Máximo Rugama
  •   Estelí, Nicaragua  |
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Siete de unas sesenta personas, que fueron aguijoneadas por un enjambre de abejas africanizadas, fueron internadas en el hospital regional San Juan de Dios, de Estelí. Afortunadamente ya están fueras de peligro y les dieron de alta.

Los pacientes, varios de ellos niños, presentaron vómitos, altas temperaturas, inflamación y alergias.

Los afectados fueron identificados como Rosa Valle González, de 23 años; Maribel Zeledón, de 32; Abel Molina, de 9; Marina Ruiz, de 45; Katerine Castillo, de 18; Marisela Zamora y Alba Isabel Molina. Esta última sufrió un shock anafiláctico, es decir, una reacción alérgica al veneno de las abejas.

Los perjudicados en su mayoría viven en los barrios El Rosario, 14 de Abril y Estelí Heroico, sitios hasta donde llegaron cruzrojistas, miembros del Benemérito Cuerpo de Bomberos y de la Dirección General de Bomberos de Estelí, para atender la emergencia.

Las abejas también picaron a varios animales domésticos que se encontraban dentro de las casas de los afectados.

Dos veces

El enjambre de abejas estaba ubicado en unos árboles cerca de un Centro de Desarrollo Infantil; pero cuando se alborotaron, se extendieron por las instalaciones del Catastro y del Complejo Judicial de Estelí.

Supuestamente unos sujetos que se dedican a la vagancia habitual tiraron piedras sobre el enjambre, desatando el ataque.

Un día después volvieron a alborotar a las abejas, que se introdujeron a las casas vecinas y atacaron a moradores y caminantes.

 

Migran a la ciudad

El subcomandante José Dolores Morales, jefe de turno de la Dirección General de Bomberos de Estelí, DGBE, explicó que debido a las quemas de monte en el campo, los enjambres de abejas se trasladan a la ciudad en busca de lugares más seguros.

Explicó que a las abejas no les gusta el humo ni el excesivo calor o partículas de ceniza, y prefieren ubicarse donde hay abundantes árboles grandes de tallo grueso, para refugiarse en las grietas.

En la ciudad buscan los cielos rasos de las viviendas, paredes agrietadas y hasta recipientes como barriles viejos, los que les garantizan protección contra el sol, lluvia y hormigas.