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JINOTEGA
Los jinoteganos quizá se pronunciaron así por el impacto del hecho, por desconocimiento del mismo Código o porque no saben cómo se está llevando este proceso, que según las autoridades judiciales es un hecho que no va a quedar en la impunidad, como muchos ciudadanos piensan.

El hecho que mantiene alarmados a los habitantes del barrio 19 de Julio se registró a la medianoche del 16 de mayo, en la casa de don Enrique Cano, donde sólo se encontraba Orlando Cano Tamariz y un adolescente. Todos dormían tranquilamente sin imaginarse que una tragedia se avecinaba, y que una persona que gozaba de mucho aprecio perdería la vida.

De pronto, todo el vecindario despertó violentamente. El primero en abrir los ojos con sobresalto fue Miguel Montenegro López, y detrás de él, otra cantidad de vecinos que fueron informados que elementos desconocidos habían penetrado a la casa donde estaba durmiendo Orlando, con intenciones de robar, que lo habían herido y podría estar muerto.

Cuadro de horror
Los vecinos, alarmados, penetraron en la vivienda, y se encontraron con el nunca visto cuadro de horror: Orlando, de 50 años, tenía la cara desfigurada a golpes, una herida en el pecho y estaba recostado en una ropera, sin ningún signo de vida.

Los vecinos decidieron resguardar la escena del crimen para no borrar ninguna evidencia, y rápidamente dieron parte a las autoridades policiales.

Un equipo de guardia operativa, con órdenes precisas el jefe de la Policía jinotegana, comisionado Raúl Monge, quien fue puesto al tanto de los hechos, se presentó al lugar e inició un proceso investigativo, iniciando por resguardar el lugar, buscar al forense y comenzar a unir cabos para dar con el autor del hecho criminal.

Los agentes, con alta experiencia en buscar elementos que los llevaran al esclarecimiento de un crimen nunca visto en la historia de la Ciudad de las Brumas, encontraron fuera de la casa unos zapatos ensangrentados, una camiseta con manchas hemáticas, un bate de aluminio manchado con sangre, al igual que un cuchillo, elementos que los llevaron a la conclusión de que el crimen había sido cometido por alguien que también estaba dentro de la casa.

Los vecinos de Orlando, al igual que sus familiares, esperaban que los agentes dieran con el autor del crimen y que la justicia “cayera con todo su peso”, pero nunca se imaginaron que las investigaciones llegarían a la conclusión de que la persona que había cometido este hecho sangriento fuera el adolescente que estaba en la vivienda con Orlando, en otras palabras, su propio hijo.

El niño mimado
Los vecinos del infortunado no conciben qué pudo haber motivado al quinceañero a tomar esta macabra decisión, ya que era un hijo mimado: el padre hasta había peleado su custodia para darle una mejor educación desde que tenía cinco años, señaló don Miguel Montenegro, uno de los primeros que llegó a la casa al conocer de los hechos.

“No entiendo qué pasó con ese muchacho…, todo tenía, no trabajaba. Su padre, quien era furgonero, vivía fuera del país, sólo trasladando mercadería. Tenía la comida a tiempo y dinero para sus gastos, pero siempre buscó como confrontarse con su padre, que le llamaba la atención por su comportamiento, pero nunca fue tratado mal. Yo soy testigo, porque en una ocasión le dije a Orlando que me lo diera a mí, para controlárselo”, señaló.

Por su parte, César Orlando Rodríguez Sovalbarro, una de las personas que horas antes de que se registrara la tragedia había salido con Orlando a buscar unos nacatamales --de los cuales dieron uno al adolescente-- para luego comérselos en la casa, dijo que cuando la víctima llegó a la vivienda, el único regaño que le dio a su hijo fue porque no lo había saludado, ya que había estado fuera del país por el paro de transporte, pero después todo quedó normal, hasta las nueve de la noche cuando él se marchó.

“No sé qué pasó después, porque llegamos a la casa, nos comimos los nacatamales, Orlando se puso a ver televisión y al final yo me fui. Fue hasta la madrugada que nos levantamos al conocer que lo habían matado” aseguró.

¿Por qué él?
Para don Enrique Cano, padre de Orlando y de otros dos hijos --dos de ellos muertos-- y viudo debido a que sus esposa murió hace seis meses, señaló no comprender por qué su nieto, su propia sangre, tomó esa equivocada decisión, si en la casa no le faltaba nada: no trabajaba y estudiaba cuando quería, ya que a veces no iba a clase, por lo que no sabe cómo explicar los motivos que llevaron al muchacho a terminar con su padre.

De lo que sí dijo estar seguro, es de que ahora que perdió a su segundo hijo, espera que aunque sea su nieto quien lo mató se haga justicia.

Por su parte, Mario Cano Tamariz, el único hijo que le queda a don Enrique, dijo que es un crimen salvaje el que se ha cometido, por lo que no entendía por qué el juez dejó en libertad al muchacho, ya que es un menor, pero de alta peligrosidad, por lo que espera que al final se haga justicia, a pesar de que se le explicó que sólo se le había aplicado el Código de la Niñez por la edad, pero que el proceso continuaba hasta llegar al final.

“Es mi sobrino, pero no lo perdono por lo que hizo. ¿Cómo es posible que haya hecho esto, si aquí él era muy querido? Yo varias veces le dije que fuera a jugar como mis hijos, a mi casa, pero nunca lo hizo, no se le exigía trabajo, por lo que no sé por qué tomó esa decisión, la que fue muy bien planificada, por lo que espero que lo castiguen, y que se cuide la madre, porque si hizo esto con su padre que lo había criado, ¿qué no puede hacer con su madre, con la que no tenía mucha relación?”, finalizó el tío del adolescente.

En el barrio fue confirmado el buen trato que el adolescente recibía de su padre y de su familia, lo que fue corroborado hasta por una tía por la vía materna, aseguró a la juez departamental de Distrito Penal de Adolescencia.

Las investigaciones han comprobado que el difunto adoraba a su hijo, ya que lo había “peleado” desde que tenía cinco años, y no como lo había señalado un ciudadano, que aseguró que el padre hasta le había arrancado dos dientes de un golpe en un centro de estudio, y que lo inducía a la droga, lo que es falso, debido a que el menor cuenta con toda su dentadura, y según los habitantes del sector donde vivía, éste nunca usó droga, su “vicio” era jugar nintendo, principalmente de episodios violentos.


El proceso
Después de que el quinceañero pasara al Juzgado de la Adolescencia, fue dejado en libertad, lo que causó revuelo entre familiares y amigos del fallecido, quienes señalaron que el Código era un protector de asesinos, y que con la aplicación estaban promoviendo la comisión de estos delitos, por lo que visitamos el Juzgado Departamental de la Adolescencia, para conocer las circunstancias de su liberación.

En el juzgado fuimos atendidos muy amablemente por la juez de Distrito Penal de Adolescente, Hellyn Arce de Castillo, quien antes de dar a conocer los elementos a los que se basó para dejar en libertad al adolescente, hizo una breve reseña sobre los artículos 71, 106 y 224 del Código de la Niñez y la Adolescencia, que establecen los derechos del adolescente y las prohibiciones, sobre su caso.

La judicial dijo que para tomar la decisión, después de analizado el caso, ya que se está ante un parricidio, se basó en varios elementos. Uno de ellos es que hubo detención ilegal por parte de la Policía, que aplicó el artículo 95, que establece en una de sus partes que “comprobada la existencia del delito o falta y la responsabilidad, la juez competente resolverá aplicando cualquiera de las medidas de protección especial establecida en el libro segundo de este Código o de las medidas comprendidas en este libro, exceptuando la aplicación de cualquier medida que implique privación de libertad”, esto para los adolescentes que tengan entre 13 y 15 años cumplidos, aseguró.

Otro de los elementos que la judicial dijo haber tomado en cuenta para dejar en libertad al adolescente, es la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia. Esta jurisprudencia procede de la sentencia o resolución 215 del 30 de enero del 2002, titulada “Nulidad del proceso por razones de edad”, y establece que el adolescente es menor si no ha cumplido los 16 años, por lo que después de este análisis, lo que hizo fue aplicar lo que dice la ley.

Arce fue clara al manifestar que el haberlo dejado en libertad no significa que no se va a procesar. El proceso continúa hasta demostrar la culpabilidad o inocencia, y si después resultara culpable, pues se aplicarán las medidas correctivas correspondientes, pero mientras eso ocurra, el jovencito enfrentará el proceso en libertad, porque el Código no significa impunidad.

Señaló que dentro de las medidas que ya le fueron aplicadas, está la custodia y vigilancia de su mamá, además que no brindó declaración, derecho que se lo establece la Constitución Política de la República, y se le realizó un peritaje psiquiátrico, finalizó la judicial.

No obstante, el comisionado Raúl Monge, jefe de la Policía jinotegana, dijo que en ningún momento se realizó una detención ilegal, todo se hizo entre las 12 y 24 horas que establece la ley. Por tanto, para el jefe policial, la captura cumplió con todos los elementos que sirvieron para conocer que estaban ante un parricidio.

Monge aclaró que la Policía realizó todo un proceso investigativo, en el que llegó a la conclusión de cómo se habían registrado los hechos, cómo se intentó borrar huellas en la escena del crimen, y, además, que dio con los objetos que fueron utilizados para cometer el asesinato, “pero la juez tiene potestad, ya que se la otorga la ley, para aplicar la medida que ella considera adecuada… la Policía ahí ya nada tiene que ver, pero en ningún momento hubo detención ilegal”, insistió el jefe policial en Jinotega.

La fiscal departamental de justicia, Ana Isabel Sequeira, admitió que lo ocurrido fue un parricidio, debido a los elementos presentados por la Policía, y considera que había suficientes elementos para que el adolescente mereciera la prisión preventiva, por los artículos 190 y 203 del mismo Código de la Niñez y la Adolescencia.

Sequeira señaló que la Fiscalía analizó bien el artículo 94, y después de comprobar que todos los elementos del crimen se ajustaban a dichos artículos, pidió prisión preventiva, pero la juez optó por la libertad, basada en la edad que fue discutida, debido a que una persona es mayor de 15 años cuando ésta haya cumplido 15 más un día, porque a los menores de quince no se les puede aplicar ese medida de prisión preventiva, concluyó.

Lo que el Código pretende es rescatar al menor y buscarle el camino adecuado para su desarrollo, corregir sus errores, ya que muchas cosas las hacen sin pensarlo, por falta de razonamiento, muy diferente cuando el adulto comete un delito.