Jorge Eduardo Arellano
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Sr. Presidente, Daniel Ortega
Sra. Primera Dama, Rosario Murillo

Hace tiempo deseo escribirles unas líneas llenas de sinceridad y por amor, sí, amor sereno y profundo a Nicaragua.

Espero no les extrañe, les escribo con respeto a una amistad, pero lleno de sufrimiento, de dolor, de deseo urgente de creer que los sentimientos de Daniel, de Rosario, no son esos que nos vienen proclamando en estos dos últimos años.

¿Qué ha sucedido? ¿Qué tipo de amor profesan para Dios y este país? Ese espectáculo de las elecciones, heridas y muerte en nombre de lograr más votos, viciados, malditos votos que en nombre del “amor más fuerte que el odio” se llevan a cabo, hacer ver una transformación del Daniel de la Revolución, de Rosario del amor y los sentimientos como desconocidos en esta Nicaragua de nuestros sufrimientos.

Sinceramente, es que la autenticidad, la Ética y la Moral revolucionaria, han dejado de ser un norte en sus vidas.

Como se puede compaginar, arriba los pobres del mundo, como podemos aceptar el odio que se destila en el Canal 4, esa dolorosísima mezcla seudo religiosa, esa invocación a Dios, que más parece una doble cara, que sin ninguna delicadeza y respeto humano se utiliza en dicho canal. Daniel, Rosario, guardo recuerdos de una noble amistad, ese sentimiento de amigo que ahora sufre profundamente por lo que sucede en Nicaragua.

Les confieso que me cuesta entender lo político-religioso, ese estilo de cristianismo que junto al Cardenal (que distante con el Santo Arzobispo de El Salvador, San Romero de América), se les ve profesar. Esa confusión Obando, Peña y Montenegro, el amor es más fuerte que el odio, que es utilizado como una demostración de unos sentimientos católicos.

Con algo de ingenuidad, algo así como un creyente a unos ideales y mística sandinista, no entiendo cómo se puede llegar a los extremos en que hemos caído en estas elecciones, máxime cuando se habla de dignidad sandinista, de orar por amor para combatir el odio, de arriba los pobres del mundo, de hambre cero, de medicina para el pueblo, del pueblo presidente y tantas cosas más.

Y hoy ha habido derramamiento de sangre, vidas truncadas, de lucha fraticida, sólo por ganar unas elecciones viciadas. Eso duele, eso llena de sangre a la familia nicaragüense. En nombre de qué Dios se utiliza a un pueblo para derramamiento de sangre.

Rosario, con amistad y respeto, estoy completamente seguro que algo ha sucedido en la conciencia revolucionaria. Daniel, con el mismo respeto, estoy seguro que todavía pesa en la conciencia la sangre derramada por nuestros héroes y mártires.

Por favor, no a la violencia, todavía es tiempo de hacer la Revolución en la Democracia, sin odio, sin rencor; buscar ese AMOR, con mayúscula, que tanto se viene proclamando por el actual Gobierno.

La autenticidad de la calidad humana es difícil de encontrar en el país. Hemos convertido al hombre político en el valor de unos dólares más. Con facilidad espantosa se traspasa la conciencia cívica. Pareciera que los valores humanos, políticos, son fácilmente negociables, por dinero, por una condecoración. Más doloroso, se compran curas, reverendos, en nombre de la utilización política, y los santificamos para hacer el Pueblo Presidente. Todo es válido.

Daniel, Rosario, ruego que perdonen por la confianza de tutearlos. No escribo como político, como MRS, no, no hago referencia a la situación económica y social del país. No me siento traidor a mi mística sandinista, mucho menos oligarca, burgués, pueda que un poco ingenuo porque sigo creyendo en que hay que ser consecuente con lo que se dice, con lo que se piensa y con lo que se actúa. Es decir, AUTÉNTICO, como nos enseñó Sandino, Carlos y los Mártires.

Permítanme un atrevimiento, con sentido idealista, mis pensamientos no se serenan, es terriblemente doloroso lo que ha sucedido en las elecciones, más allá de la inocente niña de 8 años fallecida. Todavía es posible una Nicaragua mejor. Todavía, hermanos (digo hermanos como el niño que llevo dentro a mis setenta y tres años), es tiempo, busquemos sin dobleces la verdadera RECONCILIACIÓN entre los nicaragüenses.

Es tiempo de la UNIDAD en función de Patria, para no pensar en el libro de Román: “Maldito País”.

Señor Presidente, Señora Primera Dama, van estas líneas con la mejor intención, un tanto como quien escribe, dentro de la ilusión, por Nicaragua, lo único que poseo en mi corazón: AMAR, sí, AMAR a este País y que necesita creer que todos los esfuerzos de los dos Ustedes van a edificar un Reino de Dios en la tierra, que es el Reino de los Pobres.

Con todo mi respeto, en espera de que luchen por la VERDADERA UNIDAD Y RECONCILIACIÓN, que tanto anhela este país. No dejen pasar el momento cristiano, el momento HISTÓRICO, el momento de CONSTRUIR la Revolución en Democracia y en el respeto a todas las ideologías políticas.

Por el socialismo cristiano y el amor al prójimo, como pregona Daniel, un fraternal abrazo.