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El tres de abril de 1992 nació en la ciudad de Rivas un niño que, para muchos, sólo quince años después, era todo un fenómeno del atletismo y un ejemplo para la juventud. No obstante, el tres de diciembre de este año, esta estrella sureña que se venía forjando, desapareció bruscamente de la pista de atletismo del Estadio “Yamil Ríos Ugarte” y de la manera menos esperada

RIVAS
Un fulminante paro cardíaco se llevó de este mundo al adolescente Harlinton Espinoza Grijalba, cuando finalizaba su última vuelta, en las prácticas de ese fatídico día dicembrino.

El muchacho cursaba el primer año de secundaria, en el Instituto Nacional “Rosendo López”, y su muerte sorprendió a la población en esta ciudad, por el talento que Harlinton venía mostrando en las pistas de atletismo.


Un chavalo ejemplar
Desde las categorías infantiles, Espinoza Grijalba hacía resonar su nombre, por lo que siempre fue un ejemplo para la juventud, ya que según su mamá, Onelia del Carmen Grijalba, y quienes lo conocieron, era un chavalo a quien nunca se le vio ingiriendo licor ni consumiendo cigarrillos, mucho menos trasnochando.

Humberto Delgadillo, responsable del Club de Atletismo de la Upoli-Rivas, señaló que Harlinton era más bien un joven dedicado a sus estudios y al atletismo, disciplina que ya le había dejado, en su humilde casa, en el barrio La Puebla, una colección de siete medallas, tres de ellas de oro, todas por sus capacidades en las pistas.

Su entrega al atletismo era tal, que se fue de este mundo sobre las pistas. “Él llegó a las prácticas a las 3:15 de la tarde, porque estaba entrenando para las carreras de San Silvestre, que se hacen el 30 de diciembre en Catarina, y su misión era dar cinco vueltas a la pista del estadio… cuando venía de dar la última vuelta, cayó boca abajo, cerca de la meta, y corrimos a levantarlo”, explicó Delgadillo.

Según el instructor, cuando levantaron a Harlinton de la pista, él sólo balbuceó, por lo que nadie pudo entender lo que trataba de expresar. Al ver que la situación era seria, llamaron a una joven que sabía de primeros auxilios y a una ambulancia del Cuerpo de Bomberos.

No obstante, el intento por reanimar al joven atleta fue inútil, pues llegó sin vida al hospital, “y el médico de turno nos dijo que fue infarto fulminante… y así se nos fue este gran prospecto”, lamentó Delgadillo.


La “maldición” del número 3
Por su parte, Onelia del Carmen señaló que la última vez que vio a su hijo con vida fue ese tres de diciembre, cuando salió a las tres de la tarde de la casa hacia el estadio, para realizar sus prácticas, por lo que al parecer el número tres no era el de la suerte de este adolescente.

La adolorida madre agregó que su muchacho salió en short, tenis y camiseta, y que una hora después llegaron a su casa a avisarle que a Harlinton lo habían llevado muy grave al hospital de Rivas, ”y en ese momento no dije nada, sólo quería trasladarme al hospital. Cuando llegué a la Sala de Emergencia empecé a buscar a mi hijo en las camas, y una doctora me preguntó si no me habían avisado nada, y fue ahí cuando supe que Harlinton había llegado sin vida al hospital”, dijo con el rostro compungido Onelia del Carmen.

Según Delgadillo, Harlinton, debido a su estatura de cinco pies con once pulgadas, una altura considerable para su edad, participó este año en el Campeonato Nacional Juvenil de Atletismo y logró llevarse el primer lugar en los 100, 200 y 400 metros con valla, y en jabalina conquistó el tercer puesto, logrando de esa manera obtener las medallas que en cada torneo prometía llevar a su casa, donde habitaba con su mamá, su abuela y su hermanita de siete años.

El ocho de octubre de este mismo año, Harlinton ganó la carrera de 300 metros con valla e impuso un nuevo récord en la categoría juvenil, al lograr un registro de 44 segundos con seis centésimas.

En sus primeros pasos por la Categoría Infantil, Harlinton obtuvo a nivel nacional “un primer lugar en la infantil A en la prueba de 60 metros, y otro primer lugar en la Categoría B, en la prueba de 80 metros, y en los Juegos Deportivos Estudiantiles de Codicader, ganó en las pruebas de 100 y 400 metros, por lo que esto demuestra que donde iba, ganaba”, dijo entre orgulloso y triste el entrenador Delgadillo.


Sin permiso de su padre
Al final, también se conoció que Harlinton no tuvo oportunidad de ir a competir fuera del país, no por falta de méritos, sino por ser menor de edad, ya para salir se requería la firma de ambos padres, pero la de su papá se hizo imposible de conseguir, porque vive fuera del país.

El joven fue sepultado en el cementerio de Rivas, como todo un gran atleta, y doña Onelia del Carmen narró que en ese momento tan difícil de su vida, contó con el respaldo de la Federación de Atletismo de Rivas, del alcalde rivense René Martínez Somoza, y de los compañeros de Harlinton, entre otras tantas personas que siempre admiraron la meteórica carrera de este quinceañero.

Para cerrar su entrevista, la lectura que podemos dar al relato de la madre del ejemplar Harlinton, es que se trata de una invitación los jóvenes a seguir una vida sana y dedicada al estudio, el trabajo y el deporte, porque si bien su hijo falleció en estas repentinas circunstancias, muchos otros andan desperdiciándose en vicios y francachelas que nada les dejan.