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“¡Me quiero morir, no tengo por quién vivir, mi flaquita y mi niño se fueron… me quiero ir con ellos!”, se lamentaba Jason Antonio Tijerino, de 22 años, desde la camilla del hospital “Antonio Lenín Fonseca”. Él fue el único sobreviviente del trágico accidente ocurrido la tarde del domingo en el kilómetro 8 de Carretera Sur.

Tijerino iba a bordo de una motocicleta Sanya sin placa, junto a su esposa Kassandra María González Chávez, de 19 años, y el hijo que procrearon, Jeykou Noah González Chávez, de 13 meses de vida, quienes murieron por trauma craneoencefálico severo.

El reporte policial que emitió la Dirección de Tránsito del Distrito III señala que la desgracia se originó por la manera temeraria en que conducía Tijerino.

“El motorizado y sus acompañantes circulaban de norte a sur en el carril izquierdo; por la forma temeraria en que conducía perdió el control del vehículo y cayeron al asfalto, yendo a quedar debajo de las llantas de una rastra, la que producto del impacto invadió carril contrario”, detalla el documento policial.

El conductor del furgón placa RE 3370-2011 es el salvadoreño Alfredo González Castro, de 35 años, quien está detenido para enfrentar cargos por el delito de homicidio imprudente.

Las autoridades policiales continúan con las investigaciones, porque aparentemente está involucrado un tercer vehículo, que supuestamente colisionó en la parte trasera a los motorizados, quienes producto del impacto cayeron debajo de las llantas del pesado automotor.

Lo soñó

Tijerino, quien resultó con fractura en la clavícula derecha, es nicaragüenses, mientras que su pareja y su hijo eran costarricenses. Tenían unos siete meses de alquilar en el barrio Fraulen, en Carretera Sur.

“¡Hace tres días soñé esta desgracia, pero no le puse mente, hasta le hice el comentario a mi mamá”, le dijo Tijerino a Ericka Mendoza, propietaria del inmueble que alquilaba y quien lo cuida en el hospital, porque la joven familia no tiene a nadie en el país.

“¡No quiero regresar a la casa, no quiero ver las cosas, regálelas, bótelas, véndalas, pero desaparezca todo, no quiero saber de nada!”, insistía Tijerino, quien después del impacto, al ver a su esposa y su hijo en medio de la carretera, se quitó la camisa y los tapó, y luego cayó inconsciente.

“Aquí en el barrio los hemos llorado todos, porque eran unas lindas personas, buenos inquilinos, buenos vecinos”, dijo entre lágrimas Janeth González.

“Prácticamente el bebé creció en mi casa, allá aprendió a dar los primeros pasos, es un vacío enorme el que se siente”, manifestó Mendoza, quien esperaba la llegada de los familiares de los jóvenes para repatriar los cuerpos a Costa Rica.

 

"Ellos al parecer eran solos, parece que vivían de las remesas que les enviaba su familia".

Janeth González

VECINA