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El hedor fue lo que alertó a doña Conny Barrera, propietaria de la cuartería en el barrio El Paraisito, a encontrar sin vida a Hazell Jonathan Sequeira Urbina, de 24 años, quien padecía de epilepsia.

“Solo un día tenía de no verlo, pensé que se había ido al trabajo, pero el fuerte hedor me llevó a buscar de dónde provenía. Al abrir a la fuerza el cuarto de él, lo encontré boca abajo”, comentó entristecida doña Conny.

“A lo mejor al pobre le dio un ataque epiléptico y nadie estuvo cerca para salvarlo. Nosotros estábamos pendiente de él, qué pesar me da; tenía unos 15 años de alquilar. Llamamos a la Policía para evitar malos entendidos”, agregó

Barrera.

Abandonado

Según vecinos del fallecido, este vivía solo y laboraba como vigilante en un taller.

“Qué corazón más duro el de la mamá, que no llora a su hijo. Nosotros que somos vecinos estamos apesarados y atacados en llanto”, comentó enojada y con los ojos enrojecidos la vecina María Josefa Tórrez.

“No es que lo dejara abandonado, pero él tenía un carácter fuerte; tal vez por su problema de epilepsia, en realidad con nadie podía vivir y decidió ir a alquilar solo”, se defendió Ana Mercedes Urbina, de 48 años, progenitora de Sequeira, quien –según los moradores– a pesar que vivía a pocas cuadras, nunca lo visitó.

El Distrito IV de Policía realiza las investigaciones, para descartar si hubo mano criminal en el deceso de Sequeira Urbina. Su cuerpo fue trasladado al Instituto de Medicina Legal.