Ernesto García
  •  |
  •  |
  • END

La Nueva Guatemala de la Asunción, como se llama oficialmente la capital guatemalteca, que también es la metrópolis más grande de Centroamérica, se está convirtiendo silenciosamente en “tumba” de nicaragüenses


Durante 2008, sangre pinolera ha corrido por las calles y avenidas del país de la Eterna Primavera, llamado así por la variedad de sus climas y de sus suelos, aunque tristemente también se está convirtiendo en la nación de la eterna violencia.

La lista de nicaragüenses muertos de forma violenta en Guatemala sumó hace dos semanas el nombre de Sandra Marlene Bustamante Rodríguez, quien fue asesinada cuando se dirigía a poner una remesa de dinero para su familia que habita León.

La mayoría de los asesinatos en los que las víctimas han sido nicaragüenses han tenido como escenario la capital guatemalteca y como común denominador, la impunidad de sus autores.


Otra ilusión frustrada
Manuela Rodríguez Soza, madre de Sandra Marlene Bustamante, dijo que la ilusión de su hija al marcharse a Guatemala era construir una casa digna para ella y su niña, Ana Fabiola Bustamante, de cuatro años.

Pero este anhelo fue truncado violentamente por desconocidos, quienes desde un carro en marcha la rafaguearon, la mañana del pasado ocho de octubre, cuando la joven madre caminaba por la Avenida 18 de la Zona 6 de la capital chapina.

El cuerpo sin vida de Sandra Marlene Bustamante, quien trabajaba como doméstica en Guatemala desde hace tres años, tenía cuatro impactos de bala, expresaron sus parientes.

El crimen de Bustamante terminó con sus esperanzas de cambiar la casa de zinc en la que habitan su anciana madre y su pequeña hija, en el marginal Barrio “Rubén Darío”, de su natal León.

“Siempre que hablábamos por teléfono, ella, Sandra Marlene, me decía que estaba recogiendo dinero para hacer una construcción donde vivirían ella y su niña”, recuerda con nostalgia doña Manuela Rodríguez.

La acongojada madre dijo que Sandra Elena, quien era madre soltera, se marchó a Guatemala hace tres años en busca de un mejor empleo,”porque en los lugares donde trabajó en León como doméstica no recibía buena paga”.

Al igual que sucede en otras muchas tragedias, la pequeña Ana Fabiola Bustamante sigue ignorando que su mamá dejó de existir en el mundo terrenal.

“Es algo muy triste cuando la niña dice que su mamá le va a traer una bicicleta en Navidad y le va a mandar dinero para comprar sorbetes”, se lamenta doña Manuela Rodríguez.


Presentimiento fatal cumplido
Como toda madre preocupada por sus hijos, doña Manuela Rodríguez cuenta que siempre vivía “con el credo en los labios” por temor a que algo malo le sucediera a su muchacha en la capital guatemalteca.

El temor que acompañó a doña Manuela Rodríguez durante los tres años que la segunda de sus cinco hijos estuvo en Guatemala, se cumplió la tarde del martes ocho de octubre, cuando recibió una llamada telefónica que le notificaba la infausta noticia. Griselda López, la misma mujer que indujo hace tres años a Sandra Elena para que se marchara a Guatemala, fue la encargada de dar la triste información a doña Manuela.

La calurosa tarde del pasado ocho octubre se tornó infernal para esta madre, a quien Griselda López, en una conversación telefónica, le preguntó si ella era la mamá de Sandra Marlene.

“Cuando ella (Griselda López) me dijo que me iba a dar una mala noticia inmediatamente pensé que habían matado a mi hija, y exactamente eso fue lo que sucedió”, expresó la consternada madre.

Después de una pausa de varios minutos, por el desmayo que sufrió, la anciana madre retomó valor y llamó a Griselda, quien sin dar mayores detalles se limitó a expresar: “Lo único que le puedo decir es que a su hija la mataron”.


“Como zopilotes”

El aviso de la muerte violenta de Sandra Marlene Bustamante sólo fue el inicio de una pesadilla que parece no terminar para esta familia, cuyos miembros, para darle cristiana sepultura, tuvieron que recolectar dinero entre sus bondadosos vecinos.

Pocas horas después de conocer de la tragedia, al celular de la señora Manuela Rodríguez comenzaron a llamar de forma insistente de una funeraria en Guatemala, demandando el retiro inmediato del cadáver y ofreciendo los servicios de la misma para trasladarla a Nicaragua por la suma de 1,500 dólares.

Y como suele suceder en la mayoría de los casos de los nicaragüenses que han salido a “rodar por el mundo” en busca de mejor fortuna, a los familiares de Sandra Marlene la tragedia los encontró sin dinero.

La falta de dinero y las constantes llamadas telefónicas desde Guatemala, presionando a la angustiada familia, por lo que para retirar el cadáver, una hermana de la joven asesinada hipotecó su casa por 1, 200 dólares, acción que podría dejarla en la calle junto con sus pequeños hijos, si no cumple con tal pago.


La última conversación
Si algún recuerdo de su hija guardará por siempre la señora Rodríguez, es la conversación que sostuvieron dos días antes de que la asesinaran.

“Mamita, te voy a mandar dinero el miércoles por la mañana, y yo le respondí, no te preocupés, mi hija”, es lo que recuerda esta sufrida mujer, de lo que fue su última conversación con su difunta hija.


Quedará en la impunidad.

Como en otros contactos telefónicos con su hija, doña Manuela Rodríguez Soza le recordó que estaba en un país muy peligroso y que debía tener cuidado al salir a la calle.

Como todos los casos de nicaragüenses asesinados en Guatemala, la muerte de esta joven leonesa quedará en la impunidad. Según la hermana de Sandra, quien viajó a Guatemala a retirar su cadáver, el taxista que la llevó a la funeraria le dijo que mejor ni preguntara cómo habían sucedido los hechos, porque le podría pasar algo malo.

Después de la funesta advertencia, la familia de Sandra Marlene Bustamante ha dispuesto dejar en manos de Dios el castigo para los criminales.

El crimen de Bustamante se produjo a pocos días de cumplirse el segundo aniversario del asesinato de Elizabeth del Socorro Caballero, quien era originaria de León y fue estrangulada. El cadáver de Caballero fue abandonado en la frontera con El Salvador.

Esta mujer, que dejó en la orfandad a tres niñas, fue asesinada por su captores en venganza porque impidió que sus dos hijas menores fueran secuestradas.

Durante septiembre y octubre, al menos otros tres nicaragüense han sido asesinados en Guatemala, entre los que están Roberto Montiel Jirón, de 29 años, quien fue ultimado de un impacto de bala en el tórax cuando trabajaba como bartender en una discoteca en la capital guatemalteca.