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  • Diario Extra

Después de 23 horas de la tragedia, el jueves en la tarde apareció el cuerpo del niño nicaragüense Gilberth Suárez Suárez, quien fue arrastrado por las contaminadas aguas del río Tiribí, a la altura de Villa Esperanza, Pavas, cuando se fue a bañar para festejar que estaba cumpliendo 12 años.

El cadáver fue encontrado en el lugar conocido por los lugareños como “La Cueva del Diablo”, por tres jóvenes que desde la mañana y armados con cuchillos, palos y mecates salieron a buscarlo por todos los recovecos del cauce.

Ese lugar es un hueco profundo, donde las corrientes y los remolinos hacen que todo ser vivo que caiga ahí, perezca. El menor estaba en el centro del cauce, enredado entre dos piedras.

“Mis amigos me dijeron que fuera a llamar a la Policía para que avisara que lo habíamos encontrado atrapado entre unas piedras. Nosotros salimos desde la mañana y lo encontramos pasada la una p.m.”, declaró Alexander Brenes, uno de los tres amigos.

El hallazgo se hizo a la 1:30 p.m., y pasadas las cinco p.m. el cuerpo fue recuperado y puesto a la orden de los oficiales del Organismo de Investigación Judicial, OIJ. Desde que se dio la voz de alerta, un contingente de amigos, vecinos y familiares se dirigió al lugar, donde se centró la atención de la Fuerza Pública y la Cruz Roja.

El rescate
Los rescatistas de la Cruz Roja tuvieron que instalar un equipo vertical y en un operativo sin precedentes, con el uso de cuerdas, el cadáver fue rescatado y llevado a un lugar seguro, donde fue empaquetado y sacado del cauce.

Sergio Flores, jefe de Operaciones de la Cruz Roja, declaró que estaba muy satisfecho porque la búsqueda y la recuperación del cuerpo fueron exitosos.

“Estaba en un lugar de muy difícil acceso y se vieron obligados a realizar un rescate muy complicado que se postergó por más de dos horas, porque tuvimos maniobras muy difíciles”, explicó Flores.

Al concluir el operativo, tanto la madre como el padre de Gilberth Suárez Suárez tuvieron un shock nervioso, por eso debieron recibir atención medica y psicológica.

La desaparición de Suárez ocurrió el miércoles a la una p.m., cuando el menor bajó hasta el cauce del Virilla, con dos compañeros de la sección 4-3 de la Escuela Daniel Oduber, para darse un chapuzón.

Uno de los niños que lo acompañaban explicó que Gilberth les dijo que para festejar su cumpleaños quería meterse a nadar, por eso a las 11:20 a.m., hora de salida de la escuela, comenzaron a caminar hasta el cauce del Tiribí. Bajaron por una zona muy intrincada hasta que por fin llegaron al río.

Comentó que la víctima comenzó a quitarse la ropa, quedó en calzoncillo y cuando iba a meterse al agua se resbaló y cayó. Comenzó a levantar las manos y la cabeza pidiendo ayuda, pero sus amigos no pudieron hacer nada por auxiliarlo.

Familia pide ayuda para repatriar restos
De inmediato comenzaron a llamarlo por su nombre y gritarle para ver si había salido. No tuvieron respuesta pero insistieron mucho rato y cuando se cansaron, tomaron sus mochilas y se marcharon.

Uno de los menores le contó lo sucedido a su madre, quien después de escucharlo lo acompañó hasta la escuela para comunicarle la noticia a Rosibel Araya, directora de la Escuela Daniel Oduber. Fue la docente quien hizo la llamada al 911.

Entre sollozos y lágrimas, la familia de Gilberth Suárez Suárez solicitó al gobierno, organizaciones de bien social y costarricenses, que les colaboren para trasladar el cuerpo a Nicaragua y darle sepultura. Pese que el niño estaba feliz en Costa Rica, quería regresar a su país, por eso sus padres tienen la esperanza en que personas de buen corazón les ayuden con dinero en efectivo, el cual pueden hacer llegar llamando al teléfono tico 8637-0650.