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Aferrados a un milagro permanecen en la entrada al Hospital “Lenín Fonseca” los familiares de Fernando José Quintero Pérez, quien recibió seis impactos de bala a manos de un subordinado.
Mientras los familiares de Quintero son protagonistas de dramáticas escenas de dolor, él se aferra con tenacidad a la vida en la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, de ese hospital.
“Yo ya lo puse en la manos de Dios”, dijo Cristhian Anduray Navarrete, esposa de Quintero, luego de la visita de ayer lunes, a las tres de la tarde. La joven Anduray dijo que lo sucedido con su esposo, la madrugada del pasado domingo, trunca los proyectos de la joven pareja que el próximo 18 de diciembre celebraría el segundo aniversario de boda.
“Teníamos previsto tener nuestro primer hijo”, contó Cristhian Anduray, mientras con un pañuelo se secaba las lágrimas, agregando que sólo un milagro de Dios podría salvar a su marido de la muerte.
Fernando José Quintero, ingeniero industrial de profesión, pero quien por no encontrar trabajo en su ramo se “enganchó” como supervisor de vigilantes, tenía seis de meses de trabajar para Comssise.
Al referirse a los pronósticos médicos, Anduray dijo que éstos siguen siendo fatales, porque aunque los doctores le contuvieron una hemorragia interna, la sangre que le han puesto para reponer el plasma perdido no ha logrado mejorar su estado.
Roberto Antonio Hernández, autor de los seis disparos que tienen al borde de la muerte a Quintero, hoy será llevado a los Juzgados, donde será acusado por asesinato frustrado.
Hernández disparó seis veces contra Quintero, a quien culpó porque le quitaron 160 córdobas correspondientes a dos días de trabajo, a los que el vigilante supuestamente no asistió.