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CONDEGA, ESTELÍ

Cuando las agujas del reloj marcaban las siete y media de la noche del dos de noviembre de 2003, luego de la jornada de recordación de los difuntos, Xavier Antonio Martínez Zeledón, un poblador de la ciudad de Condega, decidió ir a departir a un bar y restaurante de la localidad norteña, sin sospechar que ese sería el último acto de su vida.

La víctima apenas había ingerido unas cuantas copas de licor, cuando ocurrió un alboroto del que era protagonista Víctor Manuel Torres Pichardo, ahora de 40 años.

Una alteración al orden dentro del local hizo que la calma relativa que se respiraba en el inmueble se rompiera y se detuviera inmediatamente la música ranchera propicia de esos lugares.

Al inicio, cinco individuos, entre ellos Torres Pichardo, vociferaron hasta más no poder ante la mirada temerosa de las jóvenes meseras que servían el licor, las cervezas y las “bocas”.

Luego de las palabras pasaron a los golpes, y de inmediato salieron a relucir los puñales, uno de los cuales blandía Víctor Manuel, quien sin razón aparente se abalanzó sobre el joven Martínez Zeledón.

El ataque fue a traición, porque el autor propinó la puñalada en la espalda de la víctima, que cayó sangrando profusamente, ya que la hoja afilada le atravesó un pulmón y llegó al corazón.

Como un endemoniado, Torres Pichardo continuó su trayectoria sangrienta, y antes de abandonar el bar apuñaló a otro parroquiano, identificado como René Peralta Monzón, quien sufrió heridas de gravedad, aunque sobrevivió.

Condena que creyó fenecida
Precisamente esas circunstancias fueron las que llevaron al judicial que analizó el caso a condenar a Torres, en ausencia, a 25 años de presidio, ya que actuó con premeditación, ventaja y alevosía.

En su momento un tribunal de jurados integrado por tres damas y dos hombres no titubeó en declararlo culpable por el asesinato, en un juicio oral y público celebrado en la ciudad de Estelí, y el cual duró al menos 15 horas.

Desde el momento del crimen hasta estos días, los familiares del joven muerto, que dejó en la orfandad a dos menores, no descansaron en exigir a las autoridades que se hiciera justicia, ya que Torres, luego de permanecer cinco años huyendo, creyó que su pena había caducado o quedado sin efecto, y regresó al sector de Arenales, a unos cinco kilómetros al sur de la ciudad de Condega, donde ocurrió la orgía sangrienta.

Al conocer de la presencia del asesino, familiares del difunto viajaron desde la “Tierra de los Alfareros”, Condega, a solicitar al comisionado mayor Otilio Duarte Herrera, jefe de la delegación de la Policía esteliana, la captura de Víctor Manuel Torres Pichardo, pero ya detectives trabajaban “como hormigas” en su ubicación.

Tras un quinquenio prófugo, Torres Pichardo había cambiado su aspecto para evadir la justicia y burlar a los familiares de sus víctimas, pero no pudo impedir ser reconocido por oficiales de investigación y detectives que en jornadas sin descanso lo ubicaron y capturaron en días recientes, reveló el teniente David Lazo Valle, portavoz de la Policía en el departamento de Estelí.

El ahora capitán y asistente del jefe de la delegación policial, Abel Antonio Herrera, señaló que la entidad documentó el caso y según lo establecido por las leyes vigentes, envió el expediente al Ministerio Público. “Fue un caso difícil de operar, pero al final no quedó en la impunidad”, manifestó.

Tras otros prófugos
Al igual que Lazo, el capitán Herrera ratificó que están tras las pistas de otros tipos que han delinquido y aún huyen de la justicia. Varios de ellos ya han sido procesados y condenados en ausencia a 20, 25 y 30 años de presidio por crímenes diversos, agregó Lazo.

De Torres Pichardo se conoció que tras el crimen en el bar de Condega abandonó el país, al parecer primero estuvo en territorio hondureño y luego viajó hacia Costa Rica.

A inicios de esta tragedia detectives de la Policía de Nicaragua coordinaron esfuerzos con sus similares de Costa Rica y con la Interpol, pero fue difícil ubicar a este individuo, ya que se escondía en lugares rurales, alejados y montañosos, por lo que el acceso se le dificultaba a los investigadores.

Por su parte, el comisionado mayor Otilio Duarte Herrera, jefe de la Policía esteliana, expresó que cualquier sujeto que comete un delito y huye, estará bajo la lupa de las autoridades, tal como ocurrió con Torres.

Duarte Herrera recalcó que el proceso investigativo contra Víctor Manuel, aunque era prófugo, fue facilitado por los pobladores, que observaron cuando de forma fría privaba de la vida a su víctima y por poco “despacha de este mundo” a otra persona.

El jefe policial reconoce que hay casos muy complicados, pero es de la opinión que todos son esclarecidos, porque la Policía siempre está persistente en la persecución del delito, sin importar el tiempo que transcurra.

La labor policial en este departamento cuenta con redes de coordinación con distintos sectores sociales, lo que la hace sumamente efectiva, y por complicados que parezcan varios casos, los criminales no quedan en la impunidad, advirtió.

Después de su captura, Torres Pichardo sólo fue llevado ante la juez de Distrito Penal de Juicio, doctora Elizabeth del Carmen Corea Morales, a una sesión en donde le notificaron su situación, así como la pena a que fue condenado, y luego fue trasladado al Sistema Penitenciario “Puertas de la Esperanza”, donde deberá pasar cerca de tres décadas “guardadito” para pagar por su criminal actuación, el Día de Difuntos de hace cinco años.