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El único testigo de la muerte de Ángela Mejía, de 52 años, fue la soledad en la que se mantenía y que la sumergió durante varios años en el alcohol, según manifestó su compañero de vida, Jerónimo Reyes Obando, de 55.

“Ella era enferma, era alcohólica, durante muchos años estuvo tomando licor, no sabemos qué fue lo que le provocó depresión. Yo vivía aquí con ella, pero cuando le daba por tomar, me corría de la casa y no me dejaba entrar, la última vez que estuve fue el sábado, me fui a trabajar y cuando regresé ya no me quiso abrir, luego el domingo volví y no contestó, hasta que los vecinos llamaron a la Policía, porque sospecharon que algo andaba mal por el fuerte hedor que se sentía”, dijo Reyes.

Ayer peritos e investigadores del Distrito VI de Policía se presentaron a Villa El Progreso, de la rotonda La Virgen, una cuadra al sur, donde estaba el cuerpo. Con la ayuda de los vecinos rompieron la puerta para poder entrar a la casa, donde el cadáver de Mejía estaba en medio de un charco de sangre.

“El cuerpo fue encontrado cerca de la entrada principal de la vivienda, entre la cocina y la primera habitación. Parece que la víctima se sintió mal, porque había charcos de sangre en toda la vivienda, e incluso Mejía intentó abrir la refrigeradora, pero el mal que le aquejó pudo más, al desvanecerse se trajo consigo una de las gavetas de la nevera”, informó el investigador que está a cargo del caso.

"Miraba Diablos Azules"

Los vecinos de la dama fallecida estaban sorprendidos por la tragedia y manifestaron que tanto la víctima como su marido vivían en su mundo, eran pocos comunicativos.

“Ella (Mejía) era bien retirada, con nadie hablaba ni tenía enemistad, parece que la señora ya no estaba bien, porque cuando andaba ebria le agarraba por pegarle con un palo al sillón, y decía que le estaba pegando a un viejo que no quería irse de su casa, hasta sacaba el sofá a la calle, luego venía el marido y lo volvía a meter, para mí que ella ya miraba los diablos azules”, comentó Guillermina Rosales, vecina de la víctima.

“Ella era poco comunicativa, el fuerte hedor empezó desde el domingo y el lunes era más fuerte, me imaginé que podía estar muerta porque tenía días de no verla. El marido la visitaba, pero ella no le abría la puerta ni le contestaba”, manifestó Yadira Mayorga, otras de las vecinas.

Mejía y su pareja procrearon dos hijas que formaron su familia. Una de ellas vive en Estelí y otra en Diriamba.

“Ellos dos (Mejía y Reyes) han tomado licor todo el tiempo, desde hace 14 años que ya no vivo aquí, porque tengo familia, igual mi hermana que hace ocho años vive aparte, pero veníamos a visitarlos los fines de semana”, dijo Verónica Reyes, de 35 años, hija de la víctima.

El cuerpo de Mejía fue trasladado al Instituto de Medicina Legal que determinó que el deceso fue por muerte natural.