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“Orlando se tiró a rescatarme, pero una ola nos separó… Miré que iba para abajo con los brazos arriba, ya no se movía nada y se hundió”, relató aún conmovido Geovanny Jara Jiménez, de 17 años, uno de los tres adolescentes que sobrevivió a la tragedia que enlutó a dos familias cristianas, cuyos hijos ayer se ahogaron.

Los otros dos sobrevivientes fueron Jesús Alberto Navarrete, de 17 años, y Leydi Castillo, hermana de Orlando Miranda Castillo, quien se encuentra desaparecido al igual que Laureano Ramos Gaitán, de 14 años.

El paseo a las playas de San Diego, ubicadas al oeste del kilómetro 49 de la Carretera a San Rafael del Sur, en Villa El Carmen, fue organizado por “La Novena Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús”, situada de donde fue la Danto, 14 cuadras al norte, en el barrio La Primavera. Ahí asistían las víctimas a escuchar la palabra de Dios.

Doña María Úrsula Jiménez agradeció a Dios por haber permitido que su hijo Geovanny fuese rescatado con vida, aunque siente en carne propia el sufrimiento de los familiares de los dos adolescentes desaparecidos.


Diez minutos con vida
Jara reveló que la experiencia de ver morir a sus compañeros fue terrible y no quiere recordar los minutos en que vio a la muerte de cerca.

“Eso fue horrible, sentí desesperación, angustia… La corriente me iba metiendo, me sentí sin fuerza, con la cabeza pesada. Ya no aguantaba los brazos. Creí que me moría, pero en ese momento clamaba la ayuda de Dios y gracias a Él estoy aquí”, agregó Jara.

El paseo salió de la iglesia a las 6:20 de la mañana, y el pastor Luis Rodríguez encomendó a todos al Creador y les recomendó a los jóvenes que se bañaran en el estero y no en el mar, porque no sabían nadar, pero las víctimas no hicieron caso y se metieron en las olas.

“No teníamos ni diez minutos de haber llegado, cuando ya estaba la tragedia, pero Dios sabe lo que hace, Él tiene sus propósitos”; dijo doña María Teresa Quezada, convencida de que las víctimas ya están en presencia del Señor.

Después de la tragedia los cristianos regresaron a la iglesia, mientras el pastor y dos miembros más se quedaron para tratar de recuperar los cuerpos de los adolescentes.