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Gloria María Artola Gómez, quien tenía 46 años y era originaria de la comarca El Maniadero, de Boaco, tuvo que “sacrificar” su vida, para, sin proponérselo, poder hacer realidad su sueño y el de sus hijos: tener una casa.

La dama fue una de las víctimas mortales que hubo este año a consecuencia de los accidentes de tránsito en el país.

Doña Gloria emigró hacia la capital hace unos diez años atrás, luego de enviudar de Lorenzo Antonio Sequeira Dávila, quien tenía 72 años.

“Con la enfermedad de mi papá, se vendió todo (lo que teníamos en Boaco). Él tenía un tumor en el estómago y recuerdo que mi mamá empezó a buscar trabajo como doméstica, porque decía que sus hijos debían estudiar para salir adelante y que pudieran defenderse en la vida, luego emigramos a la capital”, recuerda Marlon José Sequeira Artola, quien tiene 21 años y es el menor de los cuatro retoños que tuvo doña Gloria.

“Primero se vino ella (a Managua) y nos dejó con unos familiares en Boaco, luego las hermanas mayores nos cuidaban a los pequeños, pero cada quincena o cada mes que le daban permiso sus patrones, nos llevaba provisión y llegaba a estar con nosotros, nunca se desobligó de sus hijos, siempre nos decía que estudiáramos”, rememora el joven.

Con el esfuerzo de doña Gloria, uno de sus hijos logró coronar la carrera de enfermería profesional, en tanto que las dos mujeres formaron sus hogares y solo quedaron pendientes los estudios de Marlon José.

La boaqueña trasladó a su hijo a Managua para que terminara la secundaria. El muchacho aprovechó el esfuerzo de su madre y se bachilleró, luego empezó la carrera de Contaduría Pública y Auditoría.

Para completar sus gastos, Marlon José consiguió trabajo de conserje en un hotel de lujo capitalino, pero por su esfuerzo en estos últimos tres años fue reubicado en la cocina.

Día funesto

La vida de esta madre y su hijo transcurrió normalmente hasta la mañana del domingo 24 de noviembre de 2013.

Ese día doña Gloria hizo lo que hacía desde hace 20 años: orar temprano. Luego hizo varias diligencias para tener la tarde libre y cumplir con un compromiso ineludible: evangelizar de casa en casa en el Barrio 380, en tanto que Marlon José se fue a sus clases dominicales.

A las 4:00 pm doña Gloria llegó a casa de Victoria Argentina Morales, de 63 años, quien estaba cuidando a sus nietos y le dijo: “ya me voy a alistar, solo le doy de comer a los niños”.

Pero no habían pasado ni 5 minutos, cuando se escuchó un estruendo que hizo “llorar” al cerco de zinc de la vivienda de Morales.

“Salimos corriendo a ver qué había ocurrido, solo recuerdo que dije: ¡Ay Dios, fue doña Gloria!, corrimos a auxiliarla, se llamó a la Cruz Roja de inmediato, cuando llegaron dijeron que ya no había nada qué hacer, estaba muerta”, recordó doña Victoria.

“Dicen que el hombre no pudo maniobrar en la curva, porque iba ebrio, se subió a la acera, atropelló a mi mamá, la prensó contra la pared y luego la arrastró; intenta huir, pero se detiene unos metros después, por desperfectos mecánicos, sus cuatro acompañantes salieron corriendo, él se quedó, porque tenía fracturada una pierna”, recordó el joven.

Antes de que el joven llegara a la escena, pensó hallarla con vida. “Bajé de un bus y tomé un taxi, en aquel momento yo quería volar, de inmediato llamé a mis hermanos para avisarles, pero no sabía que estaba muerta, hasta que llegué al lugar”, agregó.

El causante de la desgracia fue Erick Yamil Sánchez Romero, de 25 años, quien conducía un vehículo, pero andaba con 0.34 grados de alcohol por litro de sangre.

Dos miradas de un mismo problema

Los agentes de Tránsito del Distrito I de Policía dicen que no andaba ebrio, sino que solo tenía aliento alcohólico.

“No era un simple aliento alcohólico, los testigos dicen que el hombre andaba borracho, no podía sostenerse por sí mismo, eso quedó grabado en las cámaras de televisión. Esa misma tarde pasó tres veces por el mismo lugar, inclusive en una de las ocasiones casi atropella a un niño, la segunda vez se pasó llevando el portón de una casa y en la tercera se llevó la vida de mi madre”, manifestó Marlon José, quien no esconde el dolor.

Durante el largo proceso de investigación del accidente, a juicio de Marlon José, hubo anomalías que lo llevaron a pensar que Sánchez Romero tenía parentesco con el que investigaba el caso, porque el ebrio se fue de la escena en una ambulancia sin custodia, además el cadáver de doña Gloria permaneció tirado en el pavimento desde las 4:00 hasta las 8:00 pm.

“El autor no tiene parentesco con ningún agente policial de este distrito policial, ni con nadie de la institución. Se realizó el debido proceso investigativo, el cual refleja que el joven Sánchez hizo un giro indebido y producto de eso fue que atropelló a la señora, además conducía con aliento alcohólico según la prueba realizada con el alcolímetro”, manifestó el comisionado Mayor Emilio Rodríguez, jefe del Distrito I de Policía, al referirse al caso.

Indemnización

“Desde el día de los hechos, no volví a dormir en el cuarto que mi mamá alquilaba. No fue por temor, porque sé que ella tiene ganado el Reino de los Cielos, porque se entregó a Dios hasta el último día de su vida, sino para no ver su ropa, su cama, sus cosas, porque me llenan de tristeza”.

“Había pensado regresar a mi pueblo, me sentía derrotado, sin ganas de vivir, sin nada que me detuviera aquí, sin nadie por quien luchar, pero mis hermanos y amistades me recordaron que sí tengo por lo cual luchar: terminar mi carrera para cumplir el sueño de mi madre, ver a su hijo graduado como profesional, por eso estoy aquí, para honrar el sacrificio de mi madre”, apuntó Marlon José.

Días después de la tragedia, un abogado y un psicólogo contactaron a Marlon José para decirle que el imprudente conductor quería “resarcir el daño”, porque él y sus padres estaban sufriendo por lo ocurrido.

Marlon José consultó con sus hermanos, con su abogado, con Dios y con su corazón lo que debía hacer y aceptó los 5,000 dólares del Seguro por daños a terceros que le ofrecieron como indemnización.

“Es cierto que con el dinero no voy a revivir a mi mamá, pero tampoco teniendo en la cárcel al hombre voy a arreglar las cosas”, comenta Marlon José, quien ahorrará el dinero junto a sus otros hermanos para hacer realidad el sueño de su madre: construir una casa.

“Mi madre quería ver a sus hijos en una casa propia y lo vamos a cumplir, de esta manera estaremos rindiendo homenaje a la mujer que entregó su vida por nosotros”, concluyó diciendo el joven.

 

"Debería existir una ley para que los vendedores de licor trabajen en coordinación con la Policía e informen cada vez que llegue un conductor ebrio a ingerir más bebidas alcohólicas, para que lo detengan o les retengan los vehículos a fin de evitar más muerte de víctimas inocentes por culpa de conductores irresponsables".

Marlon José Sequeira Artola.

Víctima