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  • Tomado de Diario Extra y Prensa Libre

Seis constructores que viajaban en una camioneta, desde Bijagua hacia Cañas, en Guanacaste, cayeron en un precipicio de 30 metros, donde cuatro de ellos lamentablemente fallecieron y dos más, de nacionalidad nicaragüense, resultaron heridos.

Postrado en una cama de la clínica de Cañas, en Guanacaste, el nicaragüense Ricardo Jirón López, de 24 años, revivió los momentos de angustia y terror que vivió tras caer con todo y vehículo a un guindo de 30 metros.

“Cuando iba en el aire me encomendé a Dios, le pedí perdón por mis errores y le supliqué que me diera una segunda oportunidad de vida, después todo fue oscuridad. Les dije a mis compañeros que empezaran a rezar porque este era el fin, pero nadie me respondió, mientras el agua empezaba a llenar el carro, estaba desesperado”, recordó.

Jirón aseguró llorando que no volverá a tomar licor. “Por mi hijo Matías de un año y tres meses y mi esposa Aura no volveré a tomar guaro, Dios me tiene en este mundo con un propósito y viviré por ellos. Tengo que aceptar que tomamos, es un verdadero milagro estar con vida, solo tengo un golpe en la cabeza”, dijo.

Jirón es oriundo de Carazo, Nicaragua, y tiene más de un año de no visitar a sus seres queridos. En Costa Rica se dedica a la instalación de cielos suspendidos y paredes livianas, ganándose la vida honradamente.

Tras el impacto, dos cuerpos salieron expulsados, los demás perdieron la vida. “Sospechamos que Jorge --chofer del carro-- se quedó dormido, cuando nos percatamos estábamos en el fondo del río”, finalizó.

Las víctimas mortales fueron identificadas por las autoridades como Carlos Manuel Castillo Umaña, de 29 años; Jorge Antonio Chavarría Molina, de 35; Leonel Espinoza, y un cuarto que aún las autoridades no han identificado. Estos últimos eran de nacionalidad nicaragüense.

Después del accidente, Jirón López, de 23 años, y Ricardo Gutiérrez Delgado, también de nacionalidad nicaragüense, fueron llevados hasta la clínica de Cañas y al Hospital Enrique Baltodano, de Liberia, respectivamente.

El accidente ocurrió a las 10:45 de la noche de este lunes en el puente del Río Tenorio, que se encuentra en la comunidad Río Chiquito, de Bagaces.

“Según algunos vecinos, fueron vistos aparentemente en un bar tomando algunas cervezas, luego salieron a gran velocidad sin respetar un ceda que había metros antes de ingresar al puente, lo que provocó que cayeran al guindo”, explicó Wismerg Rodríguez, oficial de la Policía de Tránsito.

Saltó al vacío

Warner Pichardo, policía de la Fuerza Pública que atendió el accidente, manifestó que un vecino dio la llamada de alerta y que junto con otro familiar iniciaron las labores de rescate.

“Rescatamos a dos personas luego de tirarnos al río, uno estaba dentro de las latas retorcidas y el otro agarrado a una piedra para que no se lo llevara la corriente. Empezamos a llamarlos y uno de ellos contestó y levantó la mano, mientras que el otro estaba inconsciente y botando mucha sangre por diferentes lados”, recordó.

Pichardo agregó que el carro quedó con las llantas hacia arriba y empezaba a llenarse de agua muy rápido y lo único que pretendía era ponerlos a salvo para que no murieran ahogados ni de frío.

El conductor del vehículo accidentado, placas CL-257729, Jorge Chavarría, no pudo ingresar al puente y perdió el control hasta caer 30 metros, donde impactó contra dos grandes piedras.

Las autoridades investigan varias hipótesis sobre las posibles causas del accidente, el exceso de velocidad, el irrespeto a una señal de ceda, lo oscuro de la zona y la ingesta de alcohol que pudieron haber mediado para que perdieran el control de la camioneta.

Los equipos de rescate tardaron más de tres horas en extraer los cuerpos de la estructura metálica, además que el terreno es de difícil acceso.

Primer día de trabajo

Fue este lunes que el grupo de cuatro nicaragüenses habían abandonado San José para empezar en su primer día de labores, una mejor oportunidad económica para el bienestar de sus familias.

Jorge Chavarría era quien conducía la camioneta, además era el patrón del grupo de hombres que habían terminado sus labores en la puesta de gypsum en una vivienda.

María Luisa Lippi, consuegra de Jorge Chavarría, comentó que era un hombre muy trabajador.

“Tenía una venta de pinturas en su casa y se dedicaba a hacer trabajos de construcción donde tenía sus cuadrillas. En el carro iba a recoger y dejar a los peones. Era el único hombre de la familia, tenía cuatro hermanas, estaba casado con una profesional y deja una hija de cuatro años”, acotó.

Los vecinos de Cañas en Guanacaste le decían “Jorgito” y era cañero, ya que toda su vida vivió en ese cantón.

“Era un pulseador y muy querido en el barrio, extrañaremos su don de gente, quedará entre nosotros”, dijeron.