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El círculo de la violencia parece nunca cerrarse en este barrio situado en el perímetro del Reparto Schick, donde fueron acribillados cuatro jóvenes. Murieron tres de ellos y un cuarto quedó parapléjico.

Esto, porque ese barrio ubicado en la periferia oriental de la capital, a lo largo de su corta historia ha sido teatro de hechos sangrientos que han conmocionado a sus habitantes.

Al igual que otros barrios marginales de Managua, esta vecindad no ha escapado al fenómeno de las pandillas juveniles que tuvieron su máxima efervescencia a inicio de la década pasada.

A pesar que son muchos los crímenes acontecidos en las calles del “René Polanco”, donde no es extrañó ver a hombres semidesnudos con los cuerpos tatuados hay dos hechos que perdurarán en la memoria de sus habitantes.


El hombre del Ak
Vecinos recuerdan la tarde del 23 de junio de 1996, cuando el ex militar Mario Obregón, hastiado que su casa fuera “trinchera” de batallas callejeras y con sus tragos “entre pecho y espalda”, dispersó una batalla campal que sostenían “Los Puenteros” y “Los Polanco”, armado de un poderoso fusil ak 47.

Como resultado de la inusitada reacción de Obregón, fue abatido de tres impactos de bala Emerson Antonio Duarte Medina, quien en ese entonces tenía 15 años.

Doce años después de aquellos sucesos violentos que pusieron al Barrio “René Polanco” en las primeras páginas de los periódicos y los titulares de los noticieros radiales, el paradero de Obregón sigue siendo un misterio.

Miriam Duarte, madre de crianza de Emerson Antonio, recuerda que ese día trágico, los chavalos del barrio, entre los que estaba la víctima y su sobrino, Alexander Zambrana Duarte. Jugaban “a la guerra”, tirándose bolsas de agua.

Sin embargo, aquella batalla de “bolsazos” se convirtió en una guerra de pedradas cuando incursionaron al barrio los miembros de la pandilla “Los Puenteros” y lesionaron en un pie a Alexander Zambrana.

En respuesta al ataque de “Los Puenteros”, sus similares del Barrio “René Polanco” decidieron tomarse la justicia por cuenta propia, enfrentándose a los primeros. Así quedo en medio del fuego cruzado la casa de Obregón, quien en ese momento celebraba a su manera el Día del Padre.


Junio sangriento
Paradójicamente, 12 años después, el Barrio “René Polanco” de nuevo es sacudido por otro hecho sangriento, aparentemente motivado por una venganza. Al igual que en aquel entonces, este hecho sangriento se produce en junio, con sólo seis días de diferencia entre una fecha y otra.

El crimen de Emerson Duarte Medina aconteció el 23 de junio de 1998, y el múltiple homicidio en que perecieron Alvaro Collado Gutiérrez, César Augusto Medina y Leslie Giovany Garay, se produjo la noche del 29 de junio pasado
Los matones también acribillaron al adolescente Ángel Medina Useda, quien quedara parapléjico y sin parte de su dentadura, la cual perdió a consecuencia de un impacto de bala hecho a quemarropa.

A pesar que las autoridades policiales sostienen que todavía no se puede decir el móvil del triple asesinato los familiares de la víctima y los vecinos del “René Polanco” aseguran que el triple crimen está motivado por una vendetta por la muerte de Miguel García Orozco, alias “Miguelito”.

Este joven, considerado por algunos pobladores como el jefe de la pandilla “Los Cholos”, fue salvajemente asesinado de 64 estocadas y lapidado con un adoquín, hace cinco meses.

Para don Carlos Medina, padre de César Agusto Medina, uno de los muertos, y de Angel de Jesús Useda, el sobreviviente, en esta acción “pagaron justos por pecadores”.

La afirmación del padre de los hermanos Medina Useda es compartida por los familiares de Leslie Giovany Garay y por parientes de Emerson Duarte, quienes conocían a las víctimas.

De los tres jóvenes asesinados, sólo Alvaro Collado estuvo preso después del crimen de “Miguelito”, pero fue puesto en libertad por la Policía 48 años después, luego de comprobar que no tuvo nada que ver con el asesinato atroz perpetrado con Miguel García Orozco.


