•  |
  •  |
  • END

CHINANDEGA
Una tarde de diciembre de 2007, en la vivienda que alquilaba en la ciudad de San Miguel, El Salvador, el chinandegano Juan Alfonso Jirón Granados, de 46 años, degustaba un pescado, cuando una espina se le atravesó en la garganta.

Jirón Granados tomó varios sorbos de agua y continuó la comida. Esa noche durmió con malestar en la faringe, y su hermana, Francis Isabel Jirón Granados, habitante de la ciudad de Choluteca, Honduras, lo internó durante trece días en el Hospital de San Miguel.

“Se puso muy mal, tenía dificultad para tragar. En el centro asistencial le practicaron dos endoscopías y un examen para detectar cáncer, porque él fumaba y tomaba licor. Un grupo de especialistas determinó que mi hermano padecía de una infección generalizada producida por la incrustación de la espina en la garganta”, relató Francis Isabel.

Entre sollozos, Justina Granados Escalante, madre de Juan Alfonso, dijo a EL NUEVO DIARIO que su hijo trabajó durante doce años en pintura y enderezado de automóviles en la ciudad de San Miguel, donde se ganó el aprecio de sus patrones.

En su humilde vivienda, ubicada detrás del Colegio “Arturo Montealegre” en el barrio “Julio César Tinoco”, la progenitora expresó que el viernes catorce de marzo trasladó grave a su hijo a Chinandega, ante la falta de esperanza de los médicos, y falleció a la una de la tarde del martes último.

“Perdió peso producto de la infección, se deshidrató, lo llevé a un hospital de Chinandega pero fue tarde, porque estaba demasiado grave, con las manos paralizadas y un pie casi inmovilizado. Tenía algo parecido a un derrame”, lamentó doña Justina, quien añadió que antes de ser traído de la ciudad de San Miguel, su hijo le solicitó que trasladara sus pertenencias.

Juan Alfonso Jirón Granados fue sepultado a las tres de la tarde del miércoles, en medio de la consternación de sus familiares y amigos.