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El dinero fácil no le cambia la vida al delincuente ni a sus seres queridos. Por el contrario, cuando un antisocial llega al final de su escabrosa “carrera” deja a sus hijos en la peor de las calamidades materiales y morales

Ésta es la lección que deja la vida para quienes transitan por los oscuros caminos de la delincuencia, como lo hicieron al menos tres de los cuatro hijos de la anciana Erlinda del Socorro Martínez, de 80 años.

Estos cuatro hermanos, de los cuales tres han muerto de forma violenta, son conocidos en el poblado de Mateare como “Los Tachos Malos”.

Mateare es un pequeño municipio del departamento de Managua, que se localiza 25 kilómetros al noroeste de la capital, sobre la Carretera Nueva que conduce a León.

Luis Alberto Blanco Martínez, de 50 años, al igual que sus otros hermanos, Anastasio y Francisco, murió en circunstancias marcadas por la violencia.

Luis Alberto Blanco fue encontrado muerto el pasado lunes, en el fondo de un pozo, en una hacienda ubicada en Los Brasiles, poblado vecino de Mateare.

Los Blanco Martínez
De los hermanos Blanco Martínez, por las calles de Mateare se cuentan las más oscuras historias que “adornaron” su biografía como viejos abigeos que aparecen numerosas veces en los archivos policiales.

Entre los pobladores de Mateare se comenta que uno de los hermanos Blanco Martínez, hace varios años, le cortó una mano a su difunto padre, y que otro, bajo los efectos del alcohol y la droga, mancilló a su anciana madre.

“Es cierto que me daban maltrato físico, pero no es cierto que alguna vez hayan abusado”, dijo la anciana, mientras levantaba sus manos como implorando la asistencia de una fuerza divina.

Como sucede en la mayoría de los casos, la señora Erlinda Blanco afirma que todo los que se imputa a sus difuntos hijos “son puras habladurías de la gente y de la Policía”.

Las muertes de Anastasio, Francisco y Luis Alberto Blanco Martínez han quedado grabadas en la memoria popular de los habitantes de Mateare, porque todas estuvieron marcadas por la violencia.

El primero en fallecer fue Francisco Martínez, quien también era conocido como “Tacho Viejo”, por ser el mayor de los cuatro hermanos.

“Tacho Viejo” fue aniquilado por un agente policial en 1998, cuando huía de las autoridades, luego de fugarse de las cárceles del Sistema Penitenciario en Chinandega, donde purgaba una pena de varios años de prisión por abigeato.

Un testigo de ese acontecimiento, que permanece fresco en la memoria de quienes lo vivieron, recuerda que “Tacho Viejo” le dijo al policía que lo perseguía que mejor no lo dejara vivo, porque si no, el muerto sería él
“Matame hijo de p…, porque si no yo te voy a matar a vos”, recuerda un hombre que asegura haber visto ese acontecimiento, y que al igual que otros lugareños, al hablar de “Los Tachos Malos” prefiere el anonimato.

Según el entrevistado, Francisco Martínez Blanco sacó un filoso cuchillo y se lanzó contra el uniformado, a quien no le quedó más opción que disparar.

Aunque oficialmente se informó que “Tacho Viejo” fue abatido por un agente policial al repeler un ataque de éste, su anciana madre dice no saber por qué lo mataron.

El segundo de “Los Tachos Malos” en fallecer de forma violenta fue Anastasio, quien perdió la vida bajo las llantas de autobús, cuando supuestamente huía de la Policía
“Es cierto que mis hijos huían de la Policía, pero no es porque ellos hayan sido ladrones, sino porque armaban pleitos en las fiestas y no se dejaban de nadie”, aseguró la octogenaria.

Mentiras de tercera generación
En el caso de Luis Alberto Martínez, el último de “Los Tachos Malos” en morir, las autoridades policiales todavía investigan las circunstancias de su deceso.

A pesar de que el hijo mayor de Luis Alberto Martínez, del mismo nombre, asegura que su padre cayó al pozo donde fue encontrado muerto la madrugada del lunes, cuando supuestamente eran perseguidos por diez pandilleros, esta versión es poco creíble para las autoridades policiales.

El comisionado mayor César Augusto Díaz, jefe de la Policía en Ciudad Sandino, dijo que por el estado de rigidez en que estaba el cuerpo de Luis Alberto Blanco Martínez se presume que éste había muerto la noche anterior y no en la madrugada, como sostiene su hijo.

Otra contradicción encontrada por la Policía en el testimonio del adolescente es que supuestamente eran atacados por un grupo de pandilleros, pero los vigilantes de una escuela y de una empresa cercana al pozo donde fue encontrado muerto Luis Alberto, entrevistados por los investigadores, dijeron que ese sector no es merodeado por pandilleros, agregó el jefe policial.

Un vecino al sitio del pozo donde murió el tercero de “Los Tachos Malos”, dice que éste llegó desde el domingo por la noche al lugar donde fue encontrado muerto, probablemente a buscar cómo robar ganado”.

“No es cierto que ese hombre venía estos lados a buscar como picar leña, él venía a robar ganado, y probablemente fue una vaca la que lo lanzó al fondo del pozo”, se aventuró a opinar el vecino.


Peor que antes
Al morir, Luis Alberto Blanco Martínez no sólo deja el feo recuerdo de haber sido abigeo, sino en la peor de las calamidades a cinco menores hijos, a su esposa y a su anciana madre, quienes viven a la orilla de una hondonada.

Esta familia, que vive en un cuarto de dos metros de largo por igual de ancho, ahora sobrevive de generosidad de sus vecinos, quienes les regalan algunos alimentos para que puedan mitigar el hambre.

Rosa Amanda Cisneros dijo que ella y sus cinco pequeños hijos, en los últimos días han sobrevivido por la caridad de sus vecinos, quienes no sólo les regalan alimentos, sino hasta el agua que consumen.

Paradójicamente, esta mujer, que conoció a Luis Alberto Martínez hace 11 años, cuando estaban en un refugio a consecuencia de huracán Mitch, sigue viviendo en pésimas condiciones, porque los colchones en que duermen ella y sus cinco hijos son mugrientos, y lo único con que se alumbran es una candela de cebo.

La “casa” está forrada con ripios de zinc y el techo es un plástico negro, que cuando llueve se convierte en colador.

Mientras, doña Erlinda Martínez se queja de su suerte, porque ahora que por su edad no tiene fuerza ni para echar un poco de tierra en los baches de la carretera, la gente la maltrata cuando les pide algo de dinero para sobrevivir.

“Ya estoy vieja y no puedo trabajar, y cuando le pido dinero a la gente, me gritan: ¡Vieja sinvergüenza, busque cómo trabajar!”, se lamenta la anciana.

El cuarto de los hijos de esta anciana, según ella, vive lejos y desentendido de su familia.