Jorge Eduardo Arellano
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Una niña de siete años, habitante del barrio San Ignacio de El Pantanal, en el municipio de Granada, se sumó a la creciente lista de víctimas de violación, en un espantoso hecho ocurrido la tarde del miércoles siete de enero, y que aún tiene conmovidos a los habitantes de ese sector.

La pequeña, que cursaba el primer grado en la escuelita “José de la Cruz Mena”, en la comunidad El Madroño, fue violada, asfixiada y lanzada al fondo de una letrina de cinco metros de profundidad, por Humberto José Herrera Gutiérrez, de 37 años, conocido como “El Gato”.

El hecho se produjo a las dos y media de la tarde, cuando la madre de la pequeña, Giselle Dennise Mora, la envió a buscar una blusa a casa de un tío, pero al ver que no regresaba se fue a buscarla.

“La había mandado a la casa de otro hijo mío, pero después de media hora se preocupó y fue a buscarla. Preguntó en todas las casas vecinas y a todos lo que pasaban por allí, pero nadie la había visto”, manifestó la abuelita materna, Reina María Mora.

Según la señora, “El Gato”, que estaba en aparente estado de ebriedad, se escondió detrás de los arbustos que están en uno de los costados de su casa para halarla, taparle la boca y meterla al interior de la vivienda, a escasos metros de donde la estaba esperando su madre.

“Le di de comer y pasó eso…”
El segundo jefe de la Policía de Granada, comisionado José Luis Cárcamo, manifestó que durante el interrogatorio, el acusado dijo que la pequeña llegó a su casa a pedirle comida, porque tenía hambre, y como estaba bajo los efectos del alcohol cometió el delito. Herrera Gutiérrez, por su parte, reveló a los medios de comunicación que le dio a la niña arroz con frijoles y que luego “pasó eso”.

Al respecto, la familia mostró mucha incredulidad en que la niña haya ido pedir comida, “tampoco creo que le haya dado algo de comer, si no tiene para él, mucho menos para los demás. Era un borracho que a veces trabajaba vendiendo chatarra o leña”, manifestó la madre de la pequeña.

De igual forma, la abuelita comentó que las niñas del sector sentían mucho temor por “El Gato”, debido a su constante estado de ebriedad.

La jefa de la Comisaría de la Mujer y la Niñez, subcomisionada Lillyam Aguilar, explicó que la denuncia por desaparición fue recibida a las cuatro de la tarde, cuando la señora Mora se presentó muy preocupada. Sin embargo, los primeros en iniciar las investigaciones fueron la subcomisionada María Lidia Hernández, de la oficina de guardia superior, y el teniente Mario Téllez, de la Comisaría, quienes se trasladaron inmediatamente al barrio donde ocurrió el hecho.

La búsqueda incluyó las casas de las primas de la menor y de compañeras de clases, pero fue hasta las seis de la tarde que gracias a la colaboración e intuición de los vecinos, que las autoridades policiales encontraron en el fondo de la letrina el cuerpecito, identificado fácilmente porque llevaba puestas una falda verde y camisa celeste.

“Al momento de la búsqueda nosotros notamos raro que su perrita estaba muy inquieta; olfateaba, entraba a la casa y regresaba a la letrina varias veces. Parece que el animal miró que el hombre sacó el bulto del cuarto y lo tiró allí. Luego fue tan salvaje de decir que tal vez la niña se había ido de vaga con sus amiguitas”, expresó la vecina Mercedes Rocha.

Maltrato para su ex compañera
Julia Sevilla Alemán, ex compañera de vida de “El Gato”, comentó a END que desde el primero de enero de 2009 abandonó la casa, debido al maltrato del que eran víctimas ella y sus dos hijos.

“Tengo dos hijos que no son de él; uno de 14 años y una de cinco. Teníamos muchos problemas porque decía que mi hijo era muy malcriado y quería golpeármelo, entonces me fui de la casa”, señaló.

No obstante, la persecución y el maltrato siguieron en el sector de La Pollera, donde la mujer reside con su hermana y su cuñado, “llegaba todas las noches a hacerme escándalos, yo tenía miedo de que me hiciera algo, porque agarraba cuchillos, machetes, garrotes o lo que tuviera a mano para amenazarme”, reiteró.

Alemán aclaró a las autoridades que no tuvo nada que ver con la muerte de la niña, pero pese a ello varios habitantes de San Ignacio de El Pantanal llegaron a buscarla donde su hermana, para ofenderla y a dañar la humilde casa. “Todos los vecinos y los familiares me querían fregar, hasta el tío andaba con un machete. Le hicieron hoyos al zinc, quebraron las puertas y desastillaron las tablas”, lamentó la maltratada mujer.

Señalando un visible cicatriz en la frente, causada por un mordisco de su ex compañero, Julia aseguró que nunca tuvo ni tendrá intenciones de encubrir los delitos de “El Gato”, por el contrario, espera que se haga justicia.

“Le dije a la subcomisionada que revisaran a mi hija si querían, yo sé que a ella no le hizo nada, porque nunca la dejo sola, siempre está conmigo”, refirió.

Antecedentes
Los habitantes de El Pantanal también continúan sorprendidos por el rosario de antecedentes delictivos de “El Gato” y del tipo de justicia que supuestamente se aplica a los delincuentes.

La lista inicia en julio de 1994, cuando fue detenido por el delito de amenaza de muerte, y liberado bajo una sentencia absolutoria; y luego, en enero de 1997, fue detenido de nuevo por el mismo delito, y le fu concedida la libertad por una sentencia similar.

En febrero de 2006 fue detenido por daños a la propiedad, y en marzo del mismo año arrestado por una falta contra las personas, pero fue liberado bajo mediación; posteriormente, en mayo de 2008, recayó en una falta contra las personas y de nuevo fue liberado bajo acuerdos asumidos.

Pero las fechorías no terminan allí. En febrero de1998 fue detenido por violación, según expediente número 0346-98, puesto a la orden del juez de Distrito del Crimen, pero liberado el mismo mes por un sobreseimiento provisional.

La otra violación, en perjuicio de una hermana de 23 años, se produjo en noviembre de 2005, cuando con un machete la intimidó, según expediente 2880-05.

El caso pasó al Ministerio Público el 13 de noviembre, el 14 dictaron la prisión preventiva y el 18 entró al Sistema Penitenciario Regional. Paradójicamente, el 16 de enero de 2006, un jurado de conciencia lo declaró no culpable y le otorgó la libertad.

La plaga de abusos sexuales y brutales agresiones contra niñas se presentó también en el departamento de Chinandega, donde en los pocos días que han transcurrido de 2009, tres pequeñas han sido sometidas y agredidas por sujetos.

Por estos hechos, sólo un sospechoso está detenido, y se presume que sea el mismo en por lo menos dos de los casos, en los que las niñas agredidas son vendedoras ambulantes que sufrieron terribles lesiones físicas y sicológicas.