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Cada día, la angustia de perder a su hija que apenas tiene diez años de edad, entristece a Edith Rostrán y a su marido, Marlon Antonio Gadea.

Su angustia no es para menos, porque su hija, Wendy Nayeli Gadea Rostrán, según el diagnóstico, tiene leucemia.

Como leona que cuida a sus cachorros, Edith trabaja a diario vendiendo verduras, para así ayudar económicamente en el hogar, porque como las desgracias nunca llegan solas, ahora su esposo es parte del numeroso “ejército de desempleados” que tiene el país.

Lo corren del trabajo

Gadea laboraba para una empresa que se dedica a construir y a dar mantenimiento a las vías del país, pero como faltó cinco días al trabajo, porque su hija estaba internada y en grave estado en un centro asistencial de Managua, cuando regresó le entregaron la carta de despido.

El administrador de la empresa le dijo que se le despedía por abandono de trabajo. Según Gadea, de nada le sirvió que presentara la constancia que le extendieron los médicos ni el epicrisis de su criatura.

Los padres de la niña son de escasos recursos económicos y desde que hace doce años se unieron en matrimonio, decidieron luchar hombro a hombro para sostener el hogar, pero las necesidades son múltiples y ahora que solo Edith trabaja, están pasando apuros.

Con la venta de verduras, la dama obtiene tan solo 700 córdobas a la semana, dinero que no alcanza para comprar los medicamentos y asegurar la alimentación adecuada a la enferma, por lo que solicita la ayuda del gobierno, empresarios privados, representantes de ONG, y personas altruistas.

Dijo que los médicos le han asegurado que su hija tiene posibilidades de salvarse con una buena alimentación y los medicamentos indicados. La afirmación es un ligero consuelo.

Edith elogia a su esposo, porque ha sido un padre responsable, tanto así que antes de unirse consensuaron la cantidad de hijos que debían procrear. Ahora con el problema que tienen, están pensando si en realidad quieren tener otro hijo.

Por un instante Edith trata de evadir la realidad que vive, pero la angustia que carcome su alma la vuelve a la realidad y recuerda que su hija necesita leche especial y medicamentos. Esto cuesta unos 2,500 córdobas al mes, dinero que no tiene.

Además, debe garantizar que su otra hija asista a clases, porque no desea que pierda la oportunidad de prepararse para el futuro.

 

El avance de la enfermedad

Edith Rostrán dijo que antes de que le detectaran la enfermedad a Wendy, tuvo un bajón en el peso y perdió el apetito. Eso fue la señal de alerta.

Posteriormente la niña tuvo fiebres y entonces su madre decidió llevarla al médico, quien descubrió que la menor tenía anemia profunda, luego les dio la infausta noticia de que padecía leucemia.

La situación es difícil para la familia y para la misma pequeña, porque por su debilidad dejó de asistir a clases.

Dado que el padre está desempleado, este acordó con su mujer dedicarse al cuido de su hija enferma, mientras la madre se dedica a vender verduras y a cuidar a la otra niña que procrearon.

Ambos progenitores de la criatura enferma solicitan a las personas que tengan la voluntad de ayudarles económicamente, que les llamen al celular 8698-1005.