Francisco Mendoza S.
  •   Matagalpa, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

El plan Piruca de esta semana levantó a por lo menos cien tomadores consuetudinarios, quienes posteriormente fueron trasladados al centro de rehabilitación de La Dalia, como parte de las acciones preventivas navideñas que ejecuta la Policía.

El comisionado Ramón Morales, segundo jefe de la Policía matagalpina, señaló que este plan no es contra la delincuencia, sino para ayudar a las personas que tienen la enfermedad del alcohol, y participaron en coordinación con la Alcaldía y los ministerios de Salud, Transporte y de la Familia.

“Es bueno que la familia sepa, y los mismos señores que están enfermos, que los trajimos acá para llevarlos a un centro de rehabilitación. Que entiendan que es para beneficiarlos a ellos. La intención es ayudarlos a salir del vicio, como parte de un problema social y cumpliendo con las orientaciones del Presidente de la República, de buscar cómo mejorar la sociedad nicaragüense en todo el sentido de la palabra”, señaló Morales.

Seguridad

El oficial finalizó señalando que el plan también garantiza seguridad a la ciudadanía, ya al ver a personas en estado etílico reunidas en las esquinas tomando licor se crea una imagen de inseguridad y malestar.

Uno de los ciudadanos trasladados es Jimmy Alberto Zelaya, quien expresó no estar inconforme por la acción policial, ya que sabe que es por su bien.

Por su parte, Eduardo Antonio González Ferrufino, junto a su caja de lustrar, señaló que se lo llevaron porque se desvela en la “Calle del Jeque”, del barrio Guanuca, y se estaba tomando un trago que le regalaron, cuando las autoridades llegaron. Aseguró: “Voy a hacer el esfuerzo por dejar el guaro”.

Mientras tanto, Juan Francisco Estrada, originario de la comarca de Samulalí, alegó que estaba en Matagalpa para dejarle varios elotes a su hermana, pero le dio “sed” y la Policía lo levantó para llevarlo a rehabilitación. Dijo que tiene la esperanza en Dios de dejar el licor.

Todos los “pirucas” fueron concentrados en la “Cancha del Brigadista”, donde, además de un chequeo médico, les facilitaban comida y un buen trago de ron, para luego montarlos en un bus que los trasladaría al centro de rehabilitación de La Dalia.