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La suerte le jugó una mala pasada a Juan Isidro Hernández Cabrera, de 63 años, ayer a eso de las 3:30 de la tarde, porque  tropezó con una piedra y cayó al pavimento, justo cuando daba la vuelta un bus de la ruta 111, y las llantas traseras le pasaron sobre el abdomen, por lo que falleció instantáneamente.

El accidente se produjo en el tope sur de Bello Horizonte, cuando a Hernández Cabrera le faltaba media cuadra para llegar a su casa. Él era un indigente que se ganaba la vida recogiendo latas y botellas plásticas en distintas calles capitalinas.

Al lugar se hicieron presentes algunos familiares de Hernández, entre ellos su sobrino Pedro Vallecillo, de 33 años, quien intentaba persuadir a Alberto Alfaro Castellón, de 40 años, conductor del autobús placa M 0928,  para que llegaran a un acuerdo, pero este no quiso referirse a la posible mediación.

“Yo le digo al señor (Alfaro Castellón) que arregle con la familia, que nosotros vivimos aquí cerca, pero está ahí encerrado”, señaló Vallecillo.

Saco lo desequilibró
A la escena del accidente se hicieron presentes las autoridades de Tránsito del Distrito IV de Policía, quienes entrevistaron a Víctor Dionisio Valdivia, de 31 años.

“Yo venía detrás del bus y miré cuando el señor se tropezó con la piedra, pero los dos sacos que cargaba a cuesta parece que lo ladearon y cayó debajo del autobús”, manifestó el testigo.

Los familiares de  Hernández Cabrera dudaron cuando estaban decidiendo que si permitían o no que el cuerpo fuese trasladado al Instituto de Medicina Legal,  porque no querían interponer denuncia para llegar a un acuerdo con Alfaro Castellón.

La víctima tomaba licor desde hace más de 20 años, habitaba con sus tres hijos en el barrio Primero de Mayo.

Los vástagos del indigente se ganan la vida vendiendo flores en la entrada del Cementerio Periférico.