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Los vecinos de doña Juana María Roque García, de 48 años, nunca sabrán de qué murió, porque el cuerpo no fue trasladado al Instituto de Medicina Legal.

Todos se asustaron al escuchar ayer a las seis de la mañana a Francisco Martínez Zelaya, de 80 años, pedir ayuda, porque su esposa, Roque García, se había desmayado.

“Corrí a ver qué había sucedido, el viejito buscaba hojas de naranja agria, porque decía que doña Juanita se agarró el pecho y después se desplomó, pero cuando fuimos a ver ella tenía los labios blancos y las manos moradas, llamamos a Cruz Roja, pero no vinieron, porque dijeron que ya había fallecido”, dijo Miriam Bravo, de 22 años, una de las vecinas de la víctima.

“El pobre don Francisco no quería creer que su esposa ya estaba muerta, él insistía en decir que únicamente estaba desmayada”, comentó Bravo.

Los vecinos del barrio Sol de Libertad de Managua, donde la pareja tenía más de diez años de residir, aseguran que Roque García falleció de tristeza, porque nunca tuvieron hijos y su sobrina se les murió.

Lloraba
“Ella vivía llorando todos los días, desde el 16 de enero, cuando un camión mató a su sobrina de diez años, en carretera a Masachapa, donde trabajaba palmeando tortillas. Doña Juanita había criado a esa niña desde que estaba tierna, después que la hermana falleció y le dieron la tutela. Su tristeza era porque luego de perder a su hija de crianza, el conductor del camión no fue apresado, ni tampoco juzgado. Ahora el pobre viejito también se va a morir de tristeza”, comentó Bertha Flores, de 60 años, sobrina de Martínez Zelaya.

Los vecinos del barrio Sol de Libertad realizaron una colecta para sufragar los gastos fúnebres, porque con los “rumbos” y con lo que gana por la venta de chatarra, Martínez Zelaya no iba a poder sufragar el funeral.


Los restos de Roque García descansarán en el cementerio Milagros de Dios.