•   JÍCARO, NUEVA SEGOVIA  |
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Un agente le gritó alto y el hombre se detuvo con su bicicleta, en la  que llevaba en la parrilla una maleta envuelta en un saco.

--¿Qué llevás allí?-- preguntó el uniformado con un foco encendido,  porque era de madrugada,  pero no esperó respuesta del sujeto que tenía la cara “lívida y más blanca” que un papel,  porque sintió un hedor putrefacto. Era la cabeza de un ser humano.

Ahí terminó  el misterio de los restos humanos que la Policía recogió en un  cauce la tarde del pasado 13 de octubre, frente a los pozos de Enacal, informó el subcomisionado Nixon Morán, jefe de la Dirección de Auxilio Judicial de la Policía neosegoviana.

Ese día,  dentro de la bolsa plástica que la Policía halló sólo estaban los miembros superiores e inferiores y una camiseta negra con una leyenda en inglés en letras blancas, así como una gorra negra tipo Nike, elementos que contribuyeron a marcar las pistas de investigación. Faltaban el tronco del cuerpo y la cabeza.

 El sujeto de la bicicleta es Luis Armando Herrera Alaniz, de 21 años, sobrino de Rey Alaniz Cerros, de 52, el infortunado que fue despedazado.

Coartada
Después de que la Policía examinó los restos que  Herrera llevaba en la parrilla del  biciclo, admitió el crimen contra su tío, llevó a las autoridades y al médico forense, Jorge Calderón Gutiérrez,  a inspeccionar el tronco del cadáver, el cual estaba tirado en otro cauce, a unos 80 metros de la casa del supuesto homicida.

Testigos dijeron a la Policía que este muchacho llevaba varios días tomando  licor con el tío. Según el joven,  estaban solos en su casa en la comarca El Sardinal, ingiriendo la bebida espirituosa, cuando Alaniz le habría confesado que él había matado a su  abuelo. Tal revelación desató en el joven “el demonio de la venganza”.  

“Lo agarré a machetazos y le propiné 7 filazos, con los que expiró. Una vez muerto busqué opciones para desaparecer el cadáver y para ello lo desmembré, llevando los brazos y piernas al primer cauce; después semienterré el tronco y la cabeza en el patio de la vivienda”, dijo.

En su declaración ante la Policía, relató que para evitar que lo descubrieran,  optó por desenterrar los restos y llevarlos lejos de ahí, y en esa actividad fue que la Policía lo encontró, cargando la cabeza en avanzado estado de descomposición. Allí mismo llevaba las dos armas homicidas: un cuchillo y un machete. Ayer la Policía lo llevó al juzgado, donde lo acusaron.