Lésber Quintero
  •   Granada, Nicaragua  |
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Las condenas a nueve, ocho y siete años de cárcel que les impusieron en el Juzgado de Distrito Penal de Juicio de Rivas a los miembros de una banda de sicarios, que en septiembre del 2008 pretendían asesinar a seis rivenses, fue ratificada el 15 de febrero de este año por los magistrados de la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones de Granada, TAG.

Según la acusación, la banda era dirigida por el mexicano Miguel Ángel Hernández, y en sus filas tenía a los hondureños Arelis Omar Ávila, Santos Enrique Moreira, José Santos Benítez, Juan Ángel Sánchez, los hermanos Marcos José y Marlon Borjas Motiño, y la completaban los nicaragüenses Juan José Pérez González, Víctor Miranda Hernández, José Parrales Hernández y Erick Urbina López.

Todos fueron declarados culpables de crimen organizado, por lo que el tres de diciembre del 2008, la entonces juez de Juicio de Rivas, Ivette Toruño Blanco, condenó al mexicano a nueve años de prisión. Al resto les impuso siete años y sumó uno más a los hermanos Borjas Motiño, Ávila, Miranda Hernández y Pérez González por el delito de portación ilegal de armas de fuego.

A excepción de Urbina y el hondureño Sánchez, el resto de sentenciados apeló el fallo condenatorio a través de sus abogados, quienes cuestionaron la resolución de primera instancia, pero los magistrados rechazaron sus argumentos y declararon sin lugar los recursos de apelación interpuestos por estos.

La agrupación fue capturada a raíz del incidente ocurrido la madrugada del 18 de agosto del 2008, cuando dos motorizados realizaron múltiples disparos de fusil AK contra la casa de Jairo Cerda Calero, ubicada en el barrio “Juan Bautista Rivera”.

Después del incidente, la Policía conoció la lista mortal: Franklin Heriberto Torres, su hijo del mismo nombre, Hugo Alberto Obando, Mario Gazo González, Jairo Cerda Calero y la esposa de este, identificada como Yamileth Ramírez.

Los sicarios se enrumbaron a Rivas llevando la lista de las seis personas que iban a ejecutar, a quienes identificaron con número de cédulas y placas de los vehículos en que se movilizaban.

Pero cuando la Policía capturó a bordo de una camioneta a cinco de los sicarios, cerca de la Rotonda de Rivas, el plan de muerte se vino abajo, les decomisaron todas sus “herramientas” de trabajo y capturaron a un segundo grupo en Ochomogo, luego uno de los hondureños fue arrestado en Masaya.

Por qué los querían matar, quién y cuánto pagó a los sicarios, no lo decía la acusación, pero la sentencia contra los matones está notificada. Habrá que ver si los abogados recurrirán de casación.