Jorge Eduardo Arellano
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CARAZO

Eran las tres y media de la tarde cuando se recibió una llamada en la estación del Benemérito Cuerpo de Bomberos en Jinotepe, en la que afirmaban que Francisco José García Valerio, de 32 años, estaba dentro de una procesadora de cemento, incrustado en las aspas de la misma.

El hecho estremecedor ocurrió en el kilómetro 48 de la carretera Nandaime-Jinotepe, en el interior de la empresa de elaboración de bloques, Codimaco, propiedad de Mayela Gutiérrez García.

El teniente Luis Cerda, responsable del grupo de rescate del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Carazo, informó que 25 miembros de la institución, sumados a socorristas, policías y médicos especialistas de los hospitales Santiago, de Jinotepe, y el Harmin, colocaron oxígeno y lo canalizaban minuto a minuto para salvarle la vida al obrero, que lamentablemente pereció en horas de la noche en el hospital de referencia nacional “Antonio Lenín Fonseca”.

De acuerdo a la información de los paramédicos, el trabajador de la construcción pasó tres horas prensado en la máquina que estaba limpiando al momento del accidente. Los testigos afirman que la procesadora de pronto se activó y lo succionó.

Después de la ardua labor del equipo que llegó a auxiliar, al infortunado lo sacaron de la poderosa maquinaria presentando shock, fracturas expuestas en todo el cuerpo más politraumatismo.

“Su estado era delicado, por eso decidimos trasladarlo a Managua, pero desafortunadamente expiró”, expresó Javier Muñoz, galeno de turno del Hospital Regional Santiago, donde el joven fue atendido primero por una batería de médicos que trataban de cortar la hemorragia de varios de sus miembros.

Pero al final, el sangrado provocó la muerte del humilde hombre, quien habitaba en una casa construida con viejas hojas de zinc y plástico, a la orilla de un cauce, en el Barrio La Competencia, de esta ciudad.

Según lo aseverado por familiares del trabajador, éste tenía tres semanas de laborar en la bloquera, donde devengaba un salario de ochocientos córdobas semanales, para el sustento de su pequeño hijo de cuatro años, que hoy queda en la orfandad.

“Sólo la caja, los gastos de la vela y quinientos córdobas es lo que hemos recibido por parte de los propietarios de la empresa, y lo peor que ni si quiera estaba asegurado”, resaltó Rosa Isabel Aburto Valerio, hermana de la víctima.

Por su parte, Orlando José Narváez, compañero de trabajo del infortunado, comentó: “Nunca han pagado seguro a los trabajadores y eso que para poder ganar cien córdobas tenemos que fabricar tres mil bloques. Yo también estuve a punto de perder la vista, al caerme mezcla de cemento en mi ojo derecho”, acotó Narváez, quien labora en la fábrica donde ocurrió el suceso y es vecino de occiso.

EL NUEVO DIARIO conversó vía telefónica con la señora Mayela Gutiérrez, propietaria de la bloquera. Al preguntarle sobre el accidente y el seguro del fallecido, ella expresó que “la ayuda a la familia era incondicional, pero que por andar desvelada y con los últimos detalles del entierro no podía dar declaraciones”.

El Código del Trabajo, en el capítulo I, de la higiene y seguridad ocupacional --en el artículo 114--, plantea que cuando el trabajador no esté cubierto por el régimen de seguridad social, o el empleador no lo haya afiliado al mismo, éste último deberá pagar las indemnizaciones por muerte o incapacidad ocasionadas por accidente o riesgos profesionales.

Es importante mencionar que siempre en trabajos tan arriesgados como éste, hay que tomar las debidas medidas de precaución para evitar accidentes como el ocurrido el pasado jueves 24 de julio en la constructora.