.

A sus 40 años no abandona la idea de terminar sus estudios superiores, pero el “trajín” del trabajo y la vida familiar no se lo han  permitido en este momento.

Una de las personas que siempre lo motivó a seguir estudiando pese a la adversidad del tiempo,  fue el Comisionado Mayor Juan Ramón Gradiz,  a quien Sánchez  le está plenamente agradecido.

Veo que tiene colchoneta y hasta un ropero en su oficina… ¿Pasa mucho tiempo en el trabajo?
“A veces cuando estoy investigando un caso relevante, duermo aquí o tengo que movilizarme a cualquier otro departamento adonde la Dirección de Auxilio Judicial, DAJ, investiga. Muchas veces me ha pasado que salgo de turno y no he llegado a la casa  cuando me dicen que regrese a hacer un retrato hablado o una inspección de la escena del crimen o cualquier otra diligencia relacionada a las especialidades que tengo”, comentó.

Cuenta en tono jocoso que es tanto el trabajo que a veces no llega a su casa, y  en una ocasión su esposa no le creyó que se había quedado durmiendo en “La Loma”, pero la verdad es que en la DAJ solo hay dos personas que hacen retratos hablados: su profesor,   el Subcomisionado Hollman Áreas López, segundo jefe del Departamento de Inspección, y él.

¿Y que ocurriría si por desgracia uno de los dos llega a faltar?
“Pues no sé realmente, pero me gustaría que algunas de las autoridades superiores me permitieran ir a reclutar talentos a la Academia de Policía, donde hay muchos jóvenes con entusiasmo de aprender. Esta carrera es bonita, solo tenés que tener la habilidad de dibujar y lo demás viene con la especialización, con estudios”, señala Sandino, quien diariamente viaja en bus hora y media para llegar de su casa al trabajo.

A pesar que este joven se formó en la Policía y es un ejemplo de entrega al trabajo,  su uniforme no luce  ninguna medalla de estímulo. “Espero que algún día me llegue”, comentó cuando le hicimos la observación.

Carlos Sánchez Sandino es un apasionado del trabajo, y dice que si un día volviera a nacer, sería  policía y dibujante nuevamente, “porque se de dónde vengo, quién soy y no me avergüenza  contarle a mis amistades que  busqué zapatos y ropa en los botes de basura que la gente adinerada desechaba”.

70% de exactitud
Los retratos hablados o identikit  permiten  hasta en un 70% esclarecer los crímenes y para muestra un botón: Yazker Blandón, autor confeso de la muerte del párroco Marlon Ernesto Pupiro García se vio obligado a entregarse después de que fue identificado gracias a un retrato hablado.

Según el retratista Carlos Sánchez Sandino,  un identikit hecho a mano  se elabora como máximo en una hora u hora y media.

Con los avances tecnológicos se han creado programas computarizados como el Faces identikit 2000, que permite crear un retrato hablado en tan solo 15 minutos. Dicho programa es de uso estrictamente policial.

En algunos distritos policiales, sobre todo los que tienen barrios conflictivos, tienen  este programa computarizado para elaborar los retratos, pero el gran problema que existe es que no tienen personal preparado para su ejecución.

¿Por qué en algunos casos la persona señalada no se parece a la del dibujo?
“Porque todo depende de las características que dé el testigo.  Por ejemplo, en el asalto a un banco cuatro empleados de la empresa vieron al asaltante, pero uno lo vio más tiempo que los otros,  y al final resultaron cuatro dibujos diferentes,  porque no todas las personas pueden describir”, señaló el especialista.

Agregó que en otros casos, el  testigo da rasgos de una persona que solo existe en su mente.  Esto ocurre cuando  la persona está encubriendo al hechor, es decir que es parte de la misma banda, o porque tiene miedo.

Señala que otras veces, cuando se trata de funcionarios de empresas o instituciones estatales,  las personas se sienten presionadas para dar  rasgos físicos del delincuente que los asaltó, para que no piensen que es parte de la banda o que se trata de un auto-robo.

¿Y cómo descubren cuándo alguien está mintiendo?
“Fácil, simplemente cuando hago el dibujo, le pregunto: ¿así está bien? y si me dice “no, era más peludo”,  entonces hago “la mueca” que realizo el cambio y le vuelvo a preguntar, y si dice: “Sí, así exactamente”, entonces le comunico al investigador para que lo tenga presente y estudie al testigo”, expresó Sandino.

¿Las personas que infringen la Ley tienen una fisonomía criminal  común?
“No, cada persona es diferente, muchas veces existen asaltantes que tienen buena presentación y por eso nos confiamos, luego nos convertimos en su víctima”, explicó el especialista.