Leoncio Vanegas
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Adrián Altamirano Flores, de 54 años, oriundo de San José de Bocay, departamento de Jinotega, y Mario Mairena, de 26 años, de la comarca Las Barandas, Waslala, fueron deportados por las autoridades hondureñas porque sospecharon que eran delincuentes por usar en el trabajo vestimenta de uso militar.

Los dos nicaragüenses fueron entregados el martes último a Migración y Extranjería del paso fronterizo de Las Manos, tras siete días de retención en un centro penal de Honduras.

La Policía Nacional investigó su conducta en sus respectivos lugares de origen, sin encontrarles ningún indicio delictivo.

Mairena, con dos meses en el vecino país, dijo que trabajaban como obreros agrícolas en Jacaleapa, Honduras, en el cultivo de pastos para ganado, y que ambos portaban el permiso migratorio CA-4. “Será que ya no nos quieren tener allí”, señaló, al no encontrar motivo para su deportación.

“Pertrechos militares”

Por su parte, Altamirano Flores, que llevaba 22 meses como migrante, dijo que la Policía hondureña les notificó que su retención migratoria era porque tenían “pertrechos militares”, que no era más que una chaqueta camuflaje, un pantalón viejo de uso militar y un sombrero, “que compramos en el comercio”, indicó.

“Los hondureños dijeron a los de aquí (la Policía) que éramos delincuentes y un montón de cosas. Yo me fui de mi lugwar no porque haya tenido problemas con nadie, ni por asuntos políticos, sino que llevaba la idea de seguir hacia Estados Unidos”, indicó.