Jóvenes sin anhelos
A César Augusto Medina, Alvaro Collado y Leslie Giovany Garay, el destino no sólo los unió en la muerte, sino también en su tormentoso andar por la vida, pues los tres incursionaron en el vicio de la droga, a como lo reconocen sus familiares en entrevistas por separado.

Alvaro Collado, quien dejó en la orfandad a dos niños que procreó con Joselin Silva Rodríguez, reconoció que su marido tenía “amistad” con los miembros de la pandilla “Los Cholos” y que por eso todas las noche se reunía con éstos.

“Por esas amistades con esa gente --Los Cholos-- es que él se volvió adicto a la droga y desde hace varios meses no se preocupaba ni por buscar trabajo”, relató la mujer.

Al ser preguntada cómo hacía para la manutención de la familia, Joselin Silva dijo que la pasaba del dinero que mensualmente le mandaba su suegra, quien radica en Panamá.

Paradójicamente la mamá de Alvaro Collado, según Silva, sintió alivio al ser avisada de la muerte de su vástago, porque éste desde adolescente le dio problemas involucrándose con pandillas en Granada, de donde era originario y donde recibió cristiana sepultura.

Por caminos similares a los de Alvarado transitó durante su existencia terrenal César Agusto Medina Useda, confesó su padre, Carlos Medina. El padre de los hermanos Medina Useda, quien es pastor evangélico, relató que su asesinado hijo estuvo preso una vez, pero fue absuelto después de varios meses de prisión.

“Estando en la cárcel me dijo que había aceptado a Cristo, pero cuando salió volvió con sus viejas amistades y se descarriló en el mundo del vicio”, manifestó don Carlos Medina. Sin embargo, el señor Medina aclaró que ninguno de sus dos hijos tenía vínculos con los miembros de la pandilla “Los Cholos”.


A la tercera la vencida
Al igual que sus amigos de infortunio, Leslie Geovany Garay también sucumbió ante el flagelo de la drogadicción, y se mantenía el vicio con el dinero que se ganaba haciéndole mandados a los vecinos. “El era muy conocido entre los vecinos y su único pecado el guaro y la piedra de crack”, afirmó Fátima López, tía paterna del joven asesinado.

Los familiares de Leslie Giovany Garay no dudan en señalar como uno de los autores del triple asesinato a David Godoy, quien en dos ocasiones casi mata al primero por razones desconocidas. “La primera vez le clavó una tijera en la espalda y hace tres años lo macheteó y lo apuñaló”, contó doña Fátima López, quien asegura que su sobrino no era parte de la pandilla que mató a “Miguelito”, crimen que supuestamente provocó el baño de sangre hace dos semanas en ese barrio.



Investigación sigue abierta
La jefa de la Estación Cinco de Policía comisionada Erlinda Castillo, asegura que aunque hay cinco personas presas como sospechosas de haber perpetrado el triple asesinato y las lesiones graves a un hermano de las víctimas fatales, las investigaciones siguen abiertas.

“Seguimos en la búsqueda de personas, armas y del automóvil que se asegura fue visto antes de los sucesos violentos de esa noche”, afirmó la jefa policial.

Para la comisionada Castillo no es correcto que se diga que los tres crímenes de la noche del 29 de junio, en el Barrio “René Polanco”, son una venganza por la muerte de “Miguelito”, porque las investigaciones no han concluido.

De acuerdo a la jefa policial, decir que el triple asesinato es un acto de venganza es elevar a la categoría de héroes a los autores de los crímenes.

“Lo más importante es que estos hechos no se vuelvan a repetir y en esto todos somos responsables”, recalcó la comisionada Castillo, quien tiene 18 meses de estar al frente de esa delegación policial.

La comisionada Castillo dijo que evitar la violencia no es sólo una tarea de la Policía, sino de toda la sociedad en su conjunto y principalmente los padres de familia.

Definitivamente episodios de violencia como las antes narrados están relacionados a la pérdida de valores en la sociedad nicaragüense.