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Un mes a la sombra
Al  menos un mes deberá esperar en la cárcel Carlos Alberto Sáenz Vargas antes de saber si es o no culpable del robo acontecido el 2 de febrero del año 2009 en la librería Apolo. Así lo determinó la jueza Segundo Distrito Penal de Audiencia de Managua, María Concepción Ugarte,  quien aceptó la acusación y los medios de pruebas ofrecidos por la Fiscalía para probar el delito. En el atracó también participaron dos adolescentes,  quienes al igual que Sáenz portaban armas de fuego, indica la acusación que tasó el robo en  diez mil córdobas y 360 dólares, sin incluir el precio de los celulares de los cuales fueron despojados los trabajadores y clientes que estaban a la hora del hecho.
 
Mató en defensa propia
Robert Michael Amador Artola, quien el pasado sábado 24 de septiembre ultimó a  Bryan Ezequiel Dávila Durán, alias “El Negro Jack”, actuó en legítima defensa, según la acusación que  la Fiscalía promovió contra el taxista por homicidio.  El escrito acusatorio señala que Dávila, armado de un cuchillo,  lesionó y trató de robarle al taxista un teléfono celular, cuando  esperaba la luz verde en los semáforos del puente “El Riguero”. En el intento de robo participó otro sujeto,  por lo que el taxista  tuvo que desenfundar su revólver calibre 38 y disparar  dos veces,  impactando uno de los proyectiles en la tetilla izquierda del “Negro Jack”. El juez Carlos Solís ordenó que el acusado permanezca bajo arresto domiciliar, que se presente a la Oficina de Control de Procesados y sea  vigilado por un custodio. La audiencia inicial será el próximo 12 de octubre.

Por un pelo los condenaron
Un vello púbico  en el calzoncito de una niña de seis años, permitió descubrir y probar durante un juicio,  que era violada por su abuelo paterno, de 72 años, y el dueño de la propiedad,  --José David Poveda, de 68--, que cuidaban sus padres.
El vello púbico fue descubierto por  una vecina cuando aseaba a la niña, quien llegó a jugar  con su hija. Esta prueba,  el testimonio de la víctima,  los dictámenes de los médicos forenses y  de la psicóloga del Instituto de Medicina Legal, permitieron a la Fiscalía demostrar el delito acusado.
El abuelo paterno mancillaba a la niña cuando sus padres salían a trabajar en el campo,  y el otro lo hacía cuando andaba ebrio y se quedaba a dormir en su propiedad.