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Dos jóvenes vidas se apagaron este martes en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital “Lenín Fonseca”, confirmaron las autoridades médicas y familiares de las víctimas.

El primero en expirar fue Jorge Ríos Gutiérrez, de 18 años, originario de Nagarote, quien estaba en ese centro asistencial desde el seis de abril.

Ríos llegó al Hospital “Lenín Fonseca” con un impacto de bala que le destrozó varios órganos vitales en su recorrido, aunque tuvo orificio de salida en la cadera derecha.

Muerte cerebral
A Donald Loáisiga Marenco, de 22 años, baleado por desconocidos la medianoche del pasado sábado, los médicos del Hospital “Lenín Fonseca” lo declararon clínicamente muerto.

“La doctora ya nos dijo que él (Donald Loáisiga) está cerebralmente muerto, y sólo estamos esperando que expire”, expresó acongojada María Auxiliadora Cuadra, madre del joven vigilante que deja en la orfandad a un niño de cuatro años.

Cuatro fueron los impactos de bala que recibió Loáisiga, pero el más grave fue el que recibió en la frente, que en su recorrido le destruyó el ojo derecho y le desbarató la masa encefálica.

Los galenos del “Lenín Fonseca” informaron a la familia que el deceso de Loáisiga podría producirse de un momento a otro.

“Los médicos dicen que él puede morir en el transcurso de la noche o bien al amanecer”, agregó la atribulada madre.