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Un abrazo mortal fue lo que recibió Edmundo Hanford Mendoza Flores, quien tenía 24 años, por parte de quien él consideraba su amigo, Adonis Sánchez Cáceres, de 23, quien le asestó dos cuchilladas, una en la espalda y otra en el costado derecho del abdomen.

Víctima y victimario tomaron licor en el barrio Memorial Sandino, donde ocurrió el crimen la noche del domingo 19 de mayo, cuando Mendoza conversaba con un vecino en la acera de la casa de este último.

“Todo fue de repente. Dice don Richard que mi hijo estaba con él y, de repente, llegó Sánchez, quien le empezó a decir: ‘¿Te acordás que me llevaste a Boaco y me diste de comer y donde dormir?’ Sí, le contestó mi hijo, y se le acercó para abrazarlo, fue ahí cuando el sujeto sacó un cuchillo y se lo clavó, sin que hayan discutido, no sé por qué lo hizo”, recordó consternada Yolanda Flores, de 45 años, madre de la víctima.

¿Por qué?

En la vivienda de Mendoza todo era dolor. A un lado de la sala, Glendy Ramírez, de 23 años, la esposa de Mendoza, lloraba. Ella procreó dos hijos con la víctima, uno que tiene un año y medio, y otro que gesta en su vientre desde hace cinco meses. En el otro extremo había más parientes llorando.

Todos se preguntaban por qué Sánchez le arrebató la vida a Mendoza, su amigo de la infancia. Habitaban a media cuadra de distancia uno del otro.

“Hace unos ocho meses la víctima llevó a Sánchez a pasear un fin de semana a Boaco, para que conociera, porque toda la familia (de Mendoza) es originaria de ese departamento. ¿Quién sabe si ayer anduvieron tomando licor? Quizás cuando estaban ebrios se dijeron algo o discutieron”, comentó una vecina que prefirió no identificarse.

Después del crimen, Sánchez huyó, por lo que ahora es buscado por los detectives del Distrito I de Policía, para que responda por el delito de homicidio.

Los familiares del victimario dijeron desconocer las razones que tuvo Sánchez para cometer el crimen, y prometieron buscarlo para entregarlo a la Policía, porque no apañarán el delito que cometió.

 

Vigilante

Edmundo Mendoza Flores se desempeñaba como vigilante en una casa en Villa Fontana. Sus restos fueron trasladados a su natal Boaco.