Jorge Eduardo Arellano
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LAS MINAS, RAAN
Una niña de ocho años vivía un infierno en la casa de su familia, porque cada vez que su padre biológico se enojaba o se hacía el enfadado, la castigaba pegándole y saciando sus deseos sexuales.

“Papa, papito no me haga daño, soy yo, su hija, entienda, por favor déjeme, déjeme, no me haga eso”, aseguran que le decía a su padre “Teresita”, nombre ficticio con el cual identificaremos a la víctima.

Y es que el degenerado sujeto tenía aterrorizada a la pequeña, a tal punto que temblaba de miedo cuando el desnaturalizado se le acercaba.

Cuánta crueldad

El salvajismo del sujeto era tal que con una faja de hebilla gruesa en una mano y con el miembro viril en la otra, perseguía a la niña para abusarla física y sexualmente, no importándole los desgarradores gritos ni los ruegos.

“Teresita” en su hogar lloraba e intentaba ocultarse bajo unas rústicas camas de madera, cuando sus ojos miraban acercarse a J.C.A., de 32 años, quien se valía de su condición de padre para someter a la menor a su absoluta voluntad.

El aberrado sexual, según una investigación policial, aprovechaba que su cónyuge, la madre de “Teresita”, salía a sembrar o a hacer mandados, para simular que él también se iba de la casa, pero al poco tiempo regresaba para molestarse por cosas insignificantes.

Descubierto

La última salvajada sexual que cometió J.C.A. fue hace dos semanas, cuando se hizo el enfadado porque la niña no calentó una porra de frijoles.

Fue la progenitora de la víctima quien descubrió las brutalidades cometidas por su cónyuge en contra de su propia hija, a quien encontró sollozando, con sangre en las piernas y el bloomer desgarrado.

Capturado y acusado

La valiente mujer denunció el caso ante la Policía Nacional sin que se enterara el violador, lo que permitió su captura.

El criminal ya fue acusado formalmente por violación agravada, delito por el que se encuentra en prisión preventiva.

Repugnante

Este cruel y repugnante caso, del cual se desconoce con exactitud desde cuándo ocurría, se registró en Siuna, municipio de la Región Autónoma del Atlántico Norte.

En 2008 en Las Minas, un progenitor y un cuñado violaron a dos número de niñas de cinco años, crímenes por los que purgan sendas condenas.