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SAN CARLOS, RIO SAN JUAN

La Policía de Río San Juan tuvo que intervenir el pasado lunes en un templo que utiliza una Congregación del Espíritu Santo, para rescatar a dos menores que una pastora mantenía encerradas, después que el padre de las chavalas denunciara el hecho como un secuestro.
El caso que ha preocupado a los padres de familia de varios hogares ocurrió en la comunidad de El Coral, en el Refugio de Vida silvestre Los Guatuzos, en la llamada Costa Sur del municipio de San Carlos, Río San Juan.
Según el comisionado Jardiel Arteaga, el señor José Ángel Suárez Reyes acudió a la Policía para denunciar que la supuesta sierva del Espíritu Santo, Maria de la Cruz Maradiaga,  tenía “prisioneras” a sus hijas de 16 y 11 años,  desde hace 14 días  sin que les permitiera verlas o salir.
Suárez pidió que rescataran a las menores. “Yo no me niego a que mis hijas anden en esas cosas de Dios, pero no estoy de acuerdo que las mantengan encerradas sin que la familia las podamos ver”, afirmó el denunciante.
El jefe policial explicó que tras el rescate de las adolescentes y entrega a su padre, la pastora Maradiaga fue retenida para ser entrevistada. Ella refirió que estudió en Costa Rica  y que las niñas fueron elegidas como instrumento del Espíritu Santo para servir. Señaló que esa practica es parte del servicio misionero sagrado que ejercen y que deben hacerlo “para que no se contaminen”.

Hay más denuncias
La predicadora fue  liberada, pero según el comisionado Arteaga, documentan otros casos, porque María de la Cruz Maradiaga, procede de Los Chiles de Nicaragua, donde también algunos padres de familia la denunciaron por dichas prácticas.  
La Congregación del Espíritu Santo y del Inmaculado Corazón de María es el resultado de la fusión, --el 26 de abril de 1848--, del Seminario del Espíritu Santo, fundado por Claudio Poullart y un grupo de seminaristas, con la Asociación del Inmaculado Corazón de María, cimentada por un sacerdote católico convertido del judaísmo, el padre Francisco Libermann, en 1841.
Con el Seminario del Espíritu Santo, Poullart y sus compañeros pretendían ayudar a aquellos jóvenes que querían ser sacerdotes y carecían de medios para formarse.
Poullart nació en una noble familia bretona y fundó el seminario con solamente 24 años, falleciendo a los 30, en 1709, víctima de pleuresía.