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LEÓN

Cayetano Alberto Rosales Narváez, de 45 años; Marcia Lorena Velásquez Alfaro, de 44, y Jonathan Gonzalo González Velásquez, de 18 años, fueron detenidos por la Policía en presencia del fiscal departamental Freddy Arana Rivera por supuesta posesión y tráfico interno de drogas.

Después de siete horas ininterrumpidas de ejecutar una orden de allanamiento en la vivienda de Rosales Narváez, en el reparto “Che Guevara”, en el sector del Rastro Municipal en León, la Policía encontró 151.396 gramos de marihuana y 149 piedras de cocaína con un peso de 11.745 gramos.

Además de la detención de las tres personas y la incautación de la droga, se decomisaron cuatro televisores, cuatro DVD, cuatro cámaras digitales, cinco bicicletas, 239 dólares, 50 tarjetas de celular y otros electrodomésticos.

El capitán Silvio Saborío, vocero de la Policía en León, señaló que a través del trabajo investigativo de la Policía y por las múltiples denuncias de los habitantes del reparto “Che Guevara”, en el sector sureste de León, se logró desarticular uno de los expendios de droga más grandes y reconocidos por las autoridades.

“También mi vecina”

Al momento del allanamiento, Marcia Lorena Velásquez Alfaro, una de las personas detenidas, admitió vender drogas y señaló a su vecina, Isabel Carolina Darse Bravo, de comercializar el mismo producto.

El fiscal departamental Freddy Arana Rivera expresó que los expendedores de droga se aprovechan de la pobreza en que viven muchas familias en este tipo de repartos periféricos.

“La población tiene muchas dificultades para sobresalir en medio de tanta pobreza, particularmente la juventud, que es bombardeada por estos expendedores. Aquí se almacena la droga y posteriormente se vende en otro sector cercano”, dijo Arana Rivera, tras agregar que las personas detenidas tendrán que enfrentar un proceso judicial en los próximos días.

Varios jóvenes que observaron la detención de Cayetano Alberto Rosales Narváez, se acercaron llorando sinceramente hasta la camioneta de la Policía y expresaban su solidaridad. “Tío... vos no estás solo”. “Tío... vas a salir”. “Tío... te vamos a esperar”, mientras que Rosales Narváez, muy serenamente, los regañaba porque los veía llorar.