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Arritmia cardiaca y shock séptico pusieron fin a las esperanzas que tenían los familiares de Fernando José Quintero Pérez, quien tras permanecer tres días en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital “Lenín Fonseca”, se rindió a la muerte la madrugada de ayer miércoles.

Quintero fue baleado seis veces por un subalterno el sábado pasado, a la medianoche, y su deceso se produjo seis días antes de que éste cumpliera dos años de casado con su joven esposa, Cristhian Anduray Navarrete, con quien contrajo nupcias el 18 de diciembre de 2005.

La muerte de Quintero cambió el panorama jurídico para el vigilante Roberto Antonio Hernández, quien ahora enfrenta cargos por asesinato.

Hernández baleó al joven supervisor en represalia porque, supuestamente, por culpa de éste le dedujeron dos días de salario en la quincena.

Durante la audiencia preliminar del juicio, Hernández se acogió a su derecho a guardar silencio cuando la jueza Octavo Penal de Audiencias, Karla García, le preguntó si quería decir algo sobre el delito que le achacan.


Lesiones irreversibles
El forense Alberto González, quien valoró a Quintero cuando aún estaba con vida, había dicho que su deceso era inminente, porque tres de los seis proyectiles que el supervisor recibió en su cuerpo no tuvieron orificio de salida y lesionaron el estómago y el intestino delgado.

La fiscal Zeyla Buitrago explicó que el día de la audiencia inicial del juicio, programada para el 20 de diciembre, solicitarán a la juez Octavo Penal de Audiencias, Karla García, que cambie la tipificación provisional del delito a asesinato, dado que inicialmente lo acusaron por asesinato frustrado.