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El deceso violento de Máximo Félix Bonilla Contreras, alias “El Pupilo”, de 22 años, era una muerte anunciada. Lo único que no se sabía era la fecha, la hora y el sitio, porque desde niño se lanzó al abismo de la delincuencia.

“El Pupilo”, quien desde los ocho años comenzó como “raterito”, robando en las casas de sus vecinos en Las Américas Dos, fue encontrado muerto al amanecer de ayer domingo, cerca de la terminal de la ruta 114, al fondo de dicha colonia, con un “puyazo” en la pierna derecha.

El comisionado Pablo Emilio Ávalos, jefe de la Estación Seis de Policía, dijo que la estocada le perforó la vena femoral a Bonilla, quien murió desangrado.

María Conteras, tía de la víctima, dijo que aunque el cuerpo sin vida fue descubierto a ese de las cinco de la mañana de ayer domingo, éste probablemente fue apuñalado mortalmente a eso de la una de la madrugada del mismo día.

Una historia para morir
La tormentosa vida de “El Pupilo” se convirtió en calvario a los 14 años, cuando afectado por la separación de sus padres, se dedicó al consumo de drogas y su madre se convirtió en alcohólica, reveló María Contreras, tía materna del muchacho.

En medio de su transitar por caminos tortuosos, “El Pupilo” entraba y salía de las celdas de la Estación Seis de Policía, donde estuvo presos dos veces, días antes de ser ultimado, aparentemente, por sujetos que lo utilizaban como “mulero”, para trasportar pequeñas cantidades de droga entre consumidores del vecindario.

“Durante la semana estuvo preso dos veces, primero fue porque lo denunciaron de haberse robado varias piezas de ropa de un tendero, y la última vez fue por el robo de 20 sillas plásticas”, relató el comisionado Pablo Emilio Ávalos.

Una amiga de la familia de “El Pupilo”, al conocer de la noticia, se quejó de forma singular de la suerte del joven, afirmando: “Mejor lo hubieran tenido preso”.