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Tras siete meses de disfrutar la libertad, ayer Karla Patricia Picado Aragón y Jesús Francisco Alemán fueron puestos en prisión preventiva  por el asesinato de Domingo Ortega Gómez, quien murió tras recibir 20 puñaladas el 17 de abril, dentro de su negocio, el Bar Azul.

Picado y Alemán podrían pasar presos los próximos 30 años de su vida, porque la fiscal Verónica Reyes le solicitó a la juez Tercero Penal de Juicio, Rosario Peralta, que castigue a los acusados con la pena máxima establecida por nuestra legislación (30 años de presidio), porque a su juicio hubo alevosía, premeditación, abuso de confianza y el crimen se realizó de noche.

Son ignorantes y reos primarios

Los abogados defensores solicitaron a la judicial que sólo les imponga a los acusados 15 años de presidio, es decir, la pena mínima, atendiendo al hecho de que tienen escasa instrucción escolar y son reos primarios.

La juez programó la audiencia de notificación de sentencia para el próximo nueve de noviembre, pero desde ayer los imputados comenzaron a cumplir su pena porque inmediatamente después de que el tribunal de jurados los declaró culpables, Peralta calificó los hechos como asesinato, les revocó las medidas cautelares alternas a la prisión de las que gozaron hasta ayer y los mandó a la cárcel.

Hay que recordar que el proceso fue “accidentado” porque para que de una vez llegara a su fin se necesitaron siete intentos para conformar el tribunal de jurados. La penúltima vez que la judicial conformó jurado el mes pasado, tuvo que anularlo porque los acusados aparentemente viciaron el proceso amenazando a los jurados y víctimas.

Aunque Picado y Alemán fueron capturados en la escena del crimen, cargando los cuchillos, guantes y el celular de la víctima, el que la acusada llevaba escondido en sus partes íntimas, obtuvieron su libertad a finales de julio por vencimiento de término porque aparentemente por estrategia, una familiar fue a buscar a la juez a su casa, y aunque no la encontró, tal acción trajo consigo una excusa, luego el caso pasó al Tribunal de Apelaciones, que devolvió el caso a Peralta para la tramitación del proceso.

En todo ese tiempo, el término de tres meses para tener a una persona detenida sin sentencia se venció, por lo que la juez tuvo que sacarlos de la cárcel.

Durante el juicio, los defensores atacaron al testigo clave, Julio César Guido, y las pesquisas policiales, pero no pudieron aportar prueba para corroborar que Picado y Alemán estaban en el bar por casualidad, es decir, para tener relaciones sexuales extramatrimoniales, como alegaron.