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* En la última celebración religiosa que hizo, antes de partir a Honduras, donde fue víctima de dos criminales, pidió a los feligreses que oraran por él, para que regresara bien


Este religioso, quien llegó como misionero a tierras chontaleñas hace más de 20 años, pese a los dos derrames que sufrió en los últimos cinco años, no renunció a su labor sacerdotal.

“El padre Walter siempre fue un hombre valiente, quien pese a contar con la dispensa del obispo para descansar debido a sus dolencias, siempre siguió con su labor de pastor”, comentó el padre Paul Oporta Bermúdez, párroco de la Iglesia San Sebastián, en Acoyapa, Chontales.

Quienes conocieron al padre Walter Aguilar cuentan que cuando alguien le decía que mejor descansara, porque su salud se podía seguir deteriorando, él respondía: “Si Cristo no se bajó de la cruz ¿por qué yo voy a renunciar a mi labor?”.

El sacerdote de grata recordación entre los fieles de los municipios chontaleños de Comalapa, Juigalpa, Acoyapa y Lóvago, recuerdan que cuando las enfermedades comenzaron a minar sus fuerzas humanas, se inspiró en el ejemplo del Papa Juan Pablo II, pues pese a su avanzada edad y a su quebrantada salud cumplió con su labor de jefe de la Iglesia Católica hasta el último día de su existencia terrenal.

Acoyapa, tierra fecunda
Durante sus 16 años de vida sacerdotal, el padre Walter Aguilar estuvo en varias iglesias como ministro de la Palabra de Dios, pero fue en Acoyapa, Chontales, donde sus obras materiales y espirituales le reservaron, desde antes de su inesperada partida, un sitio de honor en el corazón y la memoria de ese noble pueblo.

Para los feligreses de Acoyapa, el padre Walter Aguilar no sólo llegó a reconstruir el templo físico que se estaba derrumbando por el pasar del tiempo, sino que hizo una obra mucho más importante, que fue la restauración de muchos templos espirituales. Fue este valioso soldado de Dios quien hizo que los fieles de Acoyapa volvieran al templo para compartir con la vida sacramental.

Entre las principales obras materiales que dejó para el recuerdo el padre Walter Aguilar, entre los fieles de su amado pueblo, están la capilla del Santísimo y el muro perimetral que ahora protege el templo y la casa cural.

Las puertas de la iglesia estaban por caerse, el balcón donde está el coro, ubicado por encima de la entrada principal, tenía la madera podrida, pero gracias al padre Walter ahora el templo está restaurado, relataron varias apesaradas señoras que integran la comunidad neocatecúmena.

Para Remy José Martínez la principal obra por la cual el asesinado religioso será recordado por siempre es la jornada de evangelización que hizo casa por casa en el casco urbano de Acoyapa y sus 16 comarcas.

Como San Juan Bosco
Imitando a Don Bosco, el santo de los niños y los jóvenes, el padre Walter Aguilar durante su estadía de seis años y ocho meses en la parroquia de San Sebastián, entregó gran parte de su labor pastoral al beneficio de los niños y los jóvenes.

En medio de la nostalgia por la inesperada y violenta muerte del sacerdote, las que un día fueron las “ovejas” que éste pastoreó recuerdan que el presbítero diocesano hacía recolectas entre los ganaderos y productores de la zona, para asistir a los niños más pobres de las comunidades que atendía.

“Para la Navidad el padre Walter iba a las casas de la gente con reales –adinerados-- y les pedía su contribución económica para hacerles una comida y los regalos a los niños más pobres en Noche Buena”, recuerdan sus conmovidos fieles.

Esta labor del padre Walter Aguilar se parece a la que hizo San Juan Bosco, quien en sus tiempos hacía recolectas para la construcción y manutención de los orfanatos que fundó en Turín, Italia, donde dio albergue a miles de niños abandonados, a quienes llamaba “Los Contileritos”.

“A bailar por un juguete” era la manera singular con la que el padre Aguilar invitaba a los acoyapeños a participar de las fiestas que organizaba para recolectar juguetes en beneficio de los infantes, cuyos padres no tenían para comprarles un presente navideño.

No obstante, aquellas invitaciones hechas desde el púlpito también iban acompañadas de una advertencia por parte del padre Aguilar y es que no aceptaría juguetes en mal estado o de bajo costo, porque eso lesionaría la inocencia de los niños que recibirían el presente navideño.

Remy José Martínez, quien junto a otros ex acólitos del padre Walter Aguilar, preparaba el templo con cortinas moradas, en señal de duelo, para recibir el cuerpo del sacerdote asesinado, expresó que el recordado hombre de Dios no sólo se volcó en cariño para con sus fieles, sino que como buen padre también les dio rigor.

“Cuando tenía que reprender a alguna persona por su mal comportamiento y por su indiferencia hacia los sacramentos, lo hacía de forma directa”, asevera Martínez. En muchas ocasiones criticaba a los fieles llamándoles católicos de banca, por esa apatía hacia la vida sacramental”, subrayó.

Quienes conocieron a este religioso llegado de León lo recuerdan como un sacerdote que siempre fue un criticó de la falta de amor y unidad entre los cristianos y la ausencia de la pureza en la vida de los sacramentos.

Revivió la fe
Además de las obras materiales y espirituales antes mencionadas, los acoyapeños recuerdan al padre Walter Aguilar como el sacerdote que hizo el relanzamiento de la fe católica entre los lugareños.

Hasta antes de la llegada del padre Aguilar como párroco del templo de ese municipio, el mismo permanecía cerrado los 19 de enero, durante la víspera de la solemnidad de San Sebastián, obligando a los devotos procedentes de distintas partes de la geografía chontaleña a dormir en la intemperie.

Sin embargo, el piadoso sacerdote consideró aquello como un acto inhumano y ofensivos a los ojos de Dios y del santo venerado por sus devotos, y ordenó que las puertas del templo permanecieran abiertas toda la noche.

“Desde que el padre Walter estuvo entre nosotros nadie más duerme en la calle los 19 de enero, porque aquí nos reunimos para hacer una alegre vigilia donde los grupos laicales participamos con cantos y oraciones”, recalcó otro miembro de la comunidad de neocatecúmena.

Como hombre mariano, el padre Walter Aguilar también propagó la devoción a la Virgen María y llevó a Acoyapa la tradición granadina de celebrar la Purísima en cada barrio, durante el novenario dedicado a la madre de Jesús, entre el 28 de noviembre y el seis de diciembre.

La última misa
Probablemente guiado por algún mal presentimiento, el padre Walter Aguilar se despidió de los fieles de la Catedral de Juigalpa, la tarde del jueves 25 de septiembre, durante la misa del Santísimo, pidiéndoles que rezaran por su salud.

“Oren por mí, para que el Señor me permita volver con bien y seguir con ustedes para seguirles ayudando”, éste fue el último deseo que hizo público el padre Aguilar antes de partir a San Pedro Sula, Honduras, en busca de mejorar su salud, pero paradójicamente encontró la muerte a manos de criminales.

En esa celebración de jueves eucarístico, el padre Aguilar, quien para subir al altar era auxiliado por fieles acólitos por su impedimento físico que era secuela de los dos derrames cerebrales que lo aquejaron, pidió a los candidatos a alcalde de Juigalpa hacer de las elecciones municipales una fiesta cívica sin actos de violencia.

Seguramente la feligresía de Chontales, y en especial la de Acoyapa, se volcará en homenajes póstumos a este guardián de la doctrina cristiana. El mejor tributo a su memoria es que quienes le quitaron la vida reciban el castigo correspondiente.