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Uno ya cumplió con su pena, y con el apoyo de su madre ha logrado salir adelante y este año culmina con los estudios de bachillerato. Su meta es estudiar una carrera y no volver a cometer errores de ahora en adelante.

Aunque con un futuro prometedor, este adolescente, a quien llamaremos David, fue conminado por las autoridades a realizar trabajos comunitarios, tal como lo establece la ley, como parte de las sanciones que debió cumplir.

Como tenía una medida no privativa de libertad, su madre tuvo que trasladarse de Estelí a la ciudad de Ocotal, en donde permaneció en un centro de rehabilitación con orientación religiosa, y además de pagar por el error cometido, debía estudiar la secundaria. Ahora, David da gracias a quienes lo apoyaron y a las mismas autoridades judiciales, porque ha logrado coronar una meta en su existencia, como es ser bachiller en ciencias y letras.

Situación diferente es la de Manuel, quien debido a la desintegración familiar y la pérdida de valores dentro de la actual sociedad, ha cometido errores graves y por ello todavía se encuentra cumpliendo una medida privativa de libertad en una celda del Sistema Penitenciario de Estelí.

Elia María Treminio, Directora de la Oficina de Ejecución y Vigilancia de las Sanciones Penales, que está a cargo de los adolescentes en el Juzgado Especial de Menores de Estelí, recuerda que el trabajo con este muchacho ha sido arduo, ya que en dos oportunidades ha sido arrestado y llevado a proceso judicial.

Incluso, al inicio de la segunda encarcelación fue remitido al centro penal, donde mostró una disciplina poco deseable y por ello las autoridades del centro no lo tomaban en cuenta cuando concedían algún beneficio a los reclusos.

Ahora, señala que gracias a la ayuda que le han brindado la juez Especial de Menores de Estelí, María Elsa Laguna Herrera, así como la licenciada Treminio y sobre todo la psicóloga Xóchitl Córdoba, ha logrado salir adelante y ha cambiado su comportamiento.

“Acalambrado”

En un tono jocoso, propio de su juventud, Manuel recalcó que se siente “acalambrado”, es decir, ya cambiado. “Ahora hasta a las actividades religiosas me he integrado. Voy al culto cuando me lo permiten los funcionarios, y participo en las tares laborales”, reflexionó, al tiempo que dijo haber modificado su comportamiento.

Este muchacho, ahora con 17 años cumplidos, se ha enfrentado a un mundo cruel. Cuando era un niño y la Policía lo retenía por cometer robos, hurtos u otros delitos, los agentes amonestaban a su progenitora, pero luego lo dejaban libre porque no había en Estelí un centro especial para la reeducación de niños-problema.

Esta vez, Manuel ha estado 17 meses privados de libertad. Pero gracias al cambio en su comportamiento ha sido integrado a tareas socialmente útiles, entre éstas, a un taller de artesanía donde logró aprender a fabricar bolsos con fibra plástica y realizar llamativos dibujos.

Ricardo, un adolescente que cometió un delito en otra ciudad, como parte de las medidas de reeducación fue trasladado a Estelí, para mayor seguridad. Señala que cuando caminaba en la calle y solía cometer hechos delictivos, era violento, pero ahora, después de estar un buen tiempo en la cárcel, el encierro le ha servido para reflexionar. “Lo malo ha quedado atrás”, dijo.

“El Código sí funciona”

Agrega que no es cierto lo que algunos señalan que el Código de la Niñez y la Adolescencia fomenta la impunidad. “Son mentiras, quien las hace, las paga, y eso me ha sucedido a mí”, acotó, erigiéndose en ejemplo, por lo que está convencido que una vez que vuelva a la calle, será una persona de bien.

Para este joven, sus mejores anhelos son salir de la cárcel con una visión más amplia, consciente y clara de la vida. Extraña a su familia, y tiene momentos difíciles, como cuando lo abruma la nostalgia y quiere volver con los suyos.

Raúl, un muchacho residente en Matagalpa, entró en conflicto con la ley en su tierra natal. Como a nivel de los Juzgados Especiales de Menores se trabaja de forma coordinada, fue enviado a un centro de reeducación de menores ubicado en la ciudad de Condega, Estelí, a cumplir una sanción no privativa de libertad.
Durante varios años estuvo internado, pero en este noviembre recién concluido cumplió con la sentencia y ya no tiene deudas con la sociedad.
En ese centro las personas que atienden a los jóvenes internos, al igual que la juez, la sicóloga y la licenciada Elia María Treminio, ayudaron a Raúl a ver el mundo diferente, a reflexionar y cambiar.
En ese centro, a decir de este muchacho de 17 años, también lo adoptaron y le hicieron sentir que cuando se anda en el mundo sin una orientación, las drogas, el alcoholismo y la delincuencia absorben a los jóvenes. “Aquí me enseñaron a tener temor a Dios, a seguir sus enseñanzas”, relata.

Quiso morir

Recordó que al inicio se sintió morir, con depresión y nostalgia de su familia, pero gracias a la ayuda de los especialistas del centro se adaptó y aprendió a ver la vida desde otra perspectiva.
“Gracias a esto yo cambié, y los errores del pasado ya quedaron en el olvido” dijo. Ahora, su meta es concluir los estudios de bachillerato e iniciar con una carrera profesional para ser trabajar y apoyar a su familia desde el punto de vista afectivo, pero también en el aspecto económico.
Para Guillermo, otro joven que cumplió una medida no privativa de libertad, es decir, fuera del Sistema Penitenciario, siente que pagó con creces su error. Ahora, para volver a cometer errores “la pensaré una y mil veces”, afirmó.
Igual es la historia de “Ramón”, pues hoy ya está por cumplir su sanción de 18 meses de permanencia en un centro de reeducación. Su meta es cambiar radicalmente, porque piensa concluir su bachillerato, ya que le hacen falta dos años para llegar a ese objetivo.


RECUADRO

“Se puede avanzar más”

Según la doctora María Elsa Laguna y la sicóloga Xóchitl Córdoba, las dificultades en estos casos son múltiples, y muchas veces la realidad limita los objetivos de los muchachos, pero con la coordinación entre autoridades judiciales con organismos de la sociedad civil y centros de atención especial han logrado avanzar.
Las funcionarias hicieron especial reconocimiento a las autoridades que cuentan con centros de asistencia especializada para estos menores, así como a varios profesionales que apoyan estos esfuerzos.
Sin duda que estas tareas e iniciativas tuvieran mayores frutos si todas las alcaldías, asociaciones y otros actores sociales se dispusieran a colaborar para que los muchachos que entran en conflicto con la ley puedan realizar las tareas comunitarias que las autoridades judiciales orientan que deben de cumplir.
En este tópico ha habido avances y colaboración de municipalidades, como las de Estelí, Somoto y Ocotal, pero hace falta mayor empuje. De igual forma, las entrevistadas exhortan a los padres de familia a que orienten de la mejor manera a sus hijos, y que haya una paternidad más responsable.
Hacen ver que aunque no es la norma, es bastante común que las madres solteras que “se fajan” para darle una buena educación y orientación a sus vástagos, sufren por la falta de un hombre que las ayude a guiar a la familia. Se suma a este fenómeno el hecho de que muchas madres solteras son adolescentes en situación de pobreza, que pagan los “platos rotos” al enfrentarse con familias desintegradas y padres carentes de afecto, quizá porque ellos fueron víctimas de ese flagelo en el pasado, lo cual no justifica la cadena de irresponsabilidad familiar.
Todos los jóvenes con quienes tuvimos oportunidad de entrevistarnos valoraron la labor de orientación desarrollada por la sicóloga del Juzgado Especial de Menores, Xóchitl Córdoba.

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