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LAS MINAS, RAAN

Una niña de cinco años, abusada por su misma familia, ya que la enviaban a comprar cigarrillos para saciar el vicio de mayores, fue presa de un hombre con actitud de bestia, pues para violarla le introdujo un trapo sucio en la boca y le ató las manos con una faja.

Al salvaje no le importó la abundante sangre que emanaba la inocente ni los desgarradores gritos con los que imploraba piedad.

Un frondoso árbol de uva de montaña es el único testigo de esta monstruosidad, ya que al pie de éste Reyes Stanley Lacayo, de unos 30 años, conocido con el mote de “Managua”, sació sus instintos bestiales al punto de causarle graves lesiones y desgarro perineal de hasta cuatro centímetros de longitud a la menor.

El violador no huyó después de cometer el abominable crimen, sino que vistió a la niña y, a pesar de que sangraba de sus partes íntimas, la obligó a caminar con dificultad, aunque ella no podía ni siquiera dar un paso.


Amenazó con matarla
Y como ya es típico en los violadores, “Managua”, de Rosita, en la Región Autónoma del Atlántico Norte, también amenazó con matar a la pequeña si decía algo de lo ocurrido, y para asegurarse de ello la siguió hasta llegar a la casa, que está a unos 160 metros del lugar donde consumó la violación.

Pero no hubo necesidad de que la menor dijera una palabra, porque su hermana adolescente, cónyuge de Reyes Stanley, observó que venía sangrando.

El colmo del cinismo del aberrado sexual llegó al punto de que mientras su compañera de vida, que también fue violada por un tío cuando tenía 13 años, le preguntaba casi a gritos a la niña qué le había pasado, él tranquilamente hacía maletas y exigía a su mujer 50 córdobas, para poder largarse.

La niña señaló a “Managua” y eso fue más que suficiente para que la hermana descubriera la violación. La adolescente mandó a avisar de lo sucedido a su padre, que trabajaba en otro lugar, y luego cayó desmayada.

El progenitor denunció el caso ante la Policía de Rosita y en tiempo récord, antes de media hora, los agentes capturaron a “Managua”, cuando intentaba huir.

Varios pobladores y vecinos de la familia que se enteraron del caso, se preparaban con ramas pequeñas y un poco de gasolina y fósforos, con clara intención de quemar vivo al depravado, pero su sed de justicia fue frustrada porque llegó a tiempo la Policía.

La niña fue trasladada de emergencia al moderno centro de salud de Rosita, donde se le practicó una cirugía reconstructiva en los genitales.

El doctor David Saravia Cortés, director del centro asistencial, aseguró que la menor está fuera de peligro, aunque requiere de asistencia especializada.


“Lo hecho, hecho está”

El victimario, en declaraciones dadas a un medio de televisión de la localidad, confesó su salvaje crimen. Sin pudor alguno y en actitud totalmente cínica, se reía y trataba de resumir su acto con un “ya lo hecho, hecho está, y cuál es”.

Un poco más calmado reveló que cuando la niña regresaba de comprar cigarros, fue a su encuentro y le dijo que lo acompañara a comprar unas baterías, pero antes de llegar a la venta la tomó fuertemente de la manito y se la llevó al matorral, donde la desvistió, la acostó en la maleza y la violó.

Luego la llevó a la casa donde la niña y él compartían techo, y segundos después dijo que nunca pensó que lo iban a descubrir. “¿Vos la violaste?”, la preguntó un periodista. “Sí, yo fui, yo la violé, para qué me voy a negar, ya lo hecho, hecho está”, volvió a responder.

El vestuario de la niña está impregnado de sangre de la víctima. También el señalado aún tenía manchas hemáticas en la parte derecha de un pantalón corto azulón. El calzoncillo que andaba cuando cometió el delito se lo cambió.

El detenido, muy conocido en la zona por vestirse de mujer para robar trastos de cocina, ayer sería llevado ante el juez de Audiencias de Distrito Penal, Fulgencio Velásquez Guzmán